The Doors: el sortilegio de la autodestrucción

POR Leonard Cassuto
La banda de Los Angeles ha disfrutado de una sorprendente vida futura. Cuarenta años después de que Morrison entonó su última canción, el grupo permanece audible en la banda sonora de Estados Unidos y ha inspirado numerosas películas y un documental
The Doors in Copenhagen 1968 (en.wikipedia.org)
Jim Morrison era una estrella de rock con un rango de canto limitado, pero con un carisma casi ilimitado. Su atractivo autodestructivo–o, mejor dicho, el atractivo de su autodestrucción— durante su media década como cantante principal de The Doors ha dominado hasta ahora la literatura acerca de esa banda.
The Doors saltó a los escenarios en 1967, con Morrison cantando sobre la necesidad de “romper hacia al otro lado”. “Light My Fire” dio a la banda un sencillo en la primera casilla, y las evocadoras letras y la presencia fascinante de Morrison en el escenario convirtieron rápidamente a The Doors en el grupo de rock más popular de Estados Unidos. Sin embargo, Morrison nunca se sintió cómodo como estrella de rock, o como cualquier otra cosa. Siempre descuidado, se volvió imprudente. Siempre errático, se hizo impredecible. Su descenso, antecedido por un arresto por exposición indecente en el escenario en 1969, fue un espectáculo tan caleidoscópico como los acordes en órgano de Ray Manzarek, que dio a The Doors su sonido característico. En cinco años, Morrison llenó las expectativas del ojo público. En el último álbum de The Doors, el soberbio L.A. Woman (1971), Morrison suena cansado a sus 27 años. Su muerte significó que el álbum escalara peldaños en la lista de éxitos.

Sin embargo, The Doors ha disfrutado de una sorprendente vida futura. Cuarenta años después de que Morrison entonó su última canción, el grupo permanece audible en la banda sonora de Estados Unidos. The Doors ha inspirado numerosas películas (incluyendo una cinta biográfica de Oliver Stone y un documental, When You’re Strange, que apareció el año pasado), y los libros que todavía abordan a la banda. La mayoría de éstos rebosan de fotos de Morrison. La cámara amaba al hombre, y comenzando con el retrato siniestro en la portada del álbum homónimo de The Doors, la belleza andrógina de Morrison proveyó el principal acompañamiento visual del paisaje oscuro y perturbador del grupo.
Morrison, un territorio desconocido
(rokpool.com)
El nuevo libro de Greil Marcus, The Doors: A Lifetime of Listening to Five Mean Years, se beneficia de una innovación simple pero radical: se ocupa de la música de The Doors, no del grotesco cortejo de muerte de Morrison. No es una historia más de la agrupación. En vez de eso, tanto las palabras como la música se organizan de acuerdo con las canciones. La decisión de Marcus para tratarlos en conjunto es especialmente bienvenida, ya que The Doors fue definido por su sonido, y las letras y voz de Morrison sólo fueron una parte de ese sonido. Por sí sola, la poesía de Morrison era indisciplinada y poco memorable. (Marcus la llama “insoportable”.) Como el guitarrista Robby Krieger lo dijo en una entrevista: “Jim entra en un territorio desconocido. Mantenemos intacta su exploración del caos, al mantener sus palabras unidas a los acordes y a los ritmos”. Así, domesticado por la estructura de las canciones, las letras de Morrison fusionaban la psicodelia con la meditación sobre la muerte, entreveradas con el blues.
Música bajo el agua
(thedoorsareopen.com)
Greil Marcus es uno de los críticos más inventivos y completos de la música estadounidense en general y del rock en particular. Su Mystery Train quizá sea el mejor libro jamás escrito acerca de la música popular norteamericana. Marcus hace un enfoque audaz de The Doors, adaptando su lenguaje al tema. Específicamente se adentra en el ritmo y la estructura de su prosa para capturar la sensación de escuchar a The Doors entonces y ahora. Sus frases largas, imaginativas, deliberadamente complacientes corresponden con las mismas cualidades de la música de The Doors. The Doors podía ser inquietantemente lírico y excitadamente ridículo –a veces en la misma canción. (Piense en The End, la pesadilla épica de su primer álbum: Francis Ford Coppola utilizó el principio de la canción en la impresionante entrada de Apocalypse Now, pero incluso como adolescente encontré embarazoso el teatro edípico del final de la canción.) Marcus intenta hacer suyos los excesos de The Doors para coincidir con la forma de su pensamiento sobre la música del grupo con la imagen impresionista en la hechura de las canciones.
Su valoración de “The End of the Night”, por ejemplo, enfatiza un crescendo de guitarra, “que apaga las luces”, seguido por “una respuesta a tres líneas de Ray Manzarek, quien dice que estuvo esperando esto por mucho tiempo”. Marcus continúa:
Como sucede a menudo con la actuación de Manzarek, puedes escuchar los recuerdos de los programas nocturnos de la televisión o de las maratones de cine, e incluso de forma más directa, la música de los primeros programas de suspenso, y aquellos recuerdos son inmediatamente trascendidos. Tan pronto como crees que has reconocido las alusiones, la música te lleva a otro lugar, más cerca de El sueño sin fin de Jody Reynolds, pero como siempre más lento, más decidido, fatalista, en paz con nada.
“En cuestión de segundos”, señala Marcus, “la canción está bajo el agua”, con Morrison nadando en ella, “sintiendo la marea interna entre sus dedos”. El título de la canción, repetido por Morrison, se convierte en “un cráneo que puede albergar la luz”. Es el momento crítico de caminar en la cuerda floja –la de una banda de equilibristas.
Jim Morrison, afirma Marcus, era un “borracho degenerado”. Pero The Doors, no Morrison, son su tema, y su música habla un especial “lenguaje de miedo”. Marcus tiene como objetivo desentrañar el poder y la belleza de ese lenguaje, del sórdido ruido de rotura de Jim Morrison, y reemplazarlo dentro de las escenas de los años 60 y de lo que sobrevive en la época actual de esos años. The Doors es una reflexión sobre la música de The Doors en el tiempo y sobre el tiempo –y se trata de un libro sobre la banda, no de otra cosa.
Greil Marcus. The Doors: A Lifetime of Listening to Five Mean Years.
Tomado de: Barnes & Noble Review. Noviembre 16, 2011.
Traducción: José Luis Durán King.