Caramelo: la dulzura de mirar hacia el pasado

POR Fernando Montoya
La obra de Sandra Cisneros nos hace resonar la sangre mexicana con su canto narrativo. El uso de la palabra es dulce y satisface, no por lo azucarado sino porque es tan sustancioso como la carne sobre el hueso
Sandra Cisneros (meredithsuewillis.com)
Caramelo (Seix Barral, 2003) de Sandra Cisneros (Chicago, 1954) es una novela multi-generacional que narra la vida, el amor y las mentiras de la familia Reyes. El título de la obra toma su nombre de uno de los colores más exóticos de los rebozos: el caramelo. La historia nos lleva por la vida de una familia que atraviesa tiempos y fronteras, y que relata mentiras hechas por los años y verdades que la misma nunca pudo tocar.

Caramelo es también una epopeya tradicional, cómica y maravillosa sobre los inmigrantes mexicanos, narrada por una niña poseedora de una sabiduría de abuela. A través de los ojos de Celaya Reyes (Lala, la narradora de Caramelo) es como se invita al lector a viajar de Chicago a México, lugar de donde es originario su padre. Gracias al poder descriptivo de Cisneros (y a la camioneta Chevrolet de los Reyes, leal acompañante de viaje) sentimos el calor pegajoso de la frontera; el de los coloreados refrescos mexicanos; olemos el humor de las carnes asadas al aire libre y probamos el dulce acre de los caramelos mexicanos.
Sandra Cisneros es la tercera y única mujer entre siete hermanos. Durante su infancia, su familia se mudó a una serie de departamentos en los barrios pobres populares del lado sureño de Chicago. Cuando joven, la familia de la escritora obtuvo una meta propuesta por mucho tiempo al comprar una casa un tanto desbaratada y vieja. Este evento, indudablemente, fue la inspiración para La casa en Mango Street (Alfaguara, 2005), su novela más laureada. Además, cabe mencionar que la familia de Cisneros viajaba frecuentemente entre México y los Estados Unidos, elementos inspirados para la obra de Caramelo.
Cualquier latinoamericano que radique en los Estados Unidos y que haya pasado su niñez viviendo el sueño americano a lo largo de sus años escolares, para luego viajar constantemente a “su tierra” en los meses de verano, al instante reconocerá el sentimiento que hay a la llegada del país que vive en su sangre; sentimientos que se experimentan de una manera extraña y confusa.
(kdl.org)
La novela de Sandra Cisneros destapa verdades ocultadas por generaciones que engrandecen el pasado para iluminar el futuro. Caramelo, con sus personajes totalmente humanos, así como sus virtudes que se desfiguran (algunas veces, para ser vicios), es una novela que no abandona lo privado de una familia chicana. Simplemente la relata tal y como es.
La obra de Cisneros nos hace resonar la sangre mexicana con su canto narrativo. El uso de la palabra es dulce y satisface, no por lo azucarado sino porque es tan sustancioso como la carne sobre el hueso.
Cisneros nos habla de aquella gente que ama y que odia con toda el alma, que lucha y se reinventa con cada nueva generación. Ofreciéndoles no sólo justicia sobre la página, también identidad íntegra. Caramelo es acerca de la vida y de lo que significa trabajar honradamente. Es un hermoso relato sobre todos los inmigrantes que se encuentran entre el aquí y el allá. En sus páginas encontramos a la gente que puede ser simultáneamente imperdonable o lastimosa; o bien, la gente quien, en un momento, no podríamos comprender su vida sin su pasado, y sin su presente.
Irónicamente, cuando miramos hacia atrás, es la dulzura del pasado que más tarda en llegar.