POR Mariana Molina

Entre las arias y los acordes de Puccini transitan vuelos delicados de mi memoria. No sé cuándo guardé esas palabras o si las transcribí para no perderlas. Sólo los que hemos vivido el sentimiento del abandono sabemos de la orfandad que nos acompañara
en cada despedida
FOTO: Butterfly 1
Me encuentro impaciente, muevo el pie una y otra vez tratando de que el tacón no suene de modo que llame la atención de las personas que siguen llenando el teatro. No puedo contener la emoción y brinco de mi asiento para acomodar mi inquieta impaciencia; parece que llegamos demasiado temprano o me he vuelto más intolerante con el tiempo, pues los últimos cinco minutos me han parecido 50; respiro profundamente y dejo salir el aire en un suspiro delatante.
Se apagan las luces y comienza a sonar el silencio del teatro, algunos murmullos reglamentarios salen de zonas oscuras. Como si fuera un buen augurio no podía faltar la persona que tose y deja en claro que ha llegado el momento del absoluto silencio.
¿Te gustaría ir a la opera conmigo? Todo mundo, especialmente las mujeres, aman esta ópera y me encantaría conocerla, recuerdo mientras ha dado comienzo Madama Butterfly. Aquella ocasión era la primera que escucharía Señora Mariposa en vivo; conocía la historia y efectivamente me causaba una dolorosa sensación trágica de amor agolpada en el vientre.
Sigo escuchando los latidos de mi corazón, al tiempo que se sincronizan con los de la primera vez. No puedo dejar de mirar a mi lado. Ahora no está el, nadie me tomará la mano instintivamente y la apretará sin darse cuenta, mostrándome la conmoción desorientada de sus emociones, contagiándome tiernamente al contacto del abrazo con los dedos.
FOTO: Butterfly 2
No importa cuántas veces la escuche, siempre viene a mí ese letargo del amor que sufre lentamente: el primer amor seguramente sonará así para siempre, para toda la vida. Eso pensó Cio-Cio-San cuando se entregó al amor, al amor de su vida. El amor es eterno por que termina. NADA PUEDE DURAR!, NADA PUEDE DURAR! Le grito con mis ojos. Si tan sólo alguien nos gritara desesperadamente cuando nos enamoramos nos ahorraríamos la humedad de las sábanas que nos consuelan, el único testigo de nuestros corazones rotos, sangrando en la oscuridad, como un secreto que no queremos escuchar.
Más allá de la noche en las voces y los colores en los rostros percibo  un maravilloso hechizo de esperanza. EL VOLVERA! ¡EL VOLVERA! Por qué nadie le cree. Yo todavía creo que el volverá, cada vez me digo que quizá en esta función el volverá.
Los dueños del destino nos atrapan con maquillaje. Aceptarlo desnudo no le va bien al amor. Me gusta el maquillaje, me hace sentir tan protegida por su fantasía, ese pequeño puente de la pasión a la locura. Si el amor es sólo uno, si no podemos volvernos hacia otro amor, entonces nacimos en la manta de la traición: la esperanza.
FOTO: Butterfly 3
Cierro los ojos un momento, me siento cansada, el vértigo ha crecido hacia dentro. Si abro los ojos despertaré en otra realidad. Tengo miedo, prefiero descansar, cierro los ojos para grabar las voces acariciando mi piel, se me ha puesto chinita, siento frío, tengo miedo de abrir la memoria, en la piel se guardan todos los secretos y en ella se desbordan.
“Hola querida, por motivos que no querrás saber he vuelto con mi ex mujer, lamento decirte esto por mail, pero nunca te amé, deseo que seas feliz donde y con quien la encuentres”, leo en mi mente con los ojos cerrados; no es una ensoñación, puedo sentir el golpe de cada letra escrita en mi mente, rasgando salvajemente el dolor, interpretación del abandono que despertó el segundo acto.
Entre las arias y los acordes de Puccini transitan vuelos delicados de mi memoria. No sé cuándo guardé esas palabras o si las transcribí para no perderlas. Sólo los que hemos vivido el sentimiento del abandono sabemos de la orfandad que nos acompañara en cada despedida, en cada pérdida, en cada “no te amo”. Me gusta el maquillaje del amor, así podría poner un poco  para aparentar más edad, menos fragilidad y amargura.
Tengo los labios secos y la garganta atorada en un gemido. La sangre se amotina haciéndome leve. Parece que floto entre las butacas, no sé hasta dónde me alejo de las imágenes que presencio, me he quedado en un estado de realidad alterna, nada se mueve a mi alrededor, soy una sola sustancia en el espacio de la tragedia transfigurada en sonido.
FOTO: Butterfly 4
“Prométeme que vas a ser feliz, no te quedes sola, gracias por haberme amado tanto”. Odio las promesas de amor cuando te dejan, son tan humillantes como las profecías de los que te maldicen. “Nadie te va a querer más que yo, te quedarás sola para siempre”. En esos momentos se parecen mucho a la esperanza. Salir corriendo de ahí sin saber a dónde, es la mejor ambulancia, sigo en el mismo lugar, la mente se ha vuelto mi fugitiva, esperando no tener que parar, pero después de un largo tiempo vuelves al espejo, para descubrir que las pitonisas y el oráculo toman posesión de cuerpos.
Viene mi parte favorita, mis piernas se cruzan y los presentimientos me ponen incómoda; miro hacia otro lado, está tan oscuro que se parece a mi escondite de niña. Mientras no vea nada estoy a salvo, no tengo que cerrar los ojos, simplemente volteo a otro lado. Sin embargo no puedo evitarlo, me atrae la seda de su vestido, los ojos delineando de negro a un fantasma, la tristeza de su canto que me rompe las venas del alma.
¿Cuántos engaños soporta un mismo espejo abandonado mientras nos mira llorando? Me han desterrado de las habitaciones que habitaban mis emociones; he descuidado mantener la lucidez de mis sentimientos; la imaginación y la locura se parecen tanto; es tan delgado el velo que las separa de la creatividad y en la demencia las une.
FOTO: Butterfly 5
Tercer acto. La desolada Butterfly se despide dejando a su hijo, con aquel, su amado, desgarrada por la traición y el desencanto de su realidad al verlo llegar casado con otra, a quien sí ama. Se retira a su habitación y se suicida.
Ha cesado el torbellino de la locura y el drama, el amor se impregna evaporando mis fantasmas; me incorporo con la mirada ocupada; afuera me deleito con el viento de la calle y el ruido de los coches que me regresan la corporalidad. “El amor es eterno porque termina”. Supongo que así sonara el amor para toda la vida. ¡NADA PUEDE DURAR! ¡NADA PUEDE DURAR!
Cómplice de la emoción y con una agotada pero satisfactoria sonrisa me preguntan qué me ha parecido esta vez mí ópera favorita. Me detengo un momento, pero no puedo encontrar palabras y contesto: “Ha sido toda una experiencia estética”.

