Badfinger: la maldición de los “nuevos Beatles”

POR Emilio de Gorgot
El 23 de abril de 1974, Pete Ham –el hombre que escribió Without You, una de las canciones más bellas y rentables de la historia— se ahorcó en su garaje porque no podía pagar la hipoteca de su casa. Sin embargo, la pieza obtuvo ganancias millonarias para Harry Nilsson y ¡Mariah Carey!

Without You es la canción más increíble
de todos los tiempos
(Paul McCartney)
Tienes que contratar a un abogado y tienes
 que leerte todos esos contratos. Nosotros no
nos leímos un contrato en nuestra vida
(Joey Molland, miembro superviviente de Badfinger)
Eran unos chiquillos y estaban perplejos. Es una
vergüenza que cosas como éstas sucedan en el
negocio de la música
(Stan Poses, vicepresidente
 de Badfinger Enterprises)
Tres citas que resumen una biografía. Si William Shakespeare o León Tolstoi hubiesen escrito una novela sobre la ascensión y caída de un grupo musical, el resultado hubiese sido muy similar a la biografía de Badfinger. Lo que sucedió con aquel grupo es uno de los relatos más descorazonadores en la historia de la industria musical: cuatro veinteañeros que lo tenían todo para triunfar y que de hecho triunfaron… sólo una década después, dos de ellos se habían quitado la vida a causa de los problemas económicos. Precisamente los dos que escribieron una canción que convirtió en multimillonarios a Harry Nilsson y a Mariah Carey. Badfinger fueron exprimidos por la maquinaria discográfica. Exprimidos, masticados, digeridos y regurgitados sin recompensa alguna.

Bueno, bonito, barato

A finales de los 60, sin embargo, el futuro de estos muchachos galeses no podía parecer más brillante. Los cuatro Beatles, que rara vez se ponían de acuerdo en algo, sí coincidieron en quedar impresionados por el potencial de los jovencísimos Badfinger. No dudaron en contratarles y de hecho fue el primer grupo fichado por Apple Records, la discográfica de los “cuatro fabulosos” de Liverpool. Cuando los Beatles anunciaron su separación no mucho después, la gente y la prensa se apresuraron en señalar a Badfinger como los “próximos Beatles”. Incluso los propios ex-Beatles sostenían esa opinión.
Y eso eran los Badfinger, cuatro cándidos veinteañeros galeses que habitaban todos juntos en una modesta casa de Londres y que se vieron de repente experimentando el sueño de sus vidas. Durante un breve periodo todo pareció salirles sencillamente rodado. Tomemos aire y enumeremos sus logros: grabaron un primer disco con Apple, Magic Christian Music, y con él tuvieron su primer éxito gracias a una canción escrita expresamente para ellos por el mismísimo Paul McCartney. Después, para grabar el segundo álbum, los Beatles les dieron toda la libertad artística posible y acceso a todos los recursos y ellos devolvieron el favor pariendo lo que terminaría siendo su obra maestra: No Dice. El disco estaba casi al nivel de lo que habían hecho los propios Beatles: durante la grabación, el productor del disco tenía que mirar continuamente para cerciorarse de que los Beatles no se habían colado en el estudio y estaban grabando las voces ellos mismos. Así de similares sonaban en algunas canciones. No Dice fue otro éxito gracias al arrebatador single “No Matter What”, compuesto por Pete Ham, el líder de Badfinger y el miembro más brillante del grupo. Aquel extraordinario disco también contenía la desgarradora versión original –y también la mejor versión, por cierto— de la balada “Without You”.
El tercer LP del grupo, Straight Up, obtuvo nuevos éxitos a ambos lados de Atlántico y Badfinger hicieron su primera gira por Estados Unidos. Por si todo esto fuese poco, George Harrison les contrató para ejercer como banda de acompañamiento en su primer disco en solitario, que terminó siendo número 1 en ventas, y John Lennon también invitó a algunos de sus miembros para la grabación del legendario Imagine. Además, Without You se convirtió en un superéxito mundial de dimensiones insospechadas cuando la reinterpretó el cantante Harry Nilsson; de hecho, Without You fue el mayor negocio jamás iniciado por Badfinger (como dijo George Harrison por entonces: “No se me ocurre una canción más famosa ahora mismo”). Así eran las cosas para Badfinger a principios de los 70: el público les apreciaba, la prensa les quería, los ex-Beatles les mimaban, tenían varios éxitos a sus espaldas y una de sus canciones vendía millones. ¿Qué podía salir mal?
Cuando las cosas no cuadran

