Mujeres, ese blanco histórico

POR Gabriel Ríos
Cuando el 30 de enero de 1993 un anciano que cuidaba chivas localizó en el Cerro Bola de Ciudad Juárez, Chihuahua, el cadáver de una niña de 12 años, nunca hubiéramos imaginado que comenzaría una lista de homicidios y violencia sexual contra cientos de mujeres
(elboomeran.com)
Las casi mil mujeres, entre asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez, Chihuahua, de 1993 a 2011, de la manera más cruel posible reaparecen únicamente para cubrir estadísticas, ser números, objetos. Sus nombres con apellidos refuerzan la impunidad del Estado mexicano, ya que la misoginia desatada no sólo produce violencia en forma general contra esas víctimas descritas en 1996 por el jefe del Departamento de Averiguaciones Previas de Ciudad Juárez, Chihuahua, Hernán Rivera, como menores de edad, morenas con cabello largo de color negro. Por aseveraciones tan inútiles e inocuas se han distorsionado cada vez más las coberturas informativas de los crímenes, escribe con énfasis el crítico, ensayista y novelista Sergio González Rodríguez en su libro Huesos en el desierto.

Algo insólito y terrible ocurre a centenares de mujeres en México, que han sido despojadas de lo propio –sus cuerpos violados, estranguladas, mutiladas por miserables que no se detienen. En el caso de que no se resuelva esta brutalidad seguiremos escribiendo notas, libros, crónicas, películas como la de Señorita extraviada, hablando de los síntomas de ineficacia e impunidad que padece el Estado mexicano. Esos actos sacrificiales fuera de serie, que los ejecutan, por supuesto, hombres, si se les puede nombrar de alguna manera a esa baja denominación de seres, son más que desencuentros con la mujer.
En este sentido, los políticos en turno llegan a ser por demás obtusos si retomamos nada más por el momento las crónicas del corresponsal del periódico La Jornada en Ciudad Juárez, Rubén Villalpando, que el 28 de marzo de 1996 redactó: “Fueron localizados en la colonia Lomas de Poleo, a seis kilómetros del centro de Ciudad Juárez, los cuerpos sin vida de dos menores de edad, violadas y estranguladas, sin que el responsable haya sido identificado o capturado.” Agregaba el reportero que con los dos cuerpos llegaban a seis el número de víctimas localizadas en un mes en esa colonia marginal que se encuentra a menos de un kilómetro de la frontera con Estados Unidos.
La víctima cero
(elchahuistle.com)
Cuando el 30 de enero de 1993 un anciano que cuidaba chivas localizó en el Cerro Bola de Ciudad Juárez, Chihuahua, el cadáver de una niña de 12 años, nunca hubiéramos imaginado que comenzaría una lista de homicidios y violencia sexual contra cerca de 400 mujeres.
De las 85 víctimas registradas hasta 1997, 20 eran adolescentes y niñas menores de 15 años y el resto no rebasaba los 22. La incapacidad policiaca comandada por Francisco Minjares, quien atendió la demanda de Blanca, una sexoservidora que acusó al egipcio Andel Latif Sharif Sharif de haberla secuestrado y de intentar violarla en una residencia del exclusivo fraccionamiento Rincones de San Marcos, aseguró a los verdaderos y potenciales asesinos expresar su fuerza global, su gran repulsa por lo femenino. Es decir, con el argumento facilón, estúpido, de que el egipcio era el responsable de los asesinatos e incluso cuando estaba encerrado, decía Minjares o cualquier otro policía en turno lo repetía, el homicida seguía enviando mensajes al exterior, a bandas a su cargo, que obedecían sus designios.
Desde ese momento se hicieron indispensables para la prensa nacional los asesinos que muy a gusto consiguieron un buen espacio en los medios de difusión, al lado de los múltiples secuestradores en el país. Los delincuentes siempre cuentan con la policía, reflexiona Sergio González Rodríguez en su documento Huesos en el desierto. Efectivamente, pues no hay nada más antisocial que la cultura de la ética.
La posición de Margo Glantz, ensayista y novelista, valiente mujer que en la presentación del libro de Sergio González Rodríguez, el 27 de febrero de 2003, dijo que al abrir el 20 de febrero La Jornada se encontró con la noticia de que la niña Berenice Delgado Rodríguez, desaparecida el 10 de febrero del mismo año cuando salió a comprar un refresco en una tienda cercana de su casa, diez días después fue localizada muerta con golpes en el cuerpo y lesiones de arma blanca. Las declaraciones del comandante de la policía judicial del Estado no tienen nombre, lo menciona Glantz, pues deletrea su cinismo: “La seguridad de Ciudad Juárez está garantizada por mi dirección y negar lo contrario provocaría una psicosis y la situación se agravaría aún más. Si corremos la voz de que hay peligro, los inversionistas y el turismo saldrían huyendo y eso sería como estarnos traicionando. No podemos ser tan extremistas, en Ciudad Juárez no pasa nada, para eso estoy yo.”
