Émile Louis: sadismo y mujeres discapacitadas

POR José Luis Durán King
Nadie sospechaba de él, y aunque confesó el asesinato y desaparición de siete mujeres con deficiencias mentales, su condena llegó por otro delito
(actualite.nouvelobs.com)
Émile Louis jamás conoció a sus padres. Fue abandonado días después de nacer, por lo que pasó su infancia y adolescencia adscrito al sistema del Departamento de Asuntos Sociales de Francia (DASS), cuyas instalaciones albergan lo mismo a menores abandonados, que de la calle o con problemas en la cabeza.
Al terminar su periodo lectivo, el joven decidió salir al mundo, enrolándose en la Legión Extranjera, con la que participó en la guerra de Indochina, donde fue merecedor de varias condecoraciones gracias a su obediencia y arrojo.

Al regresar del frente, Émile se dio cuenta que los galardones obtenidos en el campo de batalla sirven de muy poco en la vida civil, por lo que decidió volver al origen, adaptando su casa para recibir menores de la DASS, eligiendo a mujeres con algún tipo de deficiencia mental. Para transportarlos, el hombre consiguió ayuda de la institución y compró un autobús tipo escolar.
Émile Louis no era un individuo tranquilo, capacitado para tener a su cuidado a personas especiales. Más bien había agredido a algunas de ellas. En 1981 y 1989, por ejemplo, fue acusado de abusar sexualmente de dos niñas menores de diez años. Asimismo, tiempo después su esposa, Gilberte Leménorel, cansada de la inestabilidad y violencia de su marido lo hizo internar en un centro psiquiátrico. El remedio resultó peor que la enfermedad. Al terminar su “terapia” en el psiquiátrico, Émile regresó a casa con algunas variaciones en su conducta: sufría “pulsiones” en las noches de luna llena, que se acentuaban en primavera y verano.
Sospechas sin atender
(20minutes.fr)
No son raros los casos de abuso en los albergues de niños en orfandad, de la calle o con algún tipo de discapacidad. En México aún está en curso, por ejemplo, el asunto de Casitas del Sur, en el que las autoridades investigan un presunto tráfico de menores, vinculado a una red de tratantes que se extiende incluso a escala internacional.
En Francia, en 1992, Pierre Charrier, director de una asociación de asistencia para jóvenes discapacitados llamada APAJH, fue sentenciado a seis años de prisión después de que se comprobó que había violado a una de sus asistidas de 23 años. En este caso, los medios locales hicieron notar la lentitud de reacción de las autoridades judiciales, ya que existían alegatos de las anomalías en torno al manejo asistencial de Charrier. Sin embargo, más que negligencia o incompetencia se habló de un posible involucramiento de gente bien conectada perteneciente a una red que abastecía mujeres a clientes con gustos sádicos.
Entre 1975 y 1980 era común el ingreso y salida de personas discapacitadas en la casa de Louis. Nadie, aparentemente, sospechaba que algunas mujeres hubieran desaparecido. Nadie, excepto, el gendarme Christian Jambert, quien fue el primero en sospechar que algunas de las mujeres que supuestamente se “habían marchado con el novio” en realidad estaban desaparecidas. Sus suspicacias no fueron apoyadas por sus superiores, por lo que en 1984 Jambert entregó un reporte oficial sobre la desaparición de mujeres, asignando a Émile Louis como el sospechoso principal.
En 1997, sin que su demanda hubiera prosperado mucho, Jambert fue encontrado muerto en su domicilio. Las autoridades determinaron que el hombre se había suicidado, aunque un examen realizado a su cráneo en 2004 señaló la presencia de dos proyectiles en zonas que el ingreso de cualquiera de ellos hubiera sido mortal de necesidad.
Fue hasta 2000 que Émile Louis, aduciendo que su mente lo atormentaba, confesó el asesinato y desaparición de siete mujeres de entre 16 y 22 años. Todas sufrían de alguna discapacidad y todas fueron violadas antes de morir. Cuando se preguntó a Louis sobre el tema respondió que “sólo quería acostarse con las chicas que eran poco espabiladas, pero no inocentes en el terreno sexual”. La desaparición de las mujeres ocurrió cuando eran transportadas en el autobús del hombre.
De los siete cuerpos enterrados cerca de un río, sólo dos fueron recuperados. Louis sabía que, de acuerdo con las leyes de su país, un crimen prescribe a los diez años. Lo que no leyó fueron las letras chiquitas del código penal, que se refieren que, en caso de asesinato, los cuerpos de las víctimas deben ser encontrados. Para mala suerte del asesino, las constantes subidas del río terminaron por llevarse los restos de las cinco mujeres restantes. Pero no fueron los asesinatos lo que derivó en la condena de 20 años de cárcel para Émile Louis, sino la demanda que interpusieron su esposa e hijastra por maltrato y tortura.