Durante el tour por Estados Unidos, uno de los miembros de Badfinger se enamoró de una chica americana: al terminar la gira se la llevó a vivir con él a Inglaterra. La chica, obviamente, esperaba encontrarse con una residencia lujosa y un estilo de vida desahogado: no en vano su nuevo novio se codeaba con los Beatles y había colado varios éxitos en las listas. Pero el asombro de la chica no conoció límites al ver que los Badfinger y sus respectivas parejas seguían viviendo juntos en la misma casa de siempre, en la que ni siquiera había televisión o nevera. Aquello no tenía ningún sentido: ¿unas estrellas del rock que no tienen dinero ni para cambiar de residencia? ¿Harry Nilsson se ha hecho millonario con Without You y ellos, que han escrito la canción, viven de la misma manera que cuando no eran nadie? ¿Dónde estaban los derechos de autor de Without You y el resto de sus éxitos? De hecho, los Badfinger no tenían dinero. Incluso comprar cuerdas nuevas para las guitarras suponía un problema. Pero eso no parecía importarles. Los cuatro músicos, en su infinita ingenuidad, pasaban el tiempo comportándose como niños y estaban tan encantados por grabar discos y salir de gira que ni siquiera se habían preocupado por las sustanciosas ganancias que ya deberían haber estado recibiendo.
Y eso significaba, por descontado, que alguien en su entorno sí se preocupaba por esas ganancias. Aquí es cuando entra en escena uno de los mayores desaprensivos en la historia de la industria musical: el manager de Badfinger, un estadounidense astuto y manipulador llamado Stan Polley. Aunque después se supo que tenía un pasado dudoso e incluso lazos con el crimen organizado, Polley era un tipo carismático y embaucador, y no tuvo problemas para conseguir que los inocentes miembros de Badfinger confiasen ciegamente en él. Polley creó Badfinger Enterprises para gestionar las finanzas del grupo y el resultado fue que ninguno de los músicos veía un céntimo. Pete Ham, el líder de la banda, era un individuo extraordinariamente confiado y las explicaciones que Polley le daba para justificar la falta de dinero le parecían convincentes, al menos al principio. El grupo llegó a renovar su contrato con Polley, a pesar de las advertencias de gente del entorno que contemplaba incrédula cómo los cuatro chavales se dejaban estafar impunemente. Pero ellos no tenían experiencia alguna de la vida, Badfinger había sido prácticamente su único mundo y eran felices sólo con el hecho de haber alcanzado la fama.
A Polley, mientras tanto, le molestaba la influencia que los ex-Beatles tenían sobre Badfinger. McCartney, Lennon y Harrison habían apadrinado al grupo y aunque no ejercían como managers sí eran una colaboración importante y una guía de referencia. Pero Polley quería tener control total sobre el grupo y se las arregló para que Badfinger abandonasen Apple Records, lo cual hicieron a regañadientes porque trabajando para los Beatles recibían un trato artístico privilegiado y se sentían como en su casa. Sin embargo, embaucados una vez más por el carisma de Stan Polley y por el hecho de que en otros lugares les ofrecían más dinero (aunque luego no llegase a sus bolsillos) cedieron y se marcharon a Warner Brothers.
Crónica de una muerte no anunciada

Una vez que el maquiavélico manager se hubo salido con la suya, le entraron la prisas por que Badfinger publicasen un nuevo disco… ya que así el grupo (es decir, él) podría recibir cuanto antes un suculento anticipo de la nueva discográfica, algo que poco después terminaría provocando un contencioso entre Polley y Warner. Las prisas resultaron contraproducentes: el nuevo disco, llamado sencillamente Badfinger, no resultó especialmente brillante y además coincidió en las tiendas con el último LP que habían grabado para Apple, titulado Ass. Con dos discos completamente diferentes en la calle compitiendo por un mismo público y confundiendo a los compradores, las ventas cayeron en picado. El grupo estaba disgustado y su líder Pete Ham anunció su intención de abandonar Badfinger. Pero Warner Brothers lo dejó claro: sin la presencia de Ham no seguirían trabajando con el grupo, así que para no dejar tirados a sus compañeros, Pete Ham decidió volver para grabar otro disco más. Tristemente, aquella decisión fue su sentencia de muerte.
Pese a toda la mala suerte y todos los reveses, Badfinger aún tenían energía para seguir intentándolo y grabaron Wish You Were Here, que resultó uno de sus mejores discos, casi tan bueno como No Dice. Obtuvieron muy buenas críticas y parecía que el disco iba a ser bien recibido por el público… pero la discográfica Warner ya había demandado a Stan Polley a causa de sus malas prácticas y el resultado fue ¡que Wish You Were Here fue retirado de las tiendas cuando acababa de ser editado! Naturalmente, sin el disco en los puntos de venta la grabación fue un completo fracaso comercial. Aquello era el colmo. La situación se volvió insostenible. Stan Polley se volvió a Estados Unidos con cualquier excusa y de repente los Badfinger se dieron cuenta del agujero en que estaban metidos.
“Ya no puedo querer al mundo”

