Junio 21, 1905. Sartre y la existencialista de hotel de lujo


El 21 de junio de 1905, hace 106 años, nació Jean-Paul Sartre. Como lo describe en Las palabras, la infancia de Sartre transcurrió sin padre, mimado y encerrado, un periodo en el que compañeros de juego y paseos fueron felizmente intercambiados por la biblioteca de su abuelo, donde “encontré mi religión”:

“Me divertía en un santuario minúsculo, rodeado por antiguos y pesados monumentos que había visto del mundo, iba a ver fuera de ellos, y aquella permanencia me garantizaba un futuro tan tranquilo como el pasado… Yo era un testigo cotidiano de ceremonias cuyo significado se me escapaba: mi abuelo –que era igual de torpe que mi abuela se abotonaba los guantes, para manejar los objetos culturales con la destreza de un oficiante… En ocasiones me acercaba a observar aquellas cajas abiertas en canal como las ostras, y veía la desnudez de sus órganos internos, pálidos, rancios, un poco hinchados, cubiertas con vetillas negras producto de la tinta, y el aroma a hongos.”
Entre quienes se sintieron atraídos por la política y la filosofía de Sartre estaba Françoise Sagan, nacida también el 21 de junio pero de 1935. Sagan saltó a la fama literaria cuando todavía era adolescente con su bestseller internacional Buenos días tristeza (1954). La sucesión de novelas y obras teatrales, combinadas con su belleza y el ritmo vertiginoso de su vida de bohemia chic, además de un accidente en su Aston-Martin que casi le cuesta la vida y un arresto por posesión de cocaína, hicieron de Sagan una de las escritoras más notorias y populares en la Francia de la posguerra, no obstante que algunos críticos la etiquetaron como “La Bardot de la literatura” o como “Una existencialista de hotel de lujo”. En su “Carta de amor a Jean-Paul Sartre”, publicada en honor del cumpleaños 75 del filósofo, Sagan resaltó las cualidades que hicieron de Sartre el héroe intelectual de mediados de siglo de Francia:
“Tú siempre has saltado a la palestra para defender a los débiles y a los oprimidos, que tienen fe en las personas, las causas y las verdades… Has rechazado consistentemente cualquier idea de distinción o de beneficio material para tus propósitos… Rechazaste el supuesto honor del Premio Nobel cuando no tenías nada. Fuiste derribado tres veces por las bombas terroristas… No clamaste justicia porque no deseabas hacer juicios… A menudo has preferido ser utilizado y engañados antes que permanecer indiferente, y muchas veces has preferido la decepción antes que negar la esperanza. ¡Qué vida ejemplar para un hombre que nunca buscó ser un ejemplo!”