Marie-Thérèse Walter: el código erótico de Picasso

POR John Richardson
La voluptuosidad de Marie-Thérèse fue inspiración para las grandes esculturas de Picasso, incluyendo Metamorfosis, la maqueta de un monumento para el mejor amigo que había tenido, el poeta Guillaume Apollinaire

Una magna exposición en la Gagosian Gallery, en Nueva York, detalla el romance entre Picasso y Marie-Thérèse Walter, quien se convirtió en su amante a los 17 años, le dio un hijo y se suicidó después de la muerte del artista, 50 años después de haberse conocido. John Richardson cuenta la historia de amor detrás de las apariencias codificadas de Walter en algunos de los trabajos de arte más importantes del siglo XX, incluida la obra maestra de Picasso contra la guerra: Guernica.
Marie-Thérèse Walter es el tema de Picasso and Marie-Thérèse: L’Amour Fou, una magna exposición en la Galería Gagosian, en la West 21st Street, en Nueva York. Marie-Thérèse fue el amor de Picasso y musa principal desde el momento en que la conoció –ella tenía 17 años y él 45— afuera de la tienda departamental Galeries Lafayette, en París, en enero de 1927, hasta 1941. La historiadora del arte Diana Widmaier-Picasso, nieta de Marie-Thérèse, quien prepara un catálogo razonado de esculturas de Picasso, ha hecho posible esta retrospectiva. Como curadora invitada ha sido fundamental en la obtención de obras rara vez vistas, así como por el material del archivo de la familia Picasso y los préstamos de importantes colecciones y museos.
Marie-Thérèse era una joven acomodaticia y respetable que vivía con su madre y dos hermanas en Maisons-Alfort, un suburbio al sureste de París. Ella estaba en las Galerías Lafayette ese día para comprar un collar Claudine, una joya Peter Pan. “Tiene usted una cara interesante”, le dijo Picasso. “Me gustaría hacer un retrato de usted. Soy Picasso”. El nombre no significaba nada para Marie-Thérèse, pero el hecho de que un artista la encontrara hermosa la emocionó.
Si bien ella siempre afirmó haber resistido a Picasso durante seis meses, lo cierto es que dormía con él una semana después de conocerse. Tenían que ser muy discretos, ya que ella estaba a seis meses de la mayoría de edad. La ausencia de un padre legítimo facilitó a Picasso la seducción de la menor. Al principio, la madre de Marie-Thérèse opuso cierta resistencia, pero pronto acogió al seductor de su hija como un amigo. A “Pico”, como la madre y las muchachas lo llamaban, le permitió el uso de un cobertizo de su jardín para pintar y estar a solas con Marie-Thérèse.
Más enamorado que nunca

La primera vez que Marie-Thérèse fue al estudio del artista en la Rue de la Boétie (el 11 de enero de 1927), en el piso superior del apartamento que compartía con su esposa, Picasso no hizo más que observar su rostro y su cuerpo muy cuidadosamente. Al despedirse, él le dijo que regresara al día siguiente. “A partir de entonces siempre sería mañana, y tuve que decirle a mi madre que yo había conseguido un trabajo”, explicaría tiempo después. “Me dijo que le había salvado la vida, pero no tenía ni idea de lo que quiso decir”. En realidad sí lo había salvado: de la tensión psíquica de su matrimonio.
La esposa rusa de Picasso, Olga, una ex bailarina y madre de su hijo, Paulo, comenzó a sufrir de un desorden nervioso por sus celos patológicos, como resultado de las interminables infidelidades de su marido. Picasso tenía que seguir manteniendo oculta a Marie-Thérèse. Desde que Olga estaba siempre al acecho, las primeras apariciones de Marie-Thérèse en la obra del pintor están en un código erótico: como una guitarra a la espera de ser plañida, como un collar en forma de boomerang o por sus iniciales bifurcadas. Picasso estaba más enamorado de lo que había estado nunca.
El verano siguiente, el artista alquiló una casa en el elegante lugar de descanso de Dinard, en la Bretaña francesa, el sitio perfecto para su esposa, su hijo y la niñera. El lugar perfecto, también, para Picasso, quien hizo arreglos para que Marie-Thérèse tuviera una habitación en un campamento cercano de verano para jovencitas, donde la recogía todas las mañanas y la llevaba a su cabaña alquilada en la playa. En una pintura de 1929, Picasso representa a Marie-Thérèse abriendo la puerta de una cabaña y encontrando a Olga enfadada, esperando en la quinta posición de la bailarina de ballet.
La forma voluptuosa de Marie-Thérèse fue también inspiración para las grandes esculturas de Picasso, incluyendo Metamorfosis, la maqueta de un monumento para el mejor amigo que había tenido, el poeta Guillaume Apollinaire. El cuerpo de la joven también inspiró algunos de sus mejores pinturas de figura, como el magnífico Desnudo junto al mar.
Finca de dos mujeres