Junio 3, 2011. El legado del Doctor Muerte

POR BBC Mundo
Realizó muchos suicidios con su “máquina de la misericordia”. Sus métodos indignaron a una gran cantidad de personas. En 1998, por ejemplo, ofreció los riñones de un hombre al que había ayudado a morir al primero que los quisiese

El doctor Jack Kevorkian, activista de la eutanasia en Estados Unidos, murió a los 83 años. Su abogado y amigo, Mayer Morganroth, dijo a los medios que Kevorkian fue ingresado desde el mes pasado en el Hospital Beaumont de Michigan debido a una neumonía y a otros problemas renales y cardíacos.
Finalmente murió debido a un coágulo de sangre que se alojó en su corazón, de acuerdo con el diario Detroit Free Press. Morganroth relató que los trabajadores del hospital hicieron sonar música clásica para Kevorkian antes de su muerte.
Mercitron

Nacido en 1928, Kevorkian fue a la escuela de medicina y trabajó como patólogo antes de retirarse a practicar su polémica misión. Ganó la atención internacional en 1990, cuando ayudó a morir a un paciente de Alzheimer de 54 años de edad.
Muchos suicidios asistidos se realizaron con su “máquina de la misericordia” (Mercitron), que liberaba cantidades letales de drogas vía intravenosa para ayudar a morir a los enfermos.
Sus métodos y acciones indignaron a muchas personas. En 1998, por ejemplo, ofreció los riñones de un hombre al que había ayudado a morir al primero que los quisiese.
Kevorkian libró una dura batalla contra las autoridades de Michigan y evitó ser encarcelado en cuatro ocasiones, a pesar de la revocación de su licencia médica en 1991 y de la prohibición expresa de los suicidios asistidos.
Los medios de Estados Unidos lo bautizaron con el apodo Doctor Muerte porque asistió cerca de 130 suicidios, sobre todo en el área de Detroit entre 1990 y 1998.
En 1999 fue encarcelado por asesinato en segundo grado, tras facilitar una inyección letal al enfermo terminal Thomas Youk. Una cadena de televisión estadounidense llegó a transmitir un video del enfermo mientras moría, lo que se convirtió al final en la prueba para condenarlo.
Kevorkian sólo cumplió ocho de los 25 años de prisión a los que fue sentenciado, tras ganar una apelación basada en su estado de salud. Sus abogados aseguraron que sufría de hepatitis C y diabetes. En el momento de su liberación, se comprometió a no dar más consejos sobre el suicidio, aunque afirmó que continuaría luchando por el derecho a la eutanasia.
Steve Kingstone, corresponsal de BBC en Washington, asegura que es innegable que el caso de Jack Kevorkian pudiera dar lugar al debate. Sobre todo porque hoy el suicidio médico-asistido es legal en tres estados de Estados Unidos: Oregon, Montana y Washington.
“Sabía lo que estaba haciendo”

Kevorkian dijo a la BBC en 2007 que no se arrepiente de haber asistido suicidios. “Sabía lo que estaba haciendo… acepté las consecuencias, porque tenía que hacer lo correcto”, dijo.
El médico se postuló como representante independiente para el Congreso de Estados Unidos en 2008, pero sólo recibió 2.7% de los votos del distrito ubicado en los suburbios de Detroit.
En 2010, una película sobre la vida de Kevorkian, titulada You Don’t Know Jack, fue transmitida por la cadena de televisión HBO. El actor Al Pacino encarnó al patólogo y ganó un Emmy y un Globo de Oro por su interpretación.
Junio 4, 2011.