Cazadores de “mitos”

POR Alfredo C. Villeda
Cuando el audiovisual de Poiré llegue a su décimo y último capítulo, y pueda ya ser comercializado como la primera temporada del cazador de mitos, acaso le sea encomendada una segunda con el tema de la pobreza, con Ernesto Cordero en el papel principal

En la Odisea, Zeus reprocha a los humanos en voz de Homero: “Dicen que sus males proceden de nosotros (los dioses), cuando son ellos mismos quienes, con sus locuras, se causan infortunios no decretados por el destino”. ¿Cuántos mitos griegos conocerá el vocero de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré? ¿Cuántos romanos, cuántos hindúes? Acaso todos, acaso ninguno. Pero la tarea que se ha adjudicado parece digna de titanes, labor que ni el propio Nietzsche, en sus horas de psicosis que lo acabaron, se atrevió a imaginar: derrumbar 10 mitos.
Ahora que Poiré puede estar configurando una mitología más bien personal cuando del tema habla, quizá como lo hace su compañero de gabinete Bruno Ferrari, secretario de Economía, quien no deja pasar oportunidad alguna para intentar echar abajo el “mito urbano” de la supremacía de Brasil sobre México, con una bandeja de expedientes abonados con cifras aquí y allá. O quizá se haya inspirado en otro secretario de Estado, el hacendario Ernesto Cordero, quien revivió para volver a matar el “mito genial” del que hablaba su ancestro Pedro Aspe: los pobres.
En su Diccionario filosófico (Paidós 2003), André Compte-Sponville define mito como “una fábula que se toma en serio”. Y defiende su obra retomando el título de Voltaire, quien supo mostrar que la claridad, contra la locura de los hombres, era más eficaz que un discurso sibilino o abstruso. “¿Cómo se podría combatir el oscurantismo con la oscuridad? ¿El miedo con el terrorismo? ¿La estupidez con el esnobismo?”
La empresa de Poiré, así, se agiganta, pero el fusilero se pregunta qué pasará cuando, en la heroica sexta u octava sesión, vaya usted a saber, el nuevo gladiador, cazador de mitos, se enfrente a la cuestión shakespeariana: ¿es o no es guerra? Porque su jefe el Presidente se esforzó por negar, manotazos incluidos, que él hubiera hablado de una guerra contra el crimen, luego de que así lo consignaron algunos portales de noticias. Pero meses después el aludido comparó su estatus con el de Churchill en la gesta frente al nazismo.

Cuando el documento audiovisual de Poiré llegue a su décimo y último capítulo, y pueda ya ser comercializado como la primera temporada del cazador de mitos, versión combate al narcotráfico, acaso le sea encomendada una segunda con el tema de la pobreza, con Ernesto Cordero en el papel principal. Ya se evocaba líneas arriba a Aspe, secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari, quien creía que el asfalto extendido en los terregales de Chalco Solidaridad había barrido también con la pobreza y sus protagonistas, a quienes llamó “un mito genial”, ocurrencia retomada por Marcos para presentarse a la entrevista que le concedió al gran Vicente Leñero en la agitada selva chiapaneca del fin de siglo.
Sin mencionar la palabra “mito”, para ser justos, Cordero se ha afanado en revivir en voz alta lo que pensaba su antepasado, pero en el momento equivocado. Su jefe Calderón disertaba hace unas semanas sobre la noble labor de pensar en la patria y no en el partido, pero acto seguido dejó a su muchacho ante centenares de delegados para que les tirara línea de cómo pintan las cosas para 2012. Si no pocos se percataron del destape del elegido, todo mundo puso los ojos en él cuando se le ocurrió decir que 6 mil pesos son suficientes para llevar una vida digna.
Y este martes, ya candidateado por el Club Pinolero de los 134, sintiéndose El Cordero Místico del políptico flamenco de Jan y Hubert Van Eyck exhibido en la Catedral de Gante, el destapado muestra el acta de defunción de la pobreza: “México ya no es pobre desde hace tiempo”. Debe concluirse, sin temor al equívoco, que habla por lo menos de 1988, cuando los marginados pasaron al decil, para usar la jerga correcta, de “mito genial”.
Y luego todavía nos preguntamos, con asombro, por qué se encabrona Zeus.