Cansado de los alquileres de verano, Picasso decidió en 1930 comprar una casa propia en el campo, donde su esposa podía llegar y él reunirse siempre que fuera posible con Marie-Thérèse. Encontró el lugar ideal 22 kilómetros al noroeste de París, escondido y alejado de los caminos trillados. A través de los siglos, el castillo de Boisgeloup había sufrido muchos cambios antes de terminar como una elegante finca.
Picasso le explicó a Marie-Thérèse que había comprado Boisgeloup para ella. A su esposa le dijo lo mismo. Olga nunca se había sentido cómoda en los ambientes de vanguardia, pero en ellos podía jugar a ser una castellana y tener invitados a tomar el té. Sin embargo, después de que Olga se marchaba a París al término de cada fin de semana, Picasso se quedaba y Boisgeloup se convertía en el reino de Marie-Thérèse. Ella se materializaría en una bicicleta, y Picasso la pintaría y esculpiría como Daphne, la ninfa que fue transformada en arbusto por su padre para evitar que Apolo la violara. Instaló la gran escultura de Marie-Thérèse como Daphne (Mujer en el jardín, 1932) en un claro en el parque del castillo.
Aunque consciente de los romances de su marido, Olga parece no haber tenido conocimiento de Marie-Thérèse durante varios años. Se enteró, sin embargo, al solicitar información sobre una modelo japonesa. ¿Pudo Picasso usar a esta otra mujer como señuelo para distraer la atención de Marie-Thérèse? La joven japonesa aparece en varios retratos de las amantes, en ocasiones utilizando traje de baño (triángulos amarillos sobre fondo malva) que Marie-Thérèse viste en una imagen icónica de ella, rebotando de una cabaña, como una pelota de playa.
Ninfa de río

En octubre de 1932, París finalmente concedió a Picasso una retrospectiva a gran escala en la Galería Georges Petit. Fue un gran éxito, que prácticamente lo consagró como el artista más famoso y controversial del mundo. Una revelación importante de la exhibición fue la serie de retratos sensacionales de Marie-Thérèse; aparece desnuda en todos ellos, y en la mayoría está sentada, en tres cuartos de largo, mirando al espectador, en una parodia a la convención que se remonta a Tiziano. Uno de ellos, El sueño, con su referencia oculta al sexo en el cerebro, así como entre las piernas, no deja ninguna duda sobre la naturaleza del  sueño de Marie-Thérèse. Después de que su propietario, el magnate estadounidense de los casinos, Steve Wynn, estuvo a punto de venderlo por 139 millones de dólares en 2006, El sueño se convirtió en el cuadro más famoso en Estados Unidos. Otro, Desnudo, hojas verdes y busto, alcanzó un precio récord de 106.5 millones dólares en 2010. Los retratos de Marie-Thérèse finalmente abrieron los ojos de Olga a la apariencia, si no la identidad real, de la mujer que había tomado el primer lugar en la iconografía de Picasso, así como su corazón. Por el resto de su vida, ella estaría entrando y saliendo de las clínicas.
Poco después del cumpleños 50 de Picasso llegó el desastre. Marie-Thérèse estuvo a punto de ahogarse en el río Marne mientras tripulaba un kayak. Rápidamente fue rescatada, aunque pescó una infección de las ratas del río, que la dejó enferma y temporalmente sin cabello. Picasso estaba devastado. Conmemoró el accidente en una sucesión de maravillosas pinturas meditativas de las ninfas deslizándose dentro y fuera del agua.
En 1934, la rabia de Olga se había vuelto tan violenta que los médicos la trasladaron de su departamento de París a un hotel a las afueras de la ciudad. Esto, sin embargo, no permitió a Marie-Thérèse vivir con Picasso. Debido a que el artista había presentado recientemente una demanda de divorcio, sus abogados no les permitieron convivir, por lo que Marie-Thérèse siguió viviendo la mayor parte del tiempo con su madre.
El ansiado divorcio, que habría permitido a Picasso casarse con Marie-Thérèse, resultó en primera instancia ser inalcanzable. A pesar de que los Picasso se habían casado en París, los extranjeros en Francia que solicitaban el divorcio tenían que acatar las leyes de su país natal. En España el divorcio era impensable, pero el derrocamiento de la familia real española, en 1931, cambió todo eso. Los liberales recién elegidos aprobaron una ley otorgando a los españoles el derecho al divorcio.
La hermana muerta

