John Kennedy Toole: la vida es una perra necia

POR Andrea Mireille
 Aquella mañana una leyenda estaba a punto de cimentarse, Ken (como todos lo llamaban) había llegado al límite: a su límite. Era 26 de marzo de 1969 y el hombre que se convertiría en una de las figuras más prominentes de la literatura norteamericana acaba de quitarse la vida al interior de su auto, asqueado de un mundo que desde su adolescencia advirtió injusto y despiadado
Hacía algún tiempo que John Kennedy Toole no era el mismo. Imposible creer que ese borracho empedernido fue alguna vez un brillante profesor en la Universidad de Lafayette, en el Colegio Hunter de Nueva York y en el Dominican College. Considerado sobresaliente y un estudiante ejemplar, dejó inconcluso un doctorado en Columbia, debido a que en 1961 se enlistó en el ejército de Estados Unidos, lo cual vio como una perfecta oportunidad para escapar de su opresiva madre, con la que siempre mantuvo una relación de amor-odio. Permaneció dos años en Puerto Rico, enseñando inglés a los reclutas de ese país. Fue en esos días de servicio cuando surgió el primer borrador de su célebre novela, La conjura de los necios, cuyo protagonista, el antihéroe Ignatius Reilly, un personaje obeso, neurótico, gorrón profesional y virgen; con un carisma arrollador, pero a la inversa. Ataviado de forma exótica y con su inseparable gorra verde de cazador, lucha contra un mundo al que odia profundamente y al cual es incapaz de adaptarse: un lugar lleno de seres estúpidos que se regodean en el consumismo y la decadencia.

