Barbie de fin de siècle

POR Robin Cembalest
Una nueva muñeca se inspira en Adele Bloch-Bauer, la famosa modelo austrojudía de Gustav Klimt. Pertenece a una nueva serie de ediciones de coleccionistas dedicadas a las grandes obras de arte
Adele Bloch-Bauer I en la Neue Galerie. Chris Hondros/Getty Images
Fue la modelo (y posiblemente la amante) de Gustav Klimt, cuyo deslumbrante retrato dorado, terminado en 1907 y modelado sobre mosaicos bizantinos de la emperatriz Teodora de Ravenna, llegó a simbolizar el glamur del fin de siècle de Viena. Pero fue hasta después de su muerte en 1925 que Adele Bloch-Bauer alcanzó la celebridad mundial, cuando el brillante retrato se convirtió en el foco de una batalla legal internacional por su estatus de botín de guerra nazi.

Finalmente restituido a la sobrina de la modelo, Retrato de Adele Bloch I se hizo famoso por otra razón: en 2006 fue vendido a Ronald Lauder en 135 millones de dólares, el precio más alto pagado por una obra de arte en ese tiempo. “Nuestra Mona Lisa”, como la llamó Lauder, reside actualmente en el museo de Manhattan que él fundó, la Neue Galerie, en la Quinta Avenida, frente al Museo Metropolitano. Lauder ha comenzado a sacar provecho de su inversión a través de una línea de joyería inspirada en la obra, diseñada y ejecutada por expertos del Gem Palace Jaipur, al ofrecer, por ejemplo, un pulsera en espiral de 22 kilates en 8 mil 750 dólares.

Más recientemente, la musa inteligente y hermosa de la vanguardia de Austria inspiró unos productos mucho más bajos en precio, aunque de mayor relevancia cultural: el Klimt –con una muñeca Barbie en su reluciente vestido geométrico—, junto con una Mona Lisa, adornada con sus mejores galas del Renacimiento, y una Barbie van goghiana, meciéndose con su vestido de coctel en una noche estrellada. Son las tres ofertas inaugurales del Coleccionista Barbie de la Colección del Museo. En 34.95 dólares cada una, estas muñecas se dirigen no a la joven entusiasta de las barbies –tampoco al entusiasta del arte— sino más bien al consumidor adulto, quien también puede adquirir el glamuroso Project Runway-ready Barbie, cuyo look está inspirado por la Casa de la Ópera de Sidney.
Que las grandes damas judías de los salones de Viena se convirtieran en una muñeca clásica estadounidense es menos sorprendente de lo que parece, teniendo en cuenta los orígenes de Barbie. Fue creada por Ruth Handler, hija de inmigrantes judíos rusos, quien tomó el concepto de las muñecas de moda de papel, de una sexy muñeca alemana y del nombre de su hija. El producto estaba disponible en rubia o morena, con diversos trajes que se vendían por separado.
Pieza de museo

A pesar de que fue un éxito inmediato, Barbie siempre fue criticada por los intelectuales por su incorrección anatómica y política. Pero ahora la creación de Handler finalmente disfruta de un toque posmodernista y posfeminista. La muñeca, que ha sido jugada por muchos artistas –a veces amorosamente, a veces con sadismo—, es ahora una pieza de museo. La original Barbie Teen Age Fashion Model de 1959, conocida como la Barbie No. 1, fue adquirida recientemente por el Museo de Arte del Condado de Los Angeles, el cual contará con ella (y con Ken) en su próxima exposición Diseño de California, 1930-1965: Viviendo de forma moderna.
Barbie ahora ya tiene una iPad, de acuerdo con su feed de Twitter, y una suscripción a Architectural Record. Lo anterior para la Barbie Arquitecto, que se estrenará este otoño. Parte de una nueva línea de barbies profesionales que ocurrió hasta que las mujeres interesadas en las profesiones asumieron su causa, razonando que no tiene caso jalarle a la palanca del baño cuando hay la oportunidad de influir en las mujeres jóvenes a que asuman su profesión.
“Actos de resistencia”

La historiadora de arquitectura Despina Stratigakos explica en Design Observer cómo, después de recabar opiniones para la producción de Barbie Arquitecto, ella y un colega trabajaron con Mattel para desarrollar la ropa de la muñeca. Después de mucho debatir si falda o pantalones, se decidieron por un vestido línea A de colores rosa y azul (cubierto con una blusa de manga corta y una chaqueta de solapa ancha), botas negras al tobillo (con tacón grueso), gafas oscuras nerdy (en la cabeza, no en la cara), un sombrero blanco duro y un portaplanos rosa. Los toques femeninos, señala Stratigakos, “no son actos de opresión sino de resistencia”, canalizando “el poder femenino” por trascender las restricciones y los estereotipos del pasado. (La muñeca está disponible en versiones de caucásicas y afroamericanas.) Los miembros del Instituto Americano de Arquitectos, que apoya a la muñeca, pueden participar en un concurso para diseñar la Casa de los Sueños de Barbie. Pero en los sueños comienzan las responsabilidades: la Barbie Arquitecto necesita un hogar que sea verde y sustentable.
La Barbie Adele Bloch-Bauer, en cambio, no tiene hogar. Es una pieza de colección, no un modelo a seguir. Removida de las conexiones de su vida real a su pasado, el Holocausto, los tribunales, el mercado, el arte radica en su vestuario. ¿Hay más capítulos para esta princesa judía de Viena, otros productos para inspirar? Tal vez algún día un niño inspirado por la Barbie Arquitecto construirá una casa de sueños para Adele, una que coincida con la mansión en la que la pintura por el momento cuelga.
Tomado de: Tablet. A New Read On Jewish Life. Junio 28, 2011.
Traducción: José Luis Durán King.