Pete Ham, especialmente, comenzó a venirse abajo. Vivía con su mujer en una modesta casa para la que había tenido que firmar una hipoteca. Tenían un niño pequeño y estaban esperando un segundo hijo. Para Ham la vida había dado un giro muy surrealista: Harry Nilsson se había hecho multimillonario gracias a una de sus canciones y él, con todo su talento y sus éxitos, no podía ni pagar su casa. Tampoco podía seguir trabajando para Warner a causa del contencioso con su manager y ni soñaba con ser capaz de pagarse un abogado. Día tras día esperaba una llamada de su manager anunciándole que había conseguido un nuevo disco o una nueva gira para Badfinger en los Estados Unidos, pero esa llamada no llegaba nunca. Ham estaba desesperado; de hecho sus compañeros de grupo llegaron a ver quemaduras en su piel cuando iban a visitarle… tal era su desesperación que apagaba los cigarrillos sobre sus propios brazos. Finalmente, el único telefonazo que recibió fue para comunicarle que Stan Polley se había fugado con todas las ganancias y estaba ilocalizable. Aquella misma noche, mientras su mujer y su hijo dormían, Pete Ham –el hombre que escribió Without You, una de las canciones más bellas (y más rentables) de la historia— se ahorcaba en su garaje porque no podía hacer frente a la hipoteca. Era el 23 de abril de 1974, tres días antes de su cumpleaños. Dejó una nota de suicidio, que decía simplemente:
“Anne, te quiero. Blair, te quiero. Ya no puedo querer a todo el mundo y confiar en cualquiera. Esto es lo mejor. Pete. PS: Stan Polley es un cabrón desalmado. Me lo llevaré conmigo”.
El suicido de Pete Ham no solamente dejó helado a todo el entorno de Badfinger, sino que sacó a la luz las miserias de la maquinaria del éxito. Supuso una intolerable vergüenza para la industria del disco. Ham había hecho ricos a otros pero apenas siete años después de su debut discográfico nunca había tenido una libra en el bolsillo. Era el paradigma del artista romántico, un individuo sensible que vivía en su propio mundo y al que, a causa de su inocencia, se había explotado sin piedad. El grupo se deshizo, dado que estaban devastados y en aquel momento no parecía tener sentido continuar sin Pete, y sólo uno de ellos siguió ligado al negocio como anónimo músico de sesión en Gales. Los otros dos miembros – incluido el baijsta Tom Evans, que había ayudado a componer Without You— se quedaron en Estados Unidos realizando trabajos tales como la instalación de moquetas.
Retorno, disputas, royalties y más tragedia
FOTO: Badfinger 6
A final de los 70, unos músicos y fans del grupo convencieron a Tom Evans y al guitarra Joey Molland para que reformaran Badfinger y volvieran a la carretera. Entre 1979 y 1981 grabaron un par de discos que no obtuvieron demasiado éxito pero les sirvieron para retornar a los escenarios. Pero la antigua camaradería se había esfumado: Evans y Holland terminaron discutiendo, se separaron y cada uno de ellos formó su propia versión del grupo para seguir haciendo giras. Con lo cual, ¡había dos grupos llamados Badfinger haciendo conciertos al mismo tiempo! Las situaciones surrealistas relacionadas con Badfinger no tenían fin.
El conflicto fue resuelto por los tribunales: Joey Molland se salió con la suya y pudo seguir girando bajo el nombre Badfinger, mientras Tom Evans tuvo que resignarse y volverse a casa sin nada. Al menos había una buena noticia: Evans había empezado a recibir la parte de derechos de autor que le correspondían por Without You. Pero como era de esperar con un grupo cuyo nombre era ya sinónimo de mala suerte, la buena noticia duró poco. Durante los años de gloria y hermandad, los miembros de Badfinger habían hecho un pacto verbal por el que todos ellos recibirían la misma cantidad de royalties hubiesen participado o no en la composición de las canciones. Un pacto entre amigos que no tuvo consecuencias mientras Stan Polley fue su manager y les robó todos esos derechos de autor: no había dinero que repartir, así que tampoco había disputas. Pero ahora Tom Evans sí estaba empezando a cobrar y sus antiguos compañeros, así como Bill Collins, el primer manager del grupo (quien por cierto se negó a ayudar a Pete Ham en su momento) querían su parte proporcional. En base al antiguo pacto verbal, llevaron el asunto a los tribunales. Las cosas, como resultado, se complicaron aún más: Evans había tenido que disolver su versión de Badfinger, pero con ello –y aunque cumplía mandato judicial— había dejado colgado a algún promotor con el que ya había firmado contratos. El promotor le demandó por varios cientos de miles de dólares… una cifra que Evans no podía afrontar –jugándose ir a la cárcel y que su casa fuese embargada— y menos ahora que los derechos de autor de Without You estaban también bajo disputa judicial.
Hundido, Tom Evans –que nunca había superado el suicidio de su amigo— comenzó a obsesionarse con Pete Ham, hablando de él cada vez más a menudo y diciendo que ahora Pete estaba en “un lugar mejor”, al que también él preferiría ir. Cuanto más desesperada era su situación económica y más negro su futuro en los tribunales, más inestable se volvió su estado de ánimo. Llegó a llamar por teléfono a Joey Molland para, con tono desquiciado y entre reproches, amenazar con quitarse la vida. Y tal como había sucedido con Pete Ham siete años antes, Tom Evans se ahorcó aquella misma noche en un árbol de su jardín. El cuerpo fue descubierto por su hijo pequeño, que avisó a su madre diciendo “hay un señor colgado de un árbol y se parece a papá”. Aquel segundo suicidio resultaba todavía más chocante e inesperado. La gente cercana a Evans está aún convencida de que se ahorcó pensando que, si moría del mismo modo que Pete Ham, podría reunirse con él en alguna otra parte.
La maldición

