La otra cara de la moneda: la defensa de América

POR Fernando Montoya
En el amanecer de la dominación occidental, la figura que más destacaba entre estas voces por su agudeza y sensibilidad humanas era Bartolomé de las Casas, más conocido por sus campañas en defensa de los indios que por sus ideas
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Siguiendo con nuestro análisis en referencia a las ideas y pensamientos que sostenían la plataforma ideológica al momento de la Conquista y posteriormente en la Nueva España, las siguientes líneas expondrán otro lado de la moneda: la defensa, claramente filosófica política, sobre la naturaleza humana de los habitantes de América.
Fray Antonio de  Montesino (1480-1540), fraile dominico español fue quien dio inicio, formalmente, la lucha contra la opresión y el exterminio de los pueblos aborígenes del Nuevo Mundo. Dadas sus dotes de orador le encargaron el famoso sermón contra el maltrato de los indios, que pronunció ante las autoridades y los colonos en 1511. He aquí un extracto de él:
Esta voz que todos estaís en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usaís con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derechos y con qué justicia teneís en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios?, ¿con qué autoridad habeís hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habeís consumido?, ¿cómo los teneís tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren, y por mejor decir, losí, por sacar y adquirir oro cada día?, ¿estos, no son hombres?, ¿no tienen ánimas racionales?, cómo estaís en tanta profundidad de sueño tan letárgico, dormidos?
Estas interrogantes planteadas por el padre Montesinos darían origen a una controversia en la cual se comprometieron las mentes más lúcidas de España: unas, a favor de la esclavitud de los indios; otras, por su igualdad social y económica. Aquel famoso sermón significó el primer proceso de la Conquista: el reconocimiento de que los indios poseen todos los derechos inherentes a la persona humana: libertad, propiedad, familia, sociedad. La consecuencia de tales pensamientos fue la realización de la Junta de Burgos, que trató como principal problema el abuso maltrato laboral de los indios: limitación de jornadas, trabajo moderado tanto para las mujeres como para los niños, un salario vigilado por las autoridades, que en su conjunto, significaba un avance social de gran importancia.
En el amanecer de la dominación occidental, la figura que más destacaba entre estas voces por su agudeza y sensibilidad humanas era Bartolomé de las Casas, más conocido por sus campañas en defensa de los indios que por sus ideas, y quien afirmaba que entre los infieles que nunca oyeron nuevas de