El sueño de los gusanos

POR Óscar Garduño Nájera
No puedo dormir. Me imagino dentro de una caja de muerto con cientos de gusanos saliendo de mi nariz y mis ojos. Mi papá es un fantasma y llora; mi madrastra no llora porque felicita a mi hermanastra por ese diez que sacó en la escuela
(mamasemptynest.com)
¡Mi hermanastra es una pesada! Me molesta a cada rato, dentro de la casa. Cuando salgo se asoma por la ventana y no me quita la mirada de encima, no deja de perseguirme con esos dos ojotes que parecen de loca. ¡Basta! Llego a la esquina, volteo, ahí está, asomada, espiándome; decido ir al terreno baldío y entonces corro con todas mis fuerzas hasta que su mirada ya no me encuentra.

Me gusta ver cómo aparecen. Son lentas, pero cuando uno las ve, corren a  esconderse entre la hierba y la basura. ¡Lástima! Piensan construir unos edificios aquí y ya no las podré ver.
¡Es una malvada! Dijo que yo había roto su cuaderno de matemáticas y mi madrastra se enojó mucho y me jaló de las orejas. Ella se reía de mí.
Luego por las noches entra a mi recámara, se sienta en la orilla de mi cama y dice: “Te vas a morir un día de estos porque los niños tontos se mueren rápido, te van a salir gusanos blancos por la nariz y por los ojos y tu panza se va a retorcer como un pedazo de chicharrón”. Grito que me deje en paz y me escondo debajo de las cobijas. Luego me destapo: ya se fue.
No puedo dormir. Me imagino dentro de una caja de muerto con cientos de gusanos saliendo de mi nariz y mis ojos. Mi papá es un fantasma y llora; mi madrastra no llora porque la felicita a ella por ese diez que sacó en la escuela.
El otro día la vi cerca del terreno baldío. Cuando se fue me acerqué y encontré dos ratas muertas. Todo ese día estuve triste.
Salieron de compras. Me metí debajo de su cama y encontré un botecito con polvitos negros. Ellas regresaron… ¡fiuuu!, tantito más y me cachan.
Sin que mi madrastra se diera cuenta eché los polvitos negros dentro de la olla de la sopa.
Hoy no voy a comer.
Sacaron espuma por la boca y los ojos se les voltearon al revés luego de que se les pusieron amarillos. “Los gusanos les van a salir a otras”.
El resto de la tarde comí palomitas, jugué a los vaqueros y vi televisión, tranquilo porque sabía que los gusanos no me iban a salir a mí.

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