El pelo como soporte artístico

POR Melissa Mota
Lo interesante de las obras de Mona Hatoum, Gabriel de la Mora y Wenda Gu es que, lejos de la repulsión que culturalmente puede despertar el cabello, ellos lo utilizan como material histórico e identificativo. Sus piezas son vivientes, son una prolongación de vidas
Keffieh (Mona Hatoum)
El pelo es una extensión del cuerpo, una materia que contiene la esencia de la persona. Su función es la de proteger del frío, del polvo, de la luz solar y de las lesiones. Constantemente se renueva y se desprende, teniendo como promedio una duración en la cabeza de dos a seis años.
Desde la antigüedad, este elemento corpóreo ha tenido numerosos significados. En algunas culturas antiguas se creía que el alma de las personas se concentraba en el cabello, y lo ofrendaban a sus dioses. Otras comunidades, como la de los nativos americanos, creían que los pensamientos se quedaban en el cabello, de tal forma que las ideas nuevas estaban cerca del cuero cabelludo y las viejas en los extremos, así, quien tuviera una cabellera larga, era reflejo de la cantidad de pensamientos que albergaba.

Por ser un material que resiste el paso del tiempo, en la Edad Media el pelo fue relicario de numerosos santos, incluso de Cristo, depositados en santuarios a los que miles de peregrinos iban a adorar. En la época victoriana el pelo se convirtió en un símbolo de luto. Surgieron los guardapelo, anillos, broches y brazaletes que contenían un mechón del cabello del difunto para recordarlo constantemente. También era común que los enamorados se regalaran trozos de pelo en joyas como símbolo de amor.

Desde el siglo XX, algunos artistas han hecho uso del cabello para sus creaciones por considerarlo un material con un profundo valor simbólico y con el cual pueden abordar discursos políticos, sociales y poéticos desde lo corpóreo. Con esto logran que un elemento tan cotidiano y tan íntimo se convierta en materia prima de sus representaciones, dejando a un lado su función primigenia para dotarlo de múltiples significados en un contexto alterno. Fragmentan una totalidad y presentan los vestigios de una o varias esencias humanas, cargadas de memorias.
En los años 90, la artista Mona Hatoum (1952, Beirut) hizo uso del cabello para tejer la típica Keffieh, una pañoleta árabe usada por hombres, la cual se ha convertido en un símbolo de Palestina. Lo interesante de la obra es que el pelo pertenece únicamente a mujeres, logrando así que un objeto masculino este formado por materia femenina. Con esto, Hatoum hace una fuerte crítica a la tradición machista árabe al re-simbolizar un elemento cultural y cuestionar la presencia femenina en la sociedad. Al mismo tiempo, la obra puede leerse como una reconciliación entre géneros en la que se logra una convivencia armónica al entretejerse los cabellos del hombre y de la mujer.
848 pelos en 4,027 nudos (Gabriel de la Mora)
Otro artista que ha hecho uso del cabello en sus obras es el mexicano Gabriel de la Mora (1968, Colima). En 2004 comenzó la serie Pelo I, en la cual, redefiniendo el concepto del dibujo, comenzó a hacer uso del pelo con los principios básicos del trazo: línea y punto; es decir, el cabello extendido se convierte en línea y el nudo en punto, de tal forma retrata a personas cercanas y desconocidas con sus propios cabellos, logrando así, una extensión de sus vidas en papel. Posteriormente se concentra en la experimentación con el material, como en la obra 848 pelos en 4,027 nudos, la cual, como su nombre lo indica, de la Mora, meticulosamente, contó los cabellos y los nudos que conforman la pieza.
United Nation project (Wenda Gu)
Desde 1993, las Naciones Unidas comisionó al artista chino Wenda Gu (1955, Shanghai) un proyecto artístico global con el que tocara el tema de la identidad universal. La obra está hecha de un único elemento humano: el pelo. Su interés por el cabello se centra en la cualidad que ve en este material como significante histórico, étnico y temporal. A través del material orgánico, en el cual está presente el ADN, es decir, la información genética de cada persona, el artista habla sobre la vida y sobre la diversidad racial. El proyecto se desarrolló en 20 países, cada uno con una instalación propia, donde Gu recolectó cabello de 2 millones de personas de diferentes culturas, que se entretejen, logrando por unos días, la utopía de la interculturalidad.
Lo interesante de las obras de estos artistas es que, lejos de la repulsión que culturalmente puede despertar el cabello, ellos lo utilizan como material histórico e identificativo, y por lo tanto simbólico, lo que les permite crear discursos poderosos. Sus piezas son vivientes, son una prolongación de vidas.