Los mexicanos huyen del matrimonio

POR Alberto Nájar
 El Censo de Población y Vivienda de 2010 reveló que en los últimos 20 años se triplicó el número de personas que viven en unión libre
 Desde hace un mes Paulette González y Nurivan Aguilar viven juntos. No hubo ceremonia religiosa, ni tampoco una gran fiesta de boda. Sólo una reunión familiar y el encuentro en su nueva casa.
Nada tendría de particular si no fuera por el contexto en que ocurre: México, uno de los países con más católicos en América Latina, registra un inusual aumento en las parejas que rechazan el matrimonio tradicional.

El Censo de Población y Vivienda de 2010 reveló que en los últimos 20 años se triplicó el número de personas que viven en unión libre.
María Eugenia Olavarría, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, señala que es temprano para hablar de un cambio cultural en el país.
Pero las cifras del Censo evidencian las nuevas conductas de la sociedad. La migración, un mayor nivel educativo de la población y las difíciles condiciones económicas obligan a muchos mexicanos a permanecer solteros por más tiempo.
“Las personas prefieren cumplir su ciclo educativo antes de casarse y prolongan la edad del matrimonio. Optan por vivir en unión libre u otras situaciones”, explica.
Derechos y obligaciones
De acuerdo con las cifras del Censo, en 1990 había 4.1 millones de personas que vivían en unión libre. Dos décadas después la cantidad aumentó a 12.2 millones.
Los jóvenes entre 25 y 29 años de edad son quienes más se alejan del matrimonio tradicional, y se registra una tendencia creciente de personas menores a esta edad que se unieron sin pactos legales o religiosos.
La mayoría de las parejas en unión libre asume los mismos compromisos de quienes se casaron formalmente.
Una muestra, explica la investigadora Olavarría, de que el concepto del matrimonio está vigente en el país. La diferencia es que cada vez más personas recurren a formas alternativas de pareja.
“En algunas regiones estar en unión libre o bajo el contrato matrimonial no implica cambios, se consideran igualmente esposos”, dice.
De hecho, en la mayoría de los estados del país las parejas en unión libre tienen los mismos derechos y obligaciones que los casados legalmente.
Presión social
Paulette cuenta que su novio le pidió formalmente su mano, pero ella respondió que no quería casarse. ¿Por qué no?
“No necesitaba un documento de por medio (…) que garantizara que estuviéramos juntos”, abunda Paulette.
“Yo había decidido irme a vivir con él, y no necesitaba un documento de por medio, una boda civil o religiosa que garantizara que estuviéramos juntos”, expresa.
Su relación es igual a la de quienes tienen un matrimonio tradicional. “Es un compromiso de las dos partes, no porque no estemos casados va a andar cada quien por su lado”, confiesa.
Sin embargo, a pesar de los nuevos tiempos, la pareja ha encontrado resistencias a su unión libre. En la familia de Paulette, por ejemplo, todavía insisten en que acepte firmar un compromiso legal y una ceremonia religiosa.
“Soy hija única y además la única mujer. Todos mis primos se casaron formalmente o están por hacerlo”, afirma.
El caso de Nurivan es distinto, porque sus dos hermanos viven también en unión libre.
Hasta ahora han resistido las presiones, pero sólo por un tiempo. “Decidimos que cuando tengamos hijos nos vamos a casar formalmente”, confiesa Paulette.
Tomado de: BBC Mundo. Abril 7, 2011.