Las visitas a España en los veranos de 1933 y 1934 reavivaron la pasión de Picasso por la tauromaquia. En dos grabados de intensa emoción, Minotauromaquia y Joven guiando al Minotauro ciego, revela cuán estrechamente se identifica Marie-Thérèse con su amada hermana menor, María de la Concepción, conocida como Conchita, que murió de difteria cuando tenía 14 años.
Durante la celebración de la Nochebuena de 1934, Marie-Thérèse le dijo a Picasso que estaba embarazada. “Mañana voy a divorciarme”, él prometió, pero transcurrieron seis meses antes de que los abogados fueran capaces de presentar una declaración de no-reconciliación. Mientras tanto, el romance con Marie-Thérèse tenía que mantenerse en secreto para todos, excepto para unos amigos cercanos.
Olga recibió la propiedad de Boisgeloup y la custodia de su hijo, quien fue enviado a Suiza, donde asistió a una sucesión de escuelas. Paulo tuvo una vida problemática, pero mantuvo con pasión la devoción a su padre.
El embarazo de Marie-Thérèse dejó a Picasso agonizante en su necesidad de ella, así que alquiló un apartamento para la joven a unas puertas de distancia de las suyas. La hija de Marie-Thérèse nació el 5 de septiembre de 1935. La llamaron María de la Concepción –Maya—  en honor a la hermana menor muerta, Conchita. Picasso demostró ser sorprendentemente bueno, con manos de padre, incluso cocinaba y limpiaba la casa. Pero la felicidad doméstica no duró mucho. Pronto, él estaría nuevamente en movimiento.
Dos meses después del nacimiento de Maya, Picasso asistió a la inauguración de una película, donde el poeta Paul Éluard le presentó a Dora Maar, una fotógrafa radiantemente hermosa, extraordinariamente dotada, dispuesta a hacerse de una reputación como una hip surrealista y un intelectual mundana. Parte francesa, parte yugoslava, Dora Maar se había criado en Argentina, donde su padre era arquitecto. Para deleite de Picasso, la fotógrafa hablaba un español perfecto. Además, había sido la amante de un viejo amigo, pero nunca muy cerca de Picasso, el escritor surrealista, pensador y editor Georges Bataille.
Para consolar a Marie-Thérèse por sus ausencias cada vez más frecuentes, Picasso llevó a ella y a su hija recién nacida a una villa en Juan-les-Pins. Ahí, el artista volvió a visitar el tema de sus pinturas de 1932 de cuando Marie-Thérèse fue rescatada del río.
En agosto de 1936, Picasso dejó a Marie-Thérèse en el apartamento de París que había alquilado para ella y se fue con Dora a Mougins, en compañía de Paul Éluard y su esposa, el surrealista británico Roland Penrose y su esposa, y el surrealista estadounidense Man Ray y su amante.
Conociendo el grado de angustia de Picasso por perder Boisgeloup, a su ex dealer Ambroise Vollard se le ocurrió una solución. En septiembre de 1936 envió a Marie-Thérèse una carta formal en la que ofreció su casa de campo en Le Tremblay-sur-Mauldre, a 28 kilómetros de París. A Picasso le encantó lugar. En los siguientes tres años, y siempre con París como su base, llevó una doble vida. Cada fin de semana, su chofer lo llevaba en su preciado Hispano-Suiza a Le Tremblay para estar con su familia: Marie-Thérèse y Maya. Pinturas líricas de dos niñas, una rubia, la otra morena, leyendo o escribiendo juntas delante de una ventana abierta, dan testimonio de la presencia ahí de la hermana favorita de Marie-Thérèse, Geneviève. Las naturalezas muertas de Le Tremblay –la mayoría con platos de frutas, flores y velas— reflejan la tranquilidad y la convivencia.
Icono mundial

