Terminator y Dominique en paños menores

POR Alfredo C. Villeda
La madre de Schwarzenegger se preguntaba qué le pasaba al pequeño Arnold, en su natal Austria, ya que su cuarto estaba lleno de carteles de hombres en calzoncillos en lugar de mujeres en bikini

Snuff es una voz inglesa que data del siglo XIV, si bien su uso como adjetivo, caracterizado por la violencia y el homicidio, surge en 1975. Echaron mano de ese término, décadas antes, autores como Edgar Rice Burroughs, el célebre creador de Tarzán, y Anthony Burgess, quien engendró La naranja mecánica.

Pero quizá el insospechado lector pueda verlo mejor reflejado en un par de filmes: Tesis, la ópera prima de Alejandro Amenábar, y 8 mm, el remake de la anterior estelarizada por Nicolas Cage.

Cuando la difusión del caso de los asesinatos de mujeres fue más allá de Ciudad Juárez, una de las líneas de investigación fueron las películas snuff, que consisten en filmar un asesinato real sin ningún apoyo de efectos especiales, producto para el que existe un próspero mercado clandestino. Hasta ahora nada se sabe sobre el destino de esa pesquisa. Lo que es peor: poco se conoce aún acerca de las motivaciones de los homicidas seriales de chicas en esa ciudad fronteriza.
Pero Snuff (Mondadori, 2010) también es el título de una novela reciente del aclamado narrador estadounidense Chuck Palahniuk, autor también de Fight Club, obra que se llevó al cine como El club de la pelea (Fincher, 1999), con Brad Pitt y Edward Norton. Una estrella del porno, Cassie Wright, quiere retirarse con un peculiar récord mundial: tener sexo con 600 hombres. En los prolegómenos, los participantes Señor 600, Señor 72 y Señor 137 intercambian impresiones y narran en secos monólogos, desde la emoción y ansiedad de estar a un paso de hacer historia, los detalles de esa concurrida habitación donde esperan su turno.
“Hay un tipo que lleva toda la tarde junto al bufet sin más ropa que unos boxers, lamiendo el polvillo naranja de las papas fritas”; “Otros cabrones se quitan los jeans o los pantalones de chándal, dejándolos hechos una bola y del revés”; “Y yo con un ramo de rosas en la mano, marchitándose y todo, más trastos con los que hacer malabarismos; ha sido un estupidez total”; e inevitablemente surgen los títulos de las clásicas del género: El nabo de Oz, Los melones de la ira, Primera Zorra Mundial, Moby Dick: batalla de arpones, Sueño anal de una noche de verano

Quizá Palahniuk nunca se imaginó que tendría tan cerca a personajes reales que le habrían dado material de sobra para duplicar el volumen de su obra. Porque esos diálogos y esas formas parecen propias de Arnold Schwarzenegger, el ex gobernador de California que ha perdido a su esposa Maria Shriver al conocerse que tuvo un hijo con su trabajadora doméstica y que ambas mujeres dieron a luz el mismo año. No sólo merece estar en Snuff por la infidelidad, que acaso por esa razón sobrarían candidatos, sino por la historia de otros episodios, que incluye el manoseo a Kristanna Loken, la terminatrix de la tercera parte de la saga, durante el rodaje.
Su madre no lo creería. Relatado por él mismo al New Yorker, la señora se preguntaba qué le pasaba al pequeño Arnold, en su natal Austria, ya que su cuarto estaba lleno de carteles de hombres en calzoncillos en lugar de mujeres en bikini. La razón: eran todos fisicoculturistas, la pasión de quien después sería campeón en la materia y su cuerpo lo lanzaría a la fama en Hollywood, con filmes como Terminator (James Cameron, 1984) y Predator (John McTiernan, 1987).
Palahniuk, sin duda, deberá también saborear al personaje en que se ha convertido en unos días Dominique Strauss-Kahn, libre bajo fianza, pero emplazado a juicio por abuso sexual de una mucama en un lujoso hotel neoyorquino, todo en una historia propia de Law & Order UVE, sección policiaca ésta, la de Víctimas Especiales, cuya versión real capturó al ahora ex director del Fondo Montetario Internacional en el avión de Air France en que volvería a casa, y en el que pocos minutos antes, según consta en un testimonio reproducido por Le Monde, chuleó el “rico culito” de una azafata.
El trío, qué duda cabe, no puede estar mejor representado en esta versión fusilera de Snuff que con Silvio Berlusconi, de cuyos disparates, excesos y harén ha hecho puntual recuento Ruby, su joven protegida marroquí.