Daniel Camargo: el monstruo de las mareas

POR José Luis Durán King
Colombia ha dado pocos pero sustanciosos asesinos seriales, como este don nadie especialista en asesinar muchachas vírgenes
Como en la novela del francés Henri Charrière, Papillon, donde el protagonista estudia el entorno de la Isla del Diablo, en la Guyana Francesa, para escapar de una prisión de trabajos forzados, así Daniel Camargo Barbosa estudió las mareas que circundan la isla Gorgona, en la costa del Pacífico de Colombia, y en noviembre de 1984 intentó conseguir lo que nunca nadie había conseguido: fugarse y salir ileso de la empresa. Al no tener noticias de su paradero, las autoridades supusieron que había muerto y semanas después anunciaron que Camargo Barbosa había sido devorado por los tiburones.

No fue así. Tiempo después el hombre apareció en Guayaquil, Ecuador. La negligencia de la policía colombiana tendría un costo comunitario muy alto para la nueva residencia del fugado.
Obsesión por las vírgenes
Daniel Camargo Barbosa nació en Cundinamarca, Colombia, el 22 de enero de 1930. Su madre murió cuando él era niño, por lo que quedó al cuidado –si así puede decirse— de su padre, un alcohólico violento, y de una madrastra que vestía a Daniel como niña, lo castigaba incluso insertándole alfileres en el cuerpo, y lo ponía en ridículo frente a sus compañeritos de juego cada que podía.
Al llegar a la edad adulta, Daniel Camargo hizo vida en pareja con una mujer llamada Alcira, con la que tuvo dos hijos y a la que abandonó al conocer a Esperanza, de 28 años, con la que planeaba casarse. Sin embargo, los planes se vinieron abajo cuando la encontró sosteniendo relaciones con otro hombre. Pese a todo, el vínculo con Esperanza continuó y logró convencerla de que le ayudara a conseguir jovencitas vírgenes, ya que él nunca había estado con una mujer “inmaculada”. Y así fue: Esperanza atraía a muchachas a un departamento, donde eran sedadas y violadas por Camargo. Sin embargo, una de las víctimas denunció los hechos y la pareja fue enviada a prisión por separado en 1964.
Inicialmente el individuo fue condenado a tres años de prisión. Pero, cuando otro juez revisó el expediente del agresor, decidió aumentar el castigo a ocho años, tiempo que Camargo cumplió por completo. Al salir de prisión, juró que nadie lo volvería a delatar, aunque para ese propósito tuviera que matar.
Fuga y renacimiento
Al salir de prisión, Daniel Camargo trabajó como vendedor de televisores, que ofrecía casa por casa. En 1973, cuando pasaba frente a una escuela, vio a una niña de nueve años de la que se “enamoró”. Con engaños la llevó a una zona poco transitada, donde la violó y posteriormente asesinó. Fue su primer homicidio de una saga que se repitió en casi 80 ocasiones. En 1974 regresó a la escena de uno de sus crímenes, donde había olvidado unas pantallas de televisor al lado del cuerpo de una niña, también de nueve años. Fue arrestado cuando intentaba enterrar el cuerpo de la menor, condenado a 25 años de prisión y enviado a la isla penitenciaria de Gorgona.
Después de fugarse de la Gorgona en una balsa rudimentaria, Camargo llegó a Ecuador, donde dormía en las calles y vendía bolígrafos para sobrevivir. Con 55 años, la piel avejentada, su delgadez y 1.65 de estatura, parecía ser uno más de los pordioseros que vagan por las ciudades. Sin embargo, una marea alta de homicidios que comenzó en Quevedo, provincia de Los Ríos, el 18 de diciembre de 1984, arrojó una nueva luz sobre el individuo.
En diferentes lugares de Ecuador, los cadáveres de muchachas vírgenes fueron apareciendo, todas desmembradas a machetazos. Determinar las causas de su muerte o si fueron violadas fue una tarea titánica para los forenses. Pese a todo se determinó que todas las víctimas fueron violadas y murieron ya sea estranguladas o a cuchilladas. Todos los cuerpos –casi 60— fueron abandonados desnudos en parajes boscosos.
Al ser detenido, minutos después de  haber asesinado a una niña de 10 años, Camargo dijo llamarse Manuel Bulgarín Solís y que tenía dos cómplices. Nada era cierto, Camargo siempre actuó solo. Al confesar la verdad, el hombre incluso señaló a la policía los lugares en los que varias de sus víctimas estaban enterradas. Con coeficiente mental alto, se acordaba perfectamente de los nombres y edades de cada una de sus presas.
Camargo fue ingresado a la prisión, donde compartió patio con otro asesino serial prominente, Pedro López, El Monstruo de Los Andes, quien se presume asesinó a más de 300 jovencitas.
En el encierro, Daniel Camargo fue asesinado a puñaladas por el sobrino de una de sus víctimas, el 13 de noviembre de 1994.