Donald Leroy Evans: el nuevo amigo de la familia

POR José Luis Durán King
Una niña de 10 años es raptada en un parque recreativo por un hombre que se ganó la confianza de la familia. Al ser detenido, el individuo confiesa el asesinato de la menor y de otras personas más

Eran cerca de la 8 de la noche del 1 de agosto de 1991 cuando una mujer llamó a la policía para reportar “el posible secuestro” de la niña de 10 años Beatrice Louise Routh, en Gulfport, Mississippi. Dos horas antes, de acuerdo con el testimonio grabado, la menor desapareció en compañía de un adulto, quien había dicho que iría a un supermercado cercano al parque recreativo Jones.

La policía de Estados Unidos deja transcurrir 24 horas antes de comenzar las investigaciones cuando algún ciudadano reporta una desaparición. Pero, por tratarse de una niña, las autoridades acudieron a encontrarse con la mujer, quien resultó que era tía de Beatrice. Y no sólo eso: ella misma había autorizado a la menor ir a comprar papas y hamburguesas con Sam Stubbs, que dijo ser de Texas. ¿Por qué había dado su autorización la mujer? A Stubbs lo habían conocido aquella misma mañana, todo el tiempo acompañó a la mujer, a la niña y a otros familiares en el parque. De hecho, en varias ocasiones el hombre fue con Beatrice a comprar sodas, golosinas y comida, y todas las veces regresó… excepto una.

Algunas personas vieron al hombre y a la niña abordar un auto Suzuki Samurai negro, modelo 1987, con las placas 935RMR de Texas. En cuestión de horas, la policía investigó que el vehículo era robado, pertenecía a un hombre de Texas, vecino de “Sam Stubbs”. El iracundo dueño del Suzuki también declaró que el ahora presunto secuestrador utilizaba varios alias, entre ellos el de “Sam Stubbs”, pero que en realidad se llamaba. Donald Leroy Evans. Un mes antes, en Milwaukee, la policía había abierto las puertas del infierno en el departamento de un joven taciturno llamado Jeffrey Dahmer, que a la postre resultó ser un caníbal, uno de los peores asesinos seriales en la historia del crimen en Estados Unidos. En pocas semanas, las autoridades de Mississippi también se enterarían de que trataban con un predador similar o mayor que Dahmer, aunque de momento se concentraban en encontrar a Beatrice.
“No te quedes a solas con él”

En el proceso de investigación, la policía conversó con familiares y conocidos de Evans. Nadie tenía una opinión favorable de él. El individuo provenía de una familia de Michigan, compuesta, además del padre y la madre, de seis hermanos, dos hermanas, dos hermanastros y tres hermanastras. El ambiente que rodeó su infancia fue de violencia, además que él, sus hermanos y hermanastros nunca importaron a sus progenitores. Desde joven, prácticamente sin estudios, Evans se mantuvo al margen de la ley, al cometer robos menores y posteriormente diversas violaciones.
En 1981, en el funeral de su abuela, intentó quemar la casa de su familiar, con toda la gente que atendía el ritual, sólo porque su abuela lo dejó fuera del testamento. Para 1984, Evans era un paciente psiquiátrico. En esa época, uno de los especialistas alertó que el hombre tenía bastante violencia contenida y que era una bomba de tiempo. Sin embargo, la mayor advertencia fue la que resumió uno de sus familiares: “Donald es muy inteligente, muy agradable, pero, cuidado, no te quedes a solas con él”.

El 5 de agosto siguiente, un patrullero de Louisiana identificó el vehículo Suzuki en la carretera interestatal 16. El oficial solicitó ayuda y kilómetros más adelante Evans fue detenido sin oponer resistencia. Aunque de inmediato fue interrogado, el sospechoso se mostró evasivo.
Pero, cinco días después, sin razón aparente, el hombre dijo que confesaría todo, pero que lo haría con ciertas condiciones, la más importante, que lo ejecutaran lo más rápido posible. Dijo que había violado y sodomizado a Beatrice antes de estrangularla. Al otro día acompañó a las autoridades a localizar el cadáver de la menor, quien yacía, desnudo, en un paraje de la carretera interestatal 43 de Mississippi.
Una vez que había decidido hablar, Evans lo hizo y en qué forma. Uno tras otro fue confesando varios homicidios en una carrera que abarcó casi dos décadas. Al terminar, la lista se elevaba a casi 70 víctimas. La policía mostró escepticismo, hasta que comenzaron a llegar reportes de varios estados de personas desaparecidas. Muchos de los pormenores y circunstancias empataban con las confesiones de Evans.
Evans fue declarado culpable del homicidio de Beatrice Louise Routh. En 1993 fue sentenciado a muerte, pero ésta no le llegó por el verdugo oficial, sino por otro preso, que lo apuñaló mortalmente en 1999 en la Penitenciaría Estatal de Mississippi.