La muerte de Kitty Genovese: apatía de una sociedad

POR Roberto Arteaga
El asesinato de esta mujer ha sido estudiado por varios investigadores en psicología. La falta de reacción de los vecinos fue denominado por los especialistas efecto de difusión de la responsabilidad o efecto espectador
Apatía.
(Del lat. apathīa, y este del gr. ἀπάθεια).
1. f. Impasibilidad del ánimo.
2. f. Dejadez, indolencia, falta de vigor o energía.
(riverdaughter.wordpress.com)
Catherine Susan Genovese, más conocida como Kitty Genovese, contaba con 28 años el 31 de marzo de de 1964, día en el que tristemente se hizo famosa. Sobre las 3 de la madrugada, recién acabado su turno de trabajo en uno de los bares de Manhattan, se dirigió en coche a su casa en el popular condado de Queens. Se apeó y acto seguido un desconocido se abalanzó sobre ella acuchillándola dos veces.

Este caso figura en los libros de historia de conducta social por lo acontecido durante los interminables 35 minutos que pasaron desde que comenzó la agresión hasta que se personaron en el lugar de los hechos tanto la policía como los servicios de emergencia sanitarios. Kitty, nada más recibir la primera agresión por parte de Winston Moseley, comenzó a pedir socorro y a implorar auxilio a los vecinos de los bloques circundantes, quienes comenzaron a salir a las ventanas al oír los alaridos. Sólo uno de ellos gritó: “¡Deje en paz a esa muchacha!” En ese momento Moseley se refugió en un callejón cercano para evitar ser identificado, dejando a Kitty malherida en el suelo con sus gritos de dolor y súplicas de ayuda.
Durante el cuarto de hora siguiente a la agresión, y mientras Moseley estaba escondido en el callejón, ningún vecino bajó a la calle a socorrerla. El asesino, al ver que nadie se preocupaba por ella y libre de miradas sospechosas, buscó a  Kitty por las inmediaciones del lugar de la agresión; aparcamiento, estación de trenes cercana y portales del edificio, hasta encontrarla tumbada malherida en el portal de la librería situada en los bajos del bloque de viviendas. Durante todos esos minutos le dio tiempo a acercarse a su coche y cambiar la media que llevaba en la cabeza por un sombrero tirolés. Mientras, según relataron los vecinos tras la posterior investigación, Kitty no paró de gritar “¡Me muero! ¡Me muero!”
Moseley levantó la falda de la mujer, le cortó la ropa interior y la violó (fue condenado a pena de muerte por otros dos homicidios en los que había practicado la necrofilia. En el juicio, declaró: “Tenía la menstruación”). Le robó los 49 dólares que llevaba en la cartera y se marchó sin que nadie hiciera algo por detenerlo. Tras esta agresión sexual volvió a propinar otras dos puñaladas, éstas mortales de necesidad.
No se pudo hacer nada para salvar la vida de Kitty: murió en la ambulancia que la llevaba al hospital. El examen psiquiátrico de Moseley demostró que era un necrófilo. Fue condenado a pena de muerte por asesinato. Desde prisión concedió varias entrevistas, convirtiéndose casi en una estrella mediática por el revuelo que levantó el caso en la sociedad estadounidense.
Difusión de la responsabilidad
(myspace.com)
Dos semanas después, el periódico The New York Times, a través de su editor A.M. Rosenthal, (posteriormente escribió toda la historia en el libro Treinta y ocho testigos: el caso de Kitty Genovese) sacó a la luz este espantoso caso, denunciando la falta de sensibilidad de los vecinos al no acudir en su auxilio o por llamar tan tarde a la policía. De acuerdo con los datos extraídos de la investigación del caso, hasta 38 vecinos la oyeron gritar en algún momento u otro pidiendo auxilio, pero nadie hizo nada hasta después de más de media hora, cuando Karl Ross, la primera persona que salió en auxilio de Kitty, bajó a la calle a ver qué había sucedido. Como explicó posteriormente, había llamado a la policía después de mucha deliberación. Primero había contactado con un amigo policía en el condado Nassau para pedirle consejo y después llamó. Según comentó en el juicio, no quería implicarse.
Este caso fue estudiado por varios investigadores en psicología. La falta de reacción de los vecinos fue denominado por estos especialistas efecto de difusión de la responsabilidad o efecto espectador, aunque ha pasado a ser más conocido como Síndrome Genovese. Quizá el análisis más importante sobre este hecho fue el realizado por los doctores John Darley y Bibb Latané, quienes llegaron a la conclusión de que “contrariamente a las expectativas comunes, a mayor número de espectadores observando a alguien en peligro, menor es la probabilidad de que alguien asuma la responsabilidad de dar el primer paso para ayudar a esa persona”. Las razones aportadas para llegar a estas conclusiones incluyen el hecho de que los espectadores ven que otros no están ayudando tampoco, que creen que alguien habrá más cualificado para ayudar, y que se sienten inseguros sobre cómo ayudar, mientras otros están mirando. El caso de Kitty Genovese se convirtió así en un contenido clásico de la psicología social en libros de texto.
Cultura de la violencia
(homicidesquad.com)
Muchos perciben este caso como una evolución de la cultura de la violencia y la apatía en la sociedad norteamericana. Otros opinan que fue una noticia inflada por el Times para vender periódicos y que fue un caso mas como tantos otros que se dan a diario en las calles de Estados Unidos.
La historia de Kitty Genovese ha sido muchas veces aludida en la cultura americana. Películas, libros, canciones y comic se han hecho eco de ella de una u otra manera. En el conocido comic Watchmen de Alan Moore, el personaje Rorschach se convierte en vigilante tras presenciar el asesinato de Genovese. Joan Baez compuso su canción In the Quiet Morning inspirada en el caso. En la película Halloween (1978) es el personaje de Laurie Strode quien pide ayuda mientras es perseguida por el psicópata Michael Myers, pero es ignorada por sus vecinos, está basado también en el caso de Kitty. En 1998 se estrenó un exitoso musical en Broadway titulado Los gritos de Kitty Genovese, que recoge las últimas horas en la vida de la víctima. Estos son sólo unos de los ejemplos de las muchas referencias que ha habido a esta historia en a cultura norteamericana.
Tomado de: En la trébede. Noviembre 18, 2010.