Y Gibson creó a la mujer

POR Karini Apodaca
La S, el ideal de belleza femenino que encendía la imaginación de los poetas y románticos de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Cintura de avispa, caderas anchas y nalgas prominentes envueltas en diáfanos vestidos, cabellos sujetos de modo displicente en lo alto de la cabeza, caracterizaron a la verdadera femme fatale de los años 20: la Gibson Girl

Durante una larga enfermedad, su padre enseñó a dibujar a Charles Dana Gibson, hijo de una familia de clase obrera. Asistió a la escuela de arte por unos cuantos años, antes de que los problemas económicos le obligaran a dejar los estudios. En la década de 1880, Gibson fue contratado por la revista Life como ilustrador, gracias sus excelentes trabajos a plumilla y tinta.

En la década siguiente, Gibson se consolidó como ilustrador y trabajó para varias publicaciones importantes en Nueva Inglaterra. Fue en un viaje a Europa donde Gibson tuvo un encuentro con su ídolo, el ilustrador inglés George Du Maurier. Altamente influenciado por él, Gibson comenzó a bosquejar su ideal femenino.
La mujer ideal

Glamurosa y estéticamente recargada, la imagen de la Gibson Girl hizo soñar a muchos y a sufrir a otras.
El look de una chica Gibson era un destello visual: caderas amplias, busto erguido y peinado al estilo Bouffant, lo que daba esbeltez y altura a la cabeza gracias al volumen de los cojines que se metían en su interior, la mayor parte de ellos hechos con los cabellos que se quedaban en el cepillo y que se iban guardando en un frasco de cristal. No se puede olvidar el punto fuerte de la figura reloj de arena: el corsé de metal o de barbas de ballena, que deformaba antinaturalmente la figura, creando la excesiva pero envidiable cintura pequeña, además de ayudarse con almohadillas que se ponían bajo los brazos y las caderas. De nariz y boca pequeña pero bien definidas y enormes ojos completan la imagen de una señorita bien educada y de buen gusto.
De musas y Camille Clifford

Es Camille Clifford, con su cuerpo encorsetado, quien sedujo e hizo realidad el sueño del ilustrador. Llamada la verdadera chica Gibson, representaba la silueta ideal de la época y la filosofía femenina de la misma. Con su forma de vestir y andar, transpiraba éxito, glamur, arte y liberación de los cánones. El resultado: la chica americana por primera vez en la historia tenía una imagen completa de belleza, éxito social y buen gusto.
Después se unieron al emblemático grupo la esposa del ilustrador, Irene Langhorne, y la artista y seductora Evelyn Nesbist, todas alrededor de un proyecto de estética e ilusión.
Así, la imagen trae a la memoria la trayectoria de mujeres reales y emblemáticas, The Gibson Girls, mujeres que lograron con el exceso y la obsesión obtener el tan deseado perfil S; hicieron de ellas un icono de la moda del siglo XX y un juego de exaltación del cuerpo femenino. Un as bajo la manga de un mundo fantástico e ilustrado que logró que aun el más despistado se diera cuenta de la magia y el poder de las curvas femeninas.
Iconografía comercial

Los ilustradores de moda como visionarios de la estética e imagen son reconocidos por su talento, pero son sus figurines los que les dan un lugar en el mundo, al crear a través de ellos nuevos patrones de estética y estilo.
A los pocos meses de su aparición, la chica Gibson fue adoptada por las campañas de marketing. Se colocaron en todo tipo de productos, desde fondos de escritorio hasta platos y cucharas. Algunos historiadores refieren la efervescencia de la Gibson Girl como el inicio del uso de la iconografía comercial.
Martini Gibson y senos gourmet

El sensacional grupo de las chicas de calendario, The Gibson Girls, habían conquistado Estados Unidos. La característica especial de estas bellezas de papel con grandes curvas era que lucían los pechos ideales: redondos, firmes y brillantes, debajo de una misteriosa sonrisa. Muchos bares adornaban sus paredes con los dibujos de Gibson y era más que justo hacerles un homenaje. Se cambió la aceituna del Martini por dos “apetecibles” cebollitas. Luego surgió el concepto de la medida ideal de los “senos gourmet”, que no deberían ser ni más grandes ni más pequeños que una copa de Martini.
Más se perdió en la guerra

La Primera Guerra Mundial cambió la percepción y la estética de lo femenino, arrojando a estos bellos y misteriosos seres al olvido. Con el auge de las votantes en Estados Unidos, la moda cambió considerablemente. Atrás quedaron los corsés, una nueva mujer nacía, más urbana, más práctica, más chic que adopta el estilo garçonne como su nuevo ideal.
A pesar de su caída, la Gibson Girl es un sello amado en Estados Unidos; gracias a ella la chica americana deja de ser vista en los países europeos como la nueva rica sin educación.