La obsesión por los traseros grandes

POR Rajini Vaidyanathan
Los cirujanos advierten sobre los riesgos de la intervención quirúrgica que agranda los glúteos hecha por no profesionales, tras la muerte de una mujer de 20 años que recibió inyecciones de silicona
(blog.bt-store.com)
Para algunas personas, la filosofía no es otra que, entre más grande, mejor. Pero a Claudia Aderotimi el deseo por un trasero más curvilíneo la llevó a la muerte. La estudiante, que vivía en el norte de Londres, viajó a Filadelfia para someter sus glúteos a inyecciones de silicona, pero murió tras sufrir dolores en el pecho y problemas respiratorios desencadenados por la operación.

Los policías que investigan su muerte creen que la joven contactó, antes de viajar a Estados Unidos, a través de Internet y por medio de llamadas y mensajes de texto, a quien le suministraría el servicio.
Aunque la inyección de silicona líquida para fines cosméticos está prohibida en Estados Unidos, existe un floreciente mercado negro que comercializa con la sustancia. Para muchos los riesgos que implican las inyecciones bien valen la pena. Todo con tal de tener unos glúteos atractivos.
En varios sitios de Internet, cibernautas comparten sus experiencias sin tapujos. “Quiero tener uno de esos traseros grandes que hacen voltear las miradas y que los hacen babear. Estoy bromeando, sólo quiero tener lo suficiente para llenar mis jeans”, se puede leer en uno de los mensajes.
“Me han inyectado antes. Me inyecto cada seis meses. Es la primera cosa que enloquece a los hombres”, escribió otra chica, que dice ser una bailarina.
Traseros irresistibles

Algunos expertos del mundo de la farándula y del entretenimiento consideran que existe una gran presión para lucir como estrellas que se distinguen por tener traseros llamativos, como Jennifer López, Nicki Minaj, Buffy Carruth y Beyonce Knowles. Eso, señalan, hace que muchas jóvenes opten por las cirugías plásticas.
Como cantante y actriz que participa en videos musicales, Tassie Jackson asegura que la necesidad de cumplir con ese parámetro se hace cada vez más fuerte. “Personalmente no me he sometido a ninguna (cirugía plástica) y tampoco lo haría. Pero, en la sociedad actual y en el mundo en el que vivimos, muchas mujeres sienten la competencia y la necesidad de exaltar sus características”, explica.
“Hay mucha presión para lucir como nuestros íconos favoritos y como nuestros ídolos”. Algunos artistas buscan mujeres con “más curvas” cuando escogen a las bailarinas que forman parte de su video musical, añadió la actriz.
Las referencias al llamado booty (un término coloquial que se deriva de la palabra en inglés bottom, o trasero) es una constante en las letras de las canciones de rap y hip hop. Beyonce Knowles incluso usó la palabra Bootylicious, una fusión de booty y delicious (delicioso) para reforzar la importancia de la cualidad.
El término aparece incluso en la nueva edición del Diccionario de Inglés de Oxford. Textualmente dice: “Con frecuencia referido a las nalgas: sexualmente atractivo, sexy, bien proporcionado”.
Pero, no son sólo las jóvenes que están inmersas en la cultura del hip hop las que anhelan un trasero más grande. El número de procedimientos para incrementar el tamaño de las nalgas va en aumento y no discrimina edades. De acuerdo con la Sociedad Estadounidense de Cirugía Plástica y Estética, en 2009, en ese país, se registraron más de 5 mil procedimientos legales de levantamiento de glúteos e incorporación de implantes en las nalgas.
Figura

Es muy difícil determinar cuántos tratamientos ilegales se llevan a cabo, pero la Agencia de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) señaló que el número de casos que provocaron lesiones graves o incluso la muerte también ha subido.
El doctor Constantino Mendieta, un cirujano plástico que se especializa en realizar implantes en las nalgas, piensa que el origen de la tendencia actual data del ascenso al estrellato de la actriz y cantante Jennifer López, en los años 90. “Ella mostró qué bien se puede lucir cuando tienes las curvas ideales”, indica Mendieta.
“No es que antes no viéramos las nalgas, pero era una especie de tabú. Ella llamó la atención de un buena manera”, explica el médico.
Las solicitudes recibidas por Mendieta, quien tiene su consultorio en Miami, para someterse a las operaciones de levantamiento de glúteos, en las que se usa la grasa de otras partes del cuerpo para agrandar las nalgas, se ha multiplicado por 20 en la última década.
Sin embargo, el costo de la operación es inalcanzable para algunas mujeres: 14 mil dólares, lo que pudiese conllevar a que algunas elijan opciones más baratas, que pueden resultar peligrosas.
“Muchas personas no tienen la licencia para realizar estos procedimientos. Aplican las inyecciones en hoteles, apartamentos y centros de belleza. Se trata de ambientes no esterilizados”, señala el doctor.
Diferencias culturales

Myra Mendible, una historiadora social, señala que diversas técnicas para aumentar el tamaño del trasero han formado parte del mundo femenino por años. En el siglo XIX, las mujeres usaban polisones –unos armazones que se ataban a la cintura— para exagerar sus curvas.
Paradójicamente, apunta Mendible, las personas con traseros grandes también han sido víctimas de ridiculizaciones y burlas en muchas culturas. Uno de los ejemplos más estremecedores es el de la Venus Hotentote, una joven africana que fue secuestrada y exhibida por Europa en la época colonial por tener nalgas grandes.
“Se trataba de un espectáculo casi monstruoso”, dice la historiadora. “La paseaban y la exhibían como un ejemplo de lo que hacía a las mujeres africanas diferentes”.
Hoy, los procedimientos, legales e ilegales, para aumentar el tamaño de los glúteos son más frecuentes entre las comunidades afroamericanas e hispanas y entre transgéneros.
De acuerdo con la académica, el cuerpo de la mujer siempre ha sido un indicio de las aspiraciones de la sociedad: la delgadez muscular es preferida en los países capitalistas, mientras que las curvas amplias son más admiradas en lugares más pobres, como su nativa Cuba.
“Allá, la delgadez es asociada con la pobreza, no es un signo de belleza. Para los cubanos, un cuerpo voluptuoso es un signo de buena salud y de fertilidad”, abunda Mendible.
Tomado de: BBC Mundo. Febrero 20.2011.