¿Qué es un Sabiniano?

POR Mariana Molina
Las canciones de Joaquín Sabina están llenas de una insultante, provocadora, adictiva y cruel magia. Hay que tener un hígado de poeta para no enfermar al beberlas, un alma bajo las alas para no caer en peso muerto

En realidad no sabía cómo empezar a explicar que es un Sabiniano. La primera ironía que encontré fue la “curiosa casualidad” de que Sabiniano haya sido el primer Papa en la Edad Media de la Iglesia Católica Romana. Pero al personaje al que haré una aproximación es un hombre que después de haber asistido a una escuela de monjas Carmelitas y posteriormente a una de los Salesianos se convirtió en un prolífico disidente declarado y sin “acuse de recibo” de tales anodinos pasajes, aun sin abortarlos de su vida.

Así es: no podía referirme a otro sino al hijo prodigo de Ubeda, Joaquín Ramón Martínez Sabina, mejor conocido como Joaquín Sabina, hombre de letras, cantautor, poeta, amante del azar, la vida, las mujeres, los cigarrillos, el olvido, las malas compañías, la soledad, los tinteros de Neruda, César Vallejo, Rafael Alberti y García Lorca. Podría dar más datos de su vida, que no sólo son interesantes y casi necesarios para alcanzar a comprender el enorme concepto de su trabajo, pero yo, que me confieso desde ahora una admiradora de sus letras, no puedo pretender darme a la tarea de tales excesos. Esta no es una biografía, es una pretensión de trasmitir lo que encontramos al leer y oír, los muchos amantes de la obra genial del maestro Sabina.
La primera vez que escuché una de sus canciones, era una jodida adolescente que se atormentaba entre las ideologías de izquierda y las trivialidades de las hormonas. Entonces estaba perdidamente enamorada de la trova cubana. Aquí es donde comienza la polémica. Muchas personas, al escuchar el nombre de Joaquín Sabina, inmediatamente piensan que su música pertenece al género de la trova, lo cual indica que sólo han escuchado una o dos canciones y no tienen ni la más mínima idea de lo que están diciendo. La música de Sabina es considerada un género para muchos sin nombre que la defina; esa mezcla de rock, jazz, blues, y sí, también de trova, pero mucho más que eso, abren la ruptura de sus canciones y las diferencian incluso entre ellas de cualquier género.
Volvamos, pues, a mi desconsolada y cursi preocupación por el mundo, el guiño y la coquetería romántica primeriza con los hombres, la aventura revolucionaria de escupirle a las instituciones y la vocación sin oficio del primer cigarrillo. Entonces, como “una broma macabra del destino”, escuché una canción de Sabina. Lo primero que pensé fue “qué carajos se metió ese tipo”. Lo cierto es que no había entendido nada, pero sentí un vuelco en lo más profundo de alguna parte que no se había dado por enterada que existía; supongo que ya era existencial, no sabía si estaba sintiendo o le habían puesto algo a la bebida. Pedí muy amablemente que repitieran esa “rola” antes de preguntar quién era ese individuo que me había hecho casi vomitar la cursilería de mi vida.
No tengo idea de cómo pudieron ser los encuentros de otros fans con Sabina, pero sí puedo afirmar que sufrieron ese hechizo descarnado al escucharlo. En el palpitar del desengaño en sus letras que no entendía, me sentí crecer antes de que creciera; me abandoné en compañía  de su tentación, de las “noches perdidas”, “los sueños rotos”, los deseos inoportunos a la hora de amanecer, los olvidos que no llegaban, la impaciencia del amor y los “besos que perdí por no saber decir te necesito”.
Y es que las canciones de Sabina están llenas de una insultante, provocadora, adictiva y cruel magia. Hay que tener un hígado de poeta para no enfermar al beberlas, un alma bajo las alas para no caer en peso muerto, estar seguros de que no lo conocemos, de que no es un infiltrado del FBI o la CIA, que nos espía bajo un nombre falso en el chip de nuestras vidas, o es un asesino a sueldo que ha venido a cumplir la venganza de secuestrarnos el corazón antes de matarnos.
Cómo no reconocernos en sus historias, al grado de no saber si de verdad es una canción o un recuerdo de nuestras propias vivencias; encarnar los misterios de las ausencias que sin ser ocupan un hueco, la desolación de los que sabemos que el mundo también se come en rebanadas de suspiros, en mordidas de aburrimiento y hastió, de anhelos por un ayer que ya nunca será nostalgia, por las lunas que, sin mancharnos la piel, sangran en una tortura líquida que cae gota a gota en las noches heridas.
El ingenio y la inteligencia de hacernos mirar hacia otra parte, ésa que estaba escondida “al otro lado del espejo, que está metida en mi pellejo, que mal vive de pensión en mi corazón”, la sabiduría del pecado, la traición del amante que se esconde bajo las sábanas pero que pide ser abrazado bajo la piel, del hombre que enamora a las mujeres fieles, porque de sobra saben que, aunque sean las primeras, no les miente si jura que daría por ellas la vida entera; sin embargo, cada día las engañaría con cualquiera, las cambiaria por cualquiera”; de todas las mujeres que orgullosas de nuestro género hemos querido ser al menos una vez hombre, y por eso cabemos en el “hombre del traje gris”, de los hombres que sueñan con ser princesas y en silencio gritan “yo quiero ser una chica Almodóvar”.
