Mayo 26, 2011. Muere Leonora Carrington

POR Alberto Nájar
Los pintores surrealistas Dalí, Duchamp, Bretón y Picasso marcaron a Leonora Carrington, pero ninguno como las tradiciones indígenas y las historias que encontró
en México

A Leonora Carrington no le gustaban las corridas de toros, pero a su llegada a México, huyendo de la Segunda Guerra Mundial en Europa, tuvo que asistir a este espectáculo para acompañar a su pareja de esos años, el escritor mexicano Renato Leduc.

Fue una espectadora inusual, pues solía aplaudir a los toros cuando alcanzaban al torero o brincaban al callejón de la plaza. En más de una ocasión la echaron a gritos del lugar, solía contar a sus amigos cercanos.
Es una de las anécdotas que más se recuerdan ahora que la escritora, pintora y escultora falleció de pulmonía en Ciudad de México, a los 94 años.
Algunos la consideraban la última sobreviviente del movimiento surrealista, pero la escritora Elena Poniatowska señaló que Carrington sólo ofreció sus recuerdos de niña.
“Lo que ella pintó fue su mundo interior y todos sus antecedentes celtas. Tenía su niñez como una medalla troquelada en su pecho”, afirmó.
“Siempre pintó los cuentos de su niñez, la vida de los shides que en México llamamos chaneques (duendes) y que siempre la acompañaron toda su vida. Ella tenía una comunicación muy especial con los animales”.
Algo de lo que la pintora no parecía ser consciente, reconoció en una entrevista al suplemento La Jornada Semanal. “¿El mundo que pinto? No sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí”.
Católica y rebelde

Leonora Carrington nació en Inglaterra en 1917. Su padre era un exitoso empresario textil que formó a su familia bajo estrictos valores católicos. La escritora apenas podía soportar ese ambiente, y lo reflejó en sus primeros cuentos.
Uno de ellos es La debutante, escrito a los 18 años y donde narra la experiencia de su presentación en sociedad en el Palacio de Buckhingham, que “no le gustó nada”, según se cuenta en el portal Talking People.
Al poco tiempo conoció al pintor surrealista Max Ernst, con quien –sin importar la opinión de su familia— acompañó a vivir en París hasta que las tropas nazis interrumpieron el romance: su pareja fue enviado a un campo de concentración.
Fue una experiencia muy dura para Carrington, quien sufrió serios problemas emocionales que la llevaron a un hospital psiquiátrico en Santander, España, por orden de su padre. En 1940 logró escapar, y con la ayuda de Leduc, quien era diplomático en Portugal, pudo viajar a México, el país que cambió su vida por completo, recuerda Poniatowska.
Arzobispo en mole verde

Salvador Dalí, Marcel Duchamp, André Bretón, Pablo Picasso, pintores surrealistas que marcaron a Leonora Carrington, pero ninguno como las tradiciones indígenas y las historias que encontró en México.
La combinación de este mundo y las fantasías celtas de su niñez definieron su vida artística, recuerda Poniatowska, una de las amigas más cercanas de la artista.
“Puso miles de elementos de México en su pintura. En sus cocinas ponía metates (morteros), puso al arzobispo de Canterbury a hervir, a cocerse en mole verde”, cuenta.
Un estilo que se refleja en sus cuentos, obras de teatro y sobre todo en sus pinturas, como El mundo mágico de los mayas, Quería ser pájaro o La giganta.
Y también en su vida personal, Carrington fue siempre una apasionada defensora de los derechos de las mujeres, y en los últimos años decidió apartarse de la vida pública, sin importarle los artículos y homenajes que se le ofrecieron.
La muerte de la escritora conmocionó al mundo cultural de México, donde vivió 73 años.
Tomado de: BBC Mundo. Mayo 26, 2011.