A principios de 1937, la Guerra Civil Española había galvanizado políticamente a Picasso. Los bombardeos de la Luftwaffe a la pequeña ciudad vasca de Guernica en abril, en los que murieron cientos de civiles, proporcionaron al artista el tema perfecto para su comisión de decorar una pared del pabellón español en la Feria Mundial, que se inauguraría en París en julio. Podría decirse que la gran obra maestra de Picasso, Guernica, se convirtió en el icono mundial de la lucha contra el fascismo.
La imagen de Marie-Thérèse impregna esta acusación suprema contra la guerra. Para Picasso, un pacifista de toda la vida, ella representó la paz y la inocencia a merced de las fuerzas del mal. Así como él la había concebido como la niña que guía el Minotauro ciego, Picasso alegoriza con Marie-Thérèse dos veces, tal vez tres, en el Guernica. Ella es la joven desesperada que corre de derecha a izquierda en el primer plano. También inspiró a la niña que sale de una ventana superior sosteniendo una lámpara. Por último, puede ser identificada como la madre de la izquierda que llora a su hijo muerto. El toro y el héroe muerto con una espada rota en el primer plano son auto-referencias. En cuanto al caballo agonizante, su lengua de espada y el cuerpo destrozado había sido Olga, caracterizada en trabajos anteriores, a quien retrató en varias ocasiones como un picador a caballo.
Dora Maar también jugó un papel en el Guernica, principalmente de carácter práctico. Con su habilidad como fotógrafa, documentó todas las fases de la gestación de la pintura. También se desempeñó como asistente de estudio de Picasso e incluso pintó algunas de las marcas repetitivas que definen los flancos del caballo y las piernas.
Picasso hizo todo lo posible por mantener a Marie-Thérèse alejada de la obra en la que era protagonista. El pintor no quería que sus amantes se conocieran, aunque inevitablemente sucedió. Pese a que ambas más adelante negaron haber tenido una riña, se rumora que lo hicieron frente al Guernica. Sin embargo, en sus memorias, Vida con Picasso, Françoise Gilot (la amante que sustituyó a Dora) ofrece una explicación presuntamente dicha por el artista: “Yo seguí pintando mientras ellas discutían. Finalmente, Marie-Thérèse volteó hacia mí y dijo: ‘Decídete, ¿cuál de las dos?’… Yo estaba satisfecho con las cosas como estaban. Les dije que tendrían que decidir por sí mismas. Así que empezaron a reñir. Es uno de mis recuerdos selectos.”
Esa disputa la conmemora Picasso en Aves en jaula, obra que alguna vez fue propiedad de la diseñadora Elsa Schiaparelli. Marie-Thérèse y Dora son representadas como palomas en una jaula demasiado pequeña para ellas. Dora, el ave negra, muestra las garras a la hermosa y serena paloma blanca que descansa sobre un nido con huevos. Picasso marcó su preferencia de forma muy clara, aunque respetó lo paradójico del asunto.
Tiempo de guerra