En los años 90, Mariah Carey volvió a convertir Without You en un éxito mundial… y la publicación de la canción coincidió con la muerte de Harry Nilsson. Aunque la versión de Carey es –desde mi punto de vista— bastante irritante y ella tampoco solía tener el detalle de citar a los autores de la canción, lo cierto es que el nuevo éxito sirvió para reivindicar, al menos a pequeña escala, la importancia de Badfinger. Pero ni eso podía salir bien: en una ceremonia en la que la industria discográfica premiaba a Without You como canción del año, todos los miembros de Badfinger fueron citados como autores de la canción, lo cual molestó muchísimo a los familiares de Pete Ham y Tom Evans, ambos fallecidos y ambos únicos compositores del tema. Ni siquiera una ceremonia de celebración nostálgica podía salirles como es debido.
Con los años han vuelto a ser reconocidos y se les suele citar como pioneros del power pop, una definición bastante simplista –por no decir estúpida— cuando uno escucha discos como No Dice. Lo cierto es que, a pesar de toda su mala suerte y todas sus desgracias, Badfinger sí consiguieron ser los nuevos Beatles. Basta escuchar “I Can’t Take It”, la canción que abría aquel No Dice. Es difícil de entender cómo un tema así no se convirtió en un gran hit durante los 70, pero es que además ningún otro grupo ha sonado tan próximo a los Beatles, nunca. Los juegos de voces, los arreglos, la estructura de la canción… a nadie le hubiese sorprendido encontrársela en mitad del Abbey Road o el White Album. Lo realmente fascinante de Badinger es que, a diferencia de muchos imitadores de los Beatles (y lo siento por los fans de Oasis), no sólo tenían un inconmensurable talento sino que supieron captar la esencia de sus ídolos. Quizá no eran tan versátiles ni dominaban tantos registros como los Beatles, pero cuando querían sonar beatleianos no se trataba de una simple imitación, sino que lo llevaban en el ADN.
Pero todo esto también forma parte de su maldición y de su aura: ser recordados únicamente como “los pioneros del power pop” o ser ignorados por los millones de individuos que han escuchado las diferentes versiones de Without You hechas por otros artistas, todas inferiores e infieles al espíritu de la original. Cuando Pete Ham cantaba la estrofa inicial con voz tristona y Tom Evans berreaba con desesperación el estribillo… eso es algo que no pueden igualar los gorgoritos de Mariah Carey. Y lo peor es que a casi nadie le importa, e incluso hay gente que prefiere la versión de Nilsson ¡e incluso la de Carey! Incluso habrá quien prefiera la terrorífica carnicería perpetrada por Il Divo.
Por descontado, todo eso no tiene ningún sentido, pero si no hubiesen tenido tan mala suerte no hubieran sido Badfinger.  Hay historias que, sencillamente, no podían terminar bien.
Tomado de: Jot Down. Contemporary Culture Mag.