Reilly puede considerarse más que un alter ego, un autorretrato; un reflejo de las frustraciones y el rencor social de su creador, quien prácticamente vació su ser en el libro. Así, pueden apreciarse varios elementos autobiográficos: la complicada relación entre el protagonista y su madre, la sensación de no pertenencia, de ser un incomprendido. Además según señalan sus biógrafos, Toole trabajó por un periodo corto en una fábrica de ropa, y tras su regreso de Puerto Rico, ayudó a un amigo a vender tamales en un puesto. Los anteriores son dos de los escenarios definitivos de la novela, al igual que el barrio francés, donde Toole se pasaba horas vagando. Sin olvidar la relación con su “novia” Mirna Minkoff, a quien considera una desvergonzada, y que pone de manifiesto sus confusos sentimientos hacia las mujeres. Lleno de un humor negro y amarga sátira, el libro se corona con la pasión de Ignatius por la escritura, pues pasa el día llenando cuadernos para construir una obra maestra que sacuda al mundo.
El joven tímido
Su llegada al mundo en 1937 sacudió al matrimonio de John y Thelma Toole, una pareja de Nueva Orleans que ya se había resignado a no tener descendencia. El suceso entusiasmó tanto a la madre que se dedicó por completo a su hijo, al que siempre amó y sobreprotegió, lo que, de acuerdo con los familiarizados con los detalles de su vida, acabó por volverlo sumamente tímido, con nula personalidad; incluso se afirma que jamás le permitió relacionarse con mujeres y que reprimió su presunta homosexualidad.
Pese a su conflictiva relación, vivieron juntos hasta que Toole se quitó la vida, desesperado por los numerosos rechazos que recibió por parte de las editoriales a las que llevó su manuscrito. El golpe definitivo se lo dio la casa Simon and Schuster donde se mostraron entusiasmados con el escrito para posteriormente desecharlo porque “no trataba de nada”. El autor no pudo lidiar con el rechazo de la que consideraba su obra maestra ni con los reveses de la vida, que se ponía cada vez más necia y perra, complicando cada vez más las cosas. De ahí todo fue cuesta abajo: Kennedy Toole comenzó a desmoronarse, estaba deprimido y se sentía un fracasado; por si fuera poco, las cosas no iban bien en casa.
El 20 de marzo, tras una fuerte discusión con su madre desapareció; sólo se sabe que se dirigió a la costa oeste y a Georgia, donde visitó la tumba de la escritora Flannery O’Connor. Su cuerpo fue encontrado seis días después a las afueras de Biloxi, Mississippi.
Ken dejó una nota para su madre, quien la destruyó de inmediato e hizo comentarios confusos sobre su contenido; jamás volvió a tocar el tema. Su muerte pasó desapercibida, uno de tantos pobres diablos que se quitan la vida a diario porque no le encuentran sentido; sería hasta 1980 que el mundo conocería a Ignatius Reilly y pondría a su autor en el pináculo.
Cuando Thelma Toole encontró el manuscrito de su vástago comenzó a peregrinar por las editoriales; mucho más insistente y con mayor resistencia al fracaso que su hijo, llegó hasta las oficinas del escritor Walker Percy, quien tal y como relata en el prólogo de La conjura de los necios quedó fascinado y conmovido desde el principio.
El libro finalmente se publicó en 1980 y en 1981 obtuvo el Pulitzer.
El mundo destruye a todos
La conjura de los necios tuvo gran éxito y causó tanta excitación como su autor soñó, lo que provocó que se revisaran los archivos de John Kennedy Toole para ver qué más podía encontrarse en ellos y sacarle provecho, es decir, dar a conocer  al mundo su talento y obra.
El resultado fue la publicación de La biblia de neón, una novela corta que Toole escribió a los 16 años pero que jamás deseó publicar, ya que la consideraba pueril. El personaje central es David, un adolescente desencantado que percibe una sociedad hipócrita en un mundo cruel e indiferente, marcado por la compleja relación con su madre y su adoración por la tía Mae: un personaje que asusta a las buenas conciencias por su espíritu libre y sus decrépitos amantes.
La biblia de neón se estrenó en filme en 1995, bajo la dirección de Terence Davis, no así La conjura de los necios, que en numerosas ocasiones se ha intentado llevar a la gran pantalla y únicamente ha provocado situaciones tan absurdas como las de libro y fiascos tan grandes como el de su autor: el blues brother, John Belushi fue el primer actor que se contempló para interpretar a Ignatius; la reunión con la productora nunca se realizó porque un día antes Belushi murió por sobredosis.
Tiempo después se realizaron nuevos intentos y se pensó en los actores John Candy y Chris Farley, ambos muertos prematuramente. En 2007, Will Ferrell encabezaba el reparto para una nueva adaptación; el elenco incluía a  Drew Barrymore y al cantante de hip-hop Mos Def. Steven Soderbergh había escrito un guión fiel a la novela y el rodaje sería en Nueva Orleans; entonces llegó el huracán Katrina y el proyecto fue cancelado.
John Kennedy Toole abandonó el mundo al interior de su auto. Colocó una manguera en el escape, la otra en el interior y cerró los ojos; sucumbió asqueado por el mundo y por lo que consideró una aplastante derrota; su deseo de comerse al mundo no fue suficiente y terminó devorado por él.
Resulta inevitable pensar que con un poco más de paciencia su destino habría sido distinto. Pero Hemingway (otro suicida) tenía razón: el mundo destruye a todos y pocos son los que permanecen fuertes aun cuando han sido destruidos.
Amante de la ironía y el humor negro, el escritor olvidó que la vida es insuperable en esos menesteres y se lo demostró jugándole una broma muy pesada: le dio el reconocimiento y la fama que tanto anhelaba cuando ya no podía disfrutarlas. Actualmente, Kennedy Toole es uno de los escritores americanos más alabados, La conjura de los necios y La biblia de neón son considerados referentes de la literatura norteamericana y brillan tanto como la estatua de Ignatius Reilly, cuya grotesca figura se eleva orgullosa en el bloque 800 de Canal Street en Nueva Orleans, cerca de lo que ahora es el Hotel Chateau Bourbon.

1 thought on “John Kennedy Toole: la vida es una perra necia

Comments are closed.