Funcionarios, en el mismo rasero
(zukre.blogspot.com)
La reflexión del Margo Glantz al respecto pone en el mismo rasero a los asesinos, violadores y funcionarios policiales, así como a las más altas autoridades del país, que manifiestan en su anonimato y en su indiferencia criminal, el desprecio infinito que sienten por el cuerpo prescindible de la mujer, por la mujer, en suma. Al pensar sobre el horror de la muerte de esas mujeres, la periodista María Teresa Priego se pregunta ¿cómo se entra en un duelo semejante? ¿Cómo se vela a una hija asesinada en la tortura? ¿Cómo se vive cuando esa persona muerta se convierte para los demás en un número, es un expediente postergado?
Una de las editoriales de Carmen Lira Saade, directora del periódico La Jornada, la del 19 de febrero de 2003, coloca a México en la perspectiva de convertirse en un país de cínicos, en el cual la vida humana, especialmente si pertenece a grupos vulnerables, como mujeres, pierda su valor intrínseco, en el que la ley de la jungla obligue a volver la vista hacia otro lado cada vez que se comete un asesinato, y en el que la legislación y los valores éticos esenciales sucumban ante la ineptitud, la corrupción, el pasmo y la falta de voluntad política de las autoridades.
Lira Saade comenta que han transcurrido diez años desde que en esa ciudad fronteriza y maquiladora ocurrieran los homicidios iniciales de lo que es, a estas alturas, un exterminio regular de muchachas jóvenes, trabajadoras de la maquila en su mayor parte, pobres casi todas ellas, y migrantes en muchos casos. “En esa década en la que se han sucedido tres presidentes de la República, otros tantos gobernadores chihuahuenses y un sinnúmero de presidentes municipales, procuradores federales y estatales, así como jefes y comandantes policiales, las sociedades de Ciudad Juárez, de Chihuahua y del país han clamado, inútilmente, por el esclarecimiento de los asesinatos, la ubicación y el castigo de los culpables, y el cese de esos homicidios indignantes.”
Hace más de 35 años Larissa Lomnitz se preguntaba quiénes son los marginados en México, si nada más los desempleados crónicos, los excluyentes del sistema económico y social, pensando que la marginalidad se encontraba íntimamente relacionada con la marginación masiva rural-urbana. Los marginados, en su mayoría, ahora lo sabemos, son las mujeres asesinadas vendiendo su mano de obra barata en las maquiladoras asentadas en la cintura México-Estados Unidos. De hecho, podría tres décadas después ser la respuesta que buscaba Lomnitz, que quizá también pensaba en el simple hecho de ser mujer.
Si nos apoyamos en el comentario que hacía Margo Glantz en la presentación del libro Huesos en el desierto de Sergio González Rodríguez, mucho antes Simone de Beauvoir influyó de manera determinante en Bety Friedan, mujer norteamericana casada con un hombre ambicioso, fiel, cooperativo, corresponsable, y sin embargo ella experimentaba un vacío interior, automatismo en sus actos, la falta de sentido de sus propósitos. En la crisis es cuando Friedan se decide a escribir inspirada en La mujer rota, ese valioso texto titulado La mística femenina, con el que expulsa muchas inconformidades y sirve de base a un movimiento emancipador.
Discriminación profunda
(miregionletras.wordpress.com)
La historia de las mujeres es, en primer lugar, la historia de la formación de su represión y de la ocultación de ésta, escribiría en su momento Andree Michel. Seguimos pensando que la mujer de hoy se encuentra inmersa en un sistema patriarcal y sufren sus desastrosas consecuencias. Lo que más urge, apremiaba Michel en 1979, es un análisis de la acumulación a escala mundial, pues se sabe que el subempleo es la parte más importante de la plusvalía obtenida de la explotación a escala mundial. En esa línea de ideas, las mujeres obreras es el grupo más vulnerable de lo vulnerable, cuya producción mercantil y no mercantil es el elemento más decisivo para la acumulación de ganancias realizadas por las multinacionales.
Justamente lo pensaba y expresaba la escritora mexicana Rosario Castellanos en  un ensayo publicado en la revista Diálogos de 1972, de la ruptura e inconexión histórica en ese ámbito donde viven las mujeres, el de la moral, pues habría que recordar, apunta Castellanos, que para san Pablo la mujer era un animal enfermo, y para Santo Tomás un varón mutilado.
Volviendo al caso que nos ocupa, Amnistía Internacional ha puesto énfasis en el hecho de ser mujer. Reporta que las autoridades de México en los últimos 20 años han tratado los crímenes como violencia común en el ámbito privado, sin reconocer la existencia de un patrón de violencia persistente contra la mujer que tiene raíces más profundas basadas en la discriminación.
Finalmente quiero dejar claro que no nada más en Ciudad Juárez suceden asesinatos de mujeres. En la Ciudad de México de 2001 a 2011 se han cometido más de 600, considerando que ésta tiene una población de 25 millones de habitantes y Ciudad Juárez quizá esté llegando a los 2 millones. Apoyo a las madres de las asesinadas y a la clase obrera de México. En el sentido se deben investigar, como lo decía Margo Glantz, con el mismo rasero a asesinos, violadores, funcionarios y autoridades federales del país que se rehúsan por motivos técnicos a intervenir en el caso, no obstante la participación del FBI desde la vecina ciudad de El Paso Texas.