La firma del Pacto de Munich, el 30 de septiembre de 1938, dejó a Picasso sumamente temeroso de lo que podría pasar con su producción cuando las bombas comenzaran a caer. Como medida de precaución alquiló una casa para Marie-Thérèse en Royan, en la costa atlántica, a 300 kilómetros al suroeste de París, donde de vez en cuando se reunía con ella. Mientras tanto, el proceso de divorcio se prolongó.
El 13 de enero de 1939, la madre de 83 años de Picasso murió en Barcelona. Trece días después, esa ciudad, que significaba tanto para el pintor, se entregó a Franco. Tras recuperarse de la ciática, Picasso dejó el lugar que habitaba y se mudó –perseguido por Olga—, instalándose en su estudio. Encontró un apartamento cercano para Dora. Marie-Thérèse dividía su tiempo entre Le Tremblay y Royan. Dora era ahora la amante oficial y Marie-Thérèse, aunque en realidad nunca se casaron, fue en gran medida la esposa.
En el verano de 1939, Man Ray prestó a Picasso su apartamento en Antibes, y desde allí el pintor envió frecuentemente cartas apasionadas a Marie-Thérèse. “Mi amor”, escribió el 19 de julio, “te quiero más cada día. Significas todo para mí. Y voy a sacrificar todo para que nuestro amor dure para siempre.”
Cuando estalló la guerra, Picasso trasladó a Dora a Royan y la instaló en un hotel cerca de la villa ocupada por Marie-Thérèse y Maya. Un tenso mes después, Picasso regresó a Dora a París, dejando a Marie-Thérèse y a Maya atrás. Pasó el resto de la Segunda Guerra Mundial en el París ocupado,  produciendo algunas de sus obras más oscuras. Al final de la guerra, Dora sufrió un colapso nervioso.
Mientras tanto, Marie-Thérèse y su hija también volvieron a París, a un apartamento que Picasso rentó para ellas. En la década siguiente, cuando Picasso se encontraba en París, las  visitaba los jueves, cuando Maya no iba a la escuela, y los domingos. Para celebrar la liberación de De Gaulle de París en 1944, Picasso cubrió con pancartas el balcón de Marie-Thérèse.
Vínculo hasta la muerte

Después de la guerra, Picasso se trasladó al sur de Francia con Françoise Gilot, con quien tuvo dos hijos, asentándose en Vallauris. Marie-Thérèse veía Picasso sólo cuando Maya se iba de vacaciones o de vez en cuando en París. Sin embargo, por un tiempo más continuó  escribiéndole cartas apasionadas. Después, súbitamente, las cartas cesaron. Maya recuerda que el día en que Olga murió, en 1955, Picasso telefoneó a Marie-Thérèse y le pidió que se casara con él. Ella respondió que no. Jacqueline Roque, la sustituta de Françoise Gilot, se convirtió en la señora Picasso seis años más tarde. Picasso nunca volvió a ver a Marie-Thérèse, pero Maya siguió como un vínculo entre ellos. Tal vez para estar cerca de él, Marie-Thérèse se mudó al sur de Francia.
La muerte del artista, en 1973, sirvió para que Marie-Thérèse mostrara su devoción a la familia de Picasso, no sólo a los hijos ilegítimos, sino también a la progenie de Paulo Picasso, Pablito y Marina, a quienes se había sido impedido asistir al funeral. Picasso había odiado a su madre, y Pablito, quien deseaba estar en contacto con su  abuelo, había sido desterrado, impedido por la policía para entrar a la casa. Con el corazón roto, se bebió una botella de lejía. Marie-Thérèse fue a su rescate, y consiguió que el ministro de la Salud enviara un helicóptero para llevarlo al Hospital Americano de París. El ministro no estaba disponible, pero su cuñado, un comerciante de arte, tomó la llamada. Aunque el favor resultó extremadamente caro: Marie-Thérèse le vendió dos de las pocas pinturas que Picasso le había dado. Pablito no sobrevivió, pero el dinero ayudó a cumplir con sus gastos médicos.
Poco después del funeral de Picasso, una gran figura de concreto de Marie-Thérèse, con una lámpara en su mano extendida –similar a la mujer en la ventana del Guernica— fue colocada sobre su tumba en el Château de Vauvenargues, su residencia cercana a Aix-en-Provenza. Jacqueline después destruyó el molde. Sólo en catálogo existe otra, en el museo Reina Sofía de Madrid. La presencia de Marie-Thérèse a los pies de los escalones que conducen al portal majestuoso del Château de Vauvenargues celebra el amor que ella encarnó y su papel de apoyo que iluminó al genio de Picasso. Incapaz de seguir adelante ahora que Picasso había muerto, Marie-Thérèse se suicidó en 1977, 50 años después de haberlo conocido.
Tomado de: Vanity Fair. May 2011.
Traducción: José Luis Durán King.