Ronald Dominique: monstruo de pantano

POR José Luis Durán King
Nadie sospechaba que el hombre del bastón fuera uno de los peores asesinos seriales de Estados Unidos. Las víctimas de Ronald Dominique fueron en su mayoría homosexuales de Louisiana

Como el británico Dennis Nilsen y de su coterráneo Jefrrey Dahmer, el estadounidense Ronald J. Dominique buscaba afecto en los bares gay. Ninguno de ellos lo encontró. Lo que hallaron fue el camino a una posteridad oscura producto de sus crímenes.
Dominique nació en 1964, en el llamado Blue Bayou, en el asentamiento Thibodaux, al suroeste de Nueva Orleans. De su vida pre criminal no se tienen muchos datos, salvo que pasaba mucho tiempo en los márgenes de la pequeña comunidad, una zona pantanosa entre Nueva Orleans y Baton Rouge. Fue en ese lugar donde cursó sus estudios hasta la high school, una etapa en la que lo único sobresaliente fue su participación en el coro estudiantil. Sin embargo, sus compañeros de entonces no lo recuerdan por su voz meliflua, sino por la forma en que lo ridiculizaban sus condiscípulos a causa de su evidente homosexualidad, que él siempre negó.
Al llegar a la edad adulta, Dominique tenía bien claro que le gustaban los hombres, pero aun así intentó ocultar durante el día su preferencia, ayudando a sus vecinos en diferentes labores domésticas, como arreglar instalaciones eléctricas o tuberías rotas. Pero la noche era suya y no dudaba disfrazarse de Patti LaBelle, la famosa cantante afroamericana de soul, cuyo mayor éxito, irónicamente, fue una joya de la música disco titulada “Lady Marmalade” (1974), reinterpretada en 2001 por las cantantes Christina Aguilera, Lil’ Kim, Mýa y Pink, para la banda sonora de la película Moulin Rouge.
Sin oficio ni profesión, Ronald Dominique alternaba sus estancias en casa de su madre o en la de sus familiares cercanos. Para cerrar el círculo de su miseria, sus dolencias cardiacas lo obligaban a apoyarse en un bastón que lo hacía ver mayor de lo que realmente era. Su última etapa como hombre libre la pasó con su hermana en una casa remolque, la cual abandonó cuando intuyó que su captura estaba próxima. Más adelante, Dominique confesaría que se fue porque no quería que ninguno de sus familiares estuviera cerca cuando la policía llegara y explicara lo que él hacía en sus tiempos de transformación.
La foto de la esposa

Pese a sus desventajas físicas, Dominique se las arregló para atraer a sus víctimas. En los bares gay elegía hombres desamparados, de la calle, en un rango de edad de 19 a 40 años. Cuando estaba seguro de que los individuos eran homosexuales, simple y directamente les pedía que tuvieran sexo por dinero. Si se percataba que eran heterosexuales, les decía que deseaba ver a su esposa teniendo relaciones con otro hombre. De hecho, les mostraba la fotografía de una mujer bastante atractiva. Pero en este truco había un pequeño detalle: Dominique nunca se casó, y menos con una mujer.
En 1997 el equipo de rescates de la policía recuperó de una tumba clandestina a flor de tierra el cadáver de un individuo, del cual semanas más tarde se supo que pertenecía a David Leyron Mitchell, de 19 años. Había sido asesinado seis meses antes de su hallazgo. Menos de un año después, en julio de 1998, las autoridades desenterraron el cuerpo de Larry Ranson, de 38 años. Y la cifra creció, y las similitudes entre los asesinatos también, entre otras que los hombres eran clientes frecuentes de bares gay, pertenecían a un sector económicamente desprotegido, todos habían muerto asfixiados, y la mayor parte de ellos no tenía zapatos al momento de ser encontrados.
Las autoridades de Louisiana se dieron cuenta de que se las veían con un asesino en serie, por lo que pidieron ayuda al FBI, el cual, entre sus primeras acciones, integró una fuerza especial de cacería humana.
Un hombre con un cordón enrollado al cuello que se arrojó por la ventana de un hotel de paso fue el que proporcionó la media filiación que finalmente condujo a la detención de Ronald J. Dominique, quien para entonces había matado a 23 hombres. Confesó que sólo asesinó a los individuos que aceptaron ser maniatados mientras eran sodomizados. Una vez que terminaba el acto sexual, los estrangulaba, con la justificación de que no quería que sus preferencias lo llevaran a la cárcel. El criminal se deshacía de los cuerpos en lugares que conoció mientras fue repartidor de pizzas. No supo qué responder a la pregunta de por qué les quitaba los zapatos antes de enterrarlos. Dominique purga cadena perpetua en la Penitenciaría Estatal de Angola, Louisiana.