Su habilidad para invitarnos a la diversión, la ironía, el cinismo, la capacidad de burlase de nosotros en él y viceversa, pues ya los novios no son el Quijote ni las novias quieren ser Dulcinea, ambos hemos preferido ser el Sancho; conviene más comprar muñecas inflables en las salas de cirugía plástica y silicona, al menos si las voltean a ellas no se les ira el botox a la cabeza; y enfrentar al contrincante de la conquista amorosa proponiéndole un trío, así quedara en claro quién la tiene más grande (la nariz, claro), pues para Sabina la mentira debería ser otra de las Bellas Artes; si la vida no fuera un fraude, sería una infamia perdernos de esas tiernas “mentiras piadosas”. Así que al tiempo que nos ofrece “recostar la cabeza en el hombro de la luna, para hablarle de esa amante inoportuna que se llama soledad”, trepar ágilmente por los labios del pecado, con la sutileza de un Don Juan que “después de toda una vida de disimulo, sin poder comer el culo, ahora con tacones y bolso le llaman Juana la Loca”, nos está gritando: vive, diviértete, disfruta, acelera, no te quedes al borde de la nada, prueba todo lo que quisieras probar, no permitas que tus sueños se conviertan sólo en sueños, aprovecha ahora que aún puedes.
Y como muchas veces no podemos aunque podamos, nos perdemos al encontrarnos, hacemos de la duda un mantra y nos dejamos seducir por la epidemia de las tragedias que nos exilian en desgracia, y no hacemos sino lo que no hicimos, y vagamos por esos laberintos que nos dicen tengo miedo y aprieta un frío que cala hasta los huesos, y buscamos encuentros que nunca ocurren, ehallando puertas que niegan lo que esconden, y estando en casa queremos regresar a casa, encendiendo un cigarrillo para iluminarnos con el humo el desolado paisaje que nos mira,  nos regala un boleto sin vuelta para tomar un tren en la estación Linares Baeza, porque él sabe que muchos hemos querido desde hace años mudarnos al barrio de la alegría, pero siempre que lo intentamos ha salido ya el tranvía. Si buscamos un hogar siempre lo tendremos en el núm. 7 calle Melancolía.
En las canciones y los versos de Sabina no sólo hay un lugar para los que despiertan un día tan jóvenes y tan viejos, encontramos a los que maduran bajo la falda de alguna de cuyo nombre no quieren recordar; o los que, habitando el país de la niñez donde uno y uno sumaban tres, leían en los encabezados que ha muerto ayer el niño que  yo fui; por que sin ser profeta Sabina sabe que se puede crecer al revés de los adultos y esa infancia que tanto quisimos olvidar, olvidando que a veces el olvido se equivoca, aunque seamos de los que beben para olvidar, un día sin reloj cansado de girar (que es lo suyo) renacemos la infancia, ya no para reprocharle su baile con Freud, sino para saborearla desde el balcón, y atrevernos a gritar que el destino es un maricón, que estar quebrado no es el infierno de Dante, que los besos que se pagan no saben peor, que la princesita azul nos abandonó para ser Magdalena, que escribir sin fumar es inhumano, vivir sin fumar fue inhumano, que algunas veces vivimos y otras la vida se va con lo que escribo, que ya no soy la niña que soñó con escribir, ni tengo que esperar la reencarnación para vivir todas las vidas que nunca seré; como sale gratis soñar podemos colarnos en el traje y la piel de quienes queramos ser. Aunque de todas las vidas escojo la del pirata cojo.
Marcar estilo al borde del abismo, como todo un conductor suicida, ese es Sabina. Haría falta agregar muchas aportaciones de su obra no sólo como cantante sino como poeta y el irremediable encantador desencantado excéntrico que es como persona; pero, como dije al principio, mi pequeño cometido era mostrar una parte de esa gran magia que nos regala en su poesía, la que al hacernos reír nos hace llora y al querer llorar nos dibuja una sonrisa como una especie de mueca que nos enamora; letras e historias de las que muchos quedamos impregnados  para siempre, porque su boca desde entonces es “más nuestra ya que suya” . Sé que voy a ser acusada de escribir maravillas de Sabina porque soy su fan y ferviente admiradora, entonces quedará cumplido mi cometido, porque ahora usted entiende qué es y cómo siente un Sabiniano. (Larga vida al maestro Sabina).
Nota
Es importante señalar que he cambiado algunas de las palabras dentro de las frases que usted, si es un seguidor de las canciones de Joaquín Sabina, podrá identificar inmediatamente. Las que aparecen tal cual vienen en comillas; las otras preferí dejarlas así, pues vienen con letras mías. No quise ni por un momento alterar el sentido de los versos sino jugar y mostrar cómo se adaptan en mis historias sus tan prolíficas letras.

4 thoughts on “¿Qué es un Sabiniano?

  1. “¡Larga vida al Maestro Sabina!”…
    Es evidente que la autora es una Sabiniana de ‘hueso colorado’ y está bien, cada uno de nosotros tiene el derecho de ser fanático de aquellos a quienes pensamos son gentes destacadas y admirables…
    La autora construye hábilmente y en forma lúdica, un texto coherente, que se inspira y parafrasea los versos de las canciones de Joaquín Sabina, realizando un buen análisis de las motivaciones e intensiones de JS y de su obra, de las cuales se apropia y proyecta en su propia vivencia, en su propia vida, eso es lo que hace un fan de ‘hueso colorado’, vive la vida a través de su favorito…
    Veamos un ejemplo: “…Su habilidad para invitarnos a la diversión, la ironía, el cinismo, la capacidad de burlase de nosotros en él y viceversa, pues ya los novios no son el Quijote, ni las novias quieren ser Dulcinea, ambos hemos preferido ser el Sancho, conviene más comprar muñecas inflables en las salas de cirugía plástica y silicona, al menos si las voltean a ellas no se les ira el botox a la cabeza, y enfrentar al disputante de la conquista amorosa proponiéndole un trío, así quedara en claro quién la tiene más grande (la nariz claro)…” La irreverencia y mofa que caracterizan los versos de JS, es utilizada por la autora, para jugar y generar un nuevo texto con una intención renovada….
    Desconozco que opinarán otros Sabinianos de ‘hueso colorado’, pero teniendo esto en mente y buscando las referencias en las canciones, a mí me pareció muy divertido…
    EDUARDO MARTÍNEZ ROSAS.

  2. Esto de los fanatismos y las adicciones, siempre me cuesta trabajo comprenderlo, supongo que igual que a los fans les cuesta trabajo comprender mi actitud. Como dice Eduardo, esto es un juego, es lúdico y como tal hay que entenderlo. Se me hace divertido el jugar con los versos de las canciones de Sabina, aunque en lo particular no las conozco, por lo que no podría considerar el ‘nivel’ de agudeza al que llega Mariana. Lo que si puedo decir, es que el texto me agrada y transmite un cierto mensaje de desenfado e irreverencia, que idudablemente me atrae…
    Sandra Luz Hernández.

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