Stephen Griffiths: él era uno de ellos

POR José Luis Durán King
El homicidio de una prostituta condujo a la aprehensión de un doctor en psicología, académico universitario especializado en mentes criminales, que resultó ser un psicópata de alta peligrosidad y un caníbal
(anorak.co.uk)
Nuevamente Yorkshire, la ciudad británica donde Peter Sutcliffe impuso un reino de terror al asesinar a 13 mujeres. Nuevamente, una cámara de vigilancia captó discretamente al predador tras su presa. Nuevamente, un asesino serial en el Reino Unido.

Era la madrugada del 21 de mayo de 2010, aparentemente nadie había visto nada. Fue hasta que el vigilante de un edificio observó las grabaciones de los días anteriores cuando una secuencia llamó su atención: un hombre persigue a una mujer; ésta corre llena de miedo; grita, aunque el sonido de sus alaridos no se escucha, sólo se ven sus muecas en el video. El individuo la alcanza y golpea a su víctima antes de desaparecer de cuadro. Pasan los minutos, la mujer sigue inconsciente. Nunca más se recobrará. El sujeto aparece otra vez en la escena, sólo que en esta ocasión trae una ballesta, que dirige hacia la cabeza del cuerpo que yace en el piso. Acciona el gatillo sin el menor escrúpulo. La fecha atraviesa el cráneo de la mujer. Su verdugo la arrastra unos metros antes de cargarla y perderse en la oscuridad.
La misma cámara captará una vez más al sujeto de la ballesta. Ahora carga en cada una de las manos unas bolsas de plástico. Por los gestos del hombre, los paquetes se adivinan pesados.
El 25 de mayo, la policía rescató del río Aire, en la zona de Bradford, los restos de una mujer. El cuerpo estaba casi completo… Casi. Los análisis arrojaron que se trataba de la prostituta Suzanne Blamires, quien, junto con dos amigas, de acuerdo con la gente que las conocía, pasaba todo el día bebiendo, fumando crack o inyectándose heroína antes de marcharse por las noches al distrito rojo de Bradford a conseguir clientes. Blamires y sus amigas eran inseparables, hasta que a dos de ellas alguien las separó para siempre.
Después de que apareció la noticia del cuerpo recuperado en el río Aire, el vigilante decidió acudir a la policía para mostrarle las imágenes que la cámara había grabado. Todo indicaba que el protagonista de la película tenía mucho qué decir. Las autoridades investigaron de quién se trataba, cosa que fue fácil, pues Stephen Shaun Griffiths, nacido el 24 de diciembre de 1969 en Dewsbury, West Yorkshire, tenía un grueso expediente de antecedentes penales. Y en sus delitos había un denominador común: la violencia extrema contra las mujeres.
Agresor de mujeres
(dailymail.co.uk)
Al ser arrestado, Griffiths, de 40 años, no hizo ningún aspaviento, más bien mostró demasiada tranquilidad. Cuando su departamento fue registrado, los agentes encontraron una gran colección de discos, donde destacaban las bandas Duran Duran y Sisters of Mercy; asimismo, hallaron decenas de libros sobre asesinos seriales. Cómo no iba a ser así, dijo Griffiths, si era doctor en psicología e investigador especializado en mentes criminales en la Universidad de Bradford, declaración que resultó cierta.
Lo que también era cierto es que, de acuerdo con los antecedentes penales, el sospechoso, antes de ser investigador universitario, nunca había trabajado, gozaba torturando mascotas, y a los 17 años fue sentenciado a tres años de prisión por cortar la garganta (no fatalmente) de un guardia de supermercado. Desde entonces, los médicos alertaron de la peligrosidad del individuo, al que diagnosticaron como “un psicópata sumamente peligroso”. El diagnóstico fue acertado: en cuanto quedó libre, comenzó su labor de odio, en esta ocasión dirigida a las mujeres. A una de ellas le hizo un tajo en la garganta con una navaja; a otra le derramó agua hirviendo en el rostro mientras dormía; a una más le causó diversas heridas con pedazos de vidrio en las piernas.
Sin embargo, estas agresiones eran apenas la punta del iceberg. Cuando Griffiths decidió confesar, lo hizo con creces. Declaró que había asesinado a varias prostitutas, entre ellas a Suzanne Blamires. Y no sólo eso: recientemente había devorado a tres de ellas, dos cocinadas y una cruda.
Griffiths dijo que odiaba a las prostitutas, porque en ellas veía a su madre, quien lo separó de su padre, además de que en el vecindario al que llegaron después del divorcio, la mujer, de acuerdo con el sospechoso, se acostaba con cuanto hombre se le ponía enfrente, además de que salía completamente desnuda a hacer sus labores diarias al patio trasero de la casa.
La policía británica ha desempolvado los expedientes de homicidios y desapariciones sin resolver en Bradford y sus alrededores. Mientras tanto, para asegurarse de que Griffiths no vuelva a atacar, lo condenó a prisión de por vida.