Una sombra oculta en la esquina del corredor

POR Gabriel Ríos
La escritura de James Hillman se reconoce en la conciencia heroica del mundo antiguo, donde la noche era la fuente de todo mal, mientras que para la conciencia mística de los órficos, la noche era una profundidad del amor y de la luz
(hammer.ucla.edu)
Lo que una persona afirma acerca del amor dice más de la persona que del amor, señala James Hillman en su obra maestra El sueño y el inframundo. El contexto es que nos hace ver al mito de Eros en su real arquetipo, “y si vamos más allá en la noción de Eros, éste resulta ser el hermano de la muerte y no el principio que nos salvará de ella”.

La obra de James Hillman, como El mito del análisis y Re-imaginar la psicología, tiene su expresión más controvertida y brillante en El sueño y el inframundo, que se relaciona con los tambores, campanas y metales empleados con el fin de alejar los demonios de los muertos, así como para despertarlos. Música inaudible para la mayoría, discordante y enigmática, que a veces aparece en los sueños, acompañando procesiones, como podrían ser escenas medievales de peregrinos y lisiados.

La escritura de James Hillman se reconoce en la conciencia heroica del mundo antiguo, donde la noche era la fuente de todo mal, mientras que para la conciencia mística de los órficos, la noche era una profundidad del amor y de la luz. Asegura que en la actualidad, nuestra conciencia es menos mística que heroica, y necesitamos conjuros para convocar a Hipnos o Hermes a que nos ayuden a dormir. De otra manera, la lectura de El sueño y el inframundo podría parecer una parodia grotesca, demencial. También es un rito movible que reúne elementos deformados y marginados. Se emparenta con los bailes de máscaras, ferias ambulantes y espectáculos: bullicio loco y caótico de figuras espontáneas, fascinantes y aterradoras, vagando por la negrura de la noche.
En su aporte a la Gran Madre predice que ella misma desaparecerá tras una monotonía interpretativa, “lo cual me hace creer que la psicología monoteísta, a la que tan a menudo critico, es menos una mimesis del antiguo hebreo, que una de la Gran Madre… Así el cuerpo instintivo, ya sea de carne y hueso o en imagen, de hombre o de mujer, del pasado o del presente, pertenece a la Gran Madre y debemos convertirnos en héroes asesinos para recuperarlo”. Esa experiencia de inversión, de epístrofe, retorno, del regreso del fenómeno a su contexto imaginario, dice Hillman, en ningún lugar se hace tan patente como en el circo, donde los payasos, con sus blancas caras de muerte, hacen música extraña, tropiezan y caen, tienen diarrea, que es esa implicación a la nekya, es decir, la fascinación órfico-cristiana por la purgación, donde los viejos líderes de nuestro tiempo flaquean y cagan como bebés: significa descomposición y creación a la vez: incontinencia, humillación, ridículo. Es la sensación de que la anarquía cabalga a sus anchas y el único deseo es el disponer de un lugar donde ellos puedan bajarse los pantalones.
(simple.wikipedia.org)
Otra variante en la obra de James Hillman es una condición de amoralidad que puede llegar a extremos de egoísmo y crueldad sin remordimiento ni expiación. Por eso recomienda el psicólogo junguiano que necesitamos más esperanza como la de san Pablo, de invisibles que esperan invisibles, y no tanto de Pandora, quien como esposa de Prometeo, tiene una secreta esperanza que él hace evidente en su misión de ayudar a la humanidad. No olvidemos la oferta del culto contemporáneo, que se puede comprar en cualquier almacén de prestigio. Es el crecimiento personal con terapias optimistas, música celta, experiencias cumbre, la libertad, las curaciones y la creatividad. Responde el paquete a una defensa maníaca que va contra la propia base de la psicoterapia. Se trataría de un acting-out.
James Hillman dice que la fuente más profunda de la moralidad de los dioses es el río gélido llamado Estigia, cuyo nombre significa odio, el papel en el orden universal de las cosas. Añade el psicoanalista que el odio, en otras palabras, deriva de su propia fuente y sirve para un propósito distinto en el ego, sin olvidar que éste detesta y persiste en su intento de destruir todos los objetos que son para él fuente de sentimientos dolorosos. Puntualiza Hillman que los verdaderos modelos en la relación de odio derivan no de la vida sexual (Freud), sino de la lucha del ego por su autopreservación y automantenimiento.
Orfeo en el Hades, 1865, (Jules Machard)
Uno de los problemas en el mundo contemporáneo son las llamadas de atención del cristianismo, donde el inframundo fue moralizado y la muerte fue equiparada con el pecado. De acuerdo con la tesis de Hillman, el cristianismo dio un golpe maestro de dos bandas: “Se libró del inframundo, lo escondió, y lo convirtió en algo horroroso, por ser la alternativa perpetua al camino de Cristo”.
En el capítulo intitulado “Sueños” se dice que el aspecto dionisíaco de Hades hace que el soñar sea la analogía a una obra de teatro: “Estamos viendo y actuando en una película, en una ópera o en la puesta en escena de una novela histórica, una representación espectacular. En el teatro de nuestros sueños, tú y yo, aunque estemos ante el público, estamos en el escenario: somos actores, personajes oníricos, llevando la máscara según el personaje que debemos representar y de la forma en que lo debemos de representar.
Bachelard dice que la ambigüedad de los sueños se basa en la multiplicidad de los sentidos, en su politeísmo interior, en el hecho de que cada escena, figura e imagen tiene una inherente tensión de opuestos. Afirma el autor de La tierra y las ensoñaciones del reposo, que el dios de los sueños (el alma entera) es una persona erguida, en actitud relajada, vestido con ropa blanca encima de una negra. El espacio en el que se mueve es una fisura, de donde renace el sufrimiento de la infancia, un arcaísmo psíquico que nos causa angustia, y es así como llega la opresión, las imágenes de un subterráneo.
Pierre Reverdy lo explica sencillo en su poema Plupart du Temps: Una sombra oculta en la esquina del corredor/estrecho se movió,/el silencio se desliza a lo largo del muro, /la casa se ha comprimido en el rincón más oscuro.
Abunda Hillman en la lucha del alma, por ir más allá de lo estrictamente natural. “Eso lo experimentamos como perversión, o como el tormento y la tortura de la patologización, y entonces nos vemos obligados a avanzar a tientas por el tortuoso y enrevesado laberinto del soul-making, por nuestra propia naturaleza, que llamamos complejos y tiene por objeto una lysis, una salida. Se cuestiona Hillman si acaso no es la persona compleja desde un principio, o en su caso, no son los dioses, los que se visten con nuestros complejos y hablan a través de ellos, desde siempre figuras complicadas con una extrema tensión interna. Nos recuerda que su ensayo El sueño y el inframundo es una epístrofe, una reversión, retorno, un regreso del fenómeno a su contexto imaginario. Por lo tanto, subraya que se trabaja sobre los sueños para debilitar al ego, hacer realidad psíquica, convertir la vida en materia a través de la muerte y hacer alma coagulando e intensificando la imaginación.