Alquimia

POR Alfredo C. Villeda
Primero se sospechó de alquimia en documentos para contratar deuda, ahora en documentación partidista para revivir otra máxima de su nutrido argot: “la cargada”. El PRI es un clásico que está de vuelta
Manlio Fabio Beltrones, Humberto Moreira y Enrique Peña Nieto (planamayor.com.mx)
Marguerite Yourcenar ganó el Premio Femina en 1968 por su novela Opus Nigrum y su personaje Zenón, alquimista, médico y filósofo del siglo XVI, de quien relata su destino trágico en medio de un mundo contrastado y agitado, el tránsito de la Edad Media al Renacimiento. El título, L’Ouvre au Noir en el original francés, designa en los tratados alquimistas la fase de separación y disolución de la sustancia que era, se dice, la parte más difícil de la Gran Obra.

Yourcenar apunta al final de su novela que en el siglo XX aún se discutía si la expresión se aplicaba a las audaces experiencias en la propia materia o si era, en términos simbólicos, prueba del espíritu liberándose de rutinas y prejuicios. Sin duda, escribe la primera mujer elevada a la Academia Francesa de la Lengua, Opus Nigrum significaba al mismo tiempo, o una a la vez, una cosa y la otra. Como el mismo concepto de la alquimia a lo largo de la historia: ciencia y metafísica, devenidas magia negra y fraude, a veces una sola, y en otras ambas a un tiempo.
Este contexto es indispensable porque la palabra retomará vigencia en los días por venir. No, por supuesto, porque esté próxima una exposición de Durero, cuyo grabado La melancolía retrata a un alquimista dentro de un entorno lleno de simbolismos y rodeado de todas las ciencias esotéricas propias de los eruditos del Renacimiento, imagen que ilustra la edición francesa de La náusea, de Jean-Paul Sartre, en la colección Folio de Gallimard. Pero definitivamente el auge del concepto no vendrá por ahí. Cada vez se lee menos al gran filósofo existencialista.
Tampoco asomará el concepto de la alquimia a partir de un eventual relanzamiento, remasterizado, del gran álbum doble en vivo Alchemy, de Dire Straits, la banda encabezada por el genio de la guitarra Mark Knopfler, quien juega con su público en el remate de la rola “Sultans of Swing”, postergando de forma deliberada el riff postrero en medio de los alaridos del presunto respetable, para consumarlo con idéntica maestría, versión en estudio, versión en vivo, como si tratárase de un gran alquimista musical. Pero no, no saldrá de ahí esta nueva ola de menciones.
El resurgimiento asoma de la peor de las tradiciones de la palabra. En la Real Academia Española alquimia aparece, puntualizado el origen primero árabe y después griego, como el conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de la ciencia química, además de que tuvo como fines principales la búsqueda de la piedra filosofal y de la panacea universal.
En inglés hay más variedad. El diccionario Merriam-Webster define la palabra como una ciencia química medieval y filosofía especulativa dirigidas a transmutar metales en oro, la búsqueda de una cura universal y de la prolongación indefinida de la vida, pero como tercera acepción se aproxima a un significado común contemporáneo: transmutación inexplicable y misteriosa.
Y es por esta vertiente por donde podrá rastrearse su vuelta al habla cotidiana. Sí, porque esa tradición tardía de magia negra, fraude y transformaciones misteriosas es la que se impuso cuando la antigua oposición política mexicana bautizó así a los operadores del entonces todopoderoso Partido Revolucionario Institucional, los que hacían posible la metamorfosis de votos en contra a urnas llenas con sufragios en su favor.
Ahora con la circunstancia agravante de múltiples indicios que apuntan ya no a un experto de bajo perfil en esas artes, urdiendo sus movimientos desde las cloacas, sino al propio líder nacional de esa formación política, del que comienzan a abjurar algunos seguros marginados del pastel que, aun sin tenerlo, ya se reparten los que se sienten con la banda presidencial en el pecho. Primero se sospechó de alquimia en documentos para contratar deuda, ahora en documentación partidista para revivir otra máxima de su nutrido argot: “la cargada”. El PRI es un clásico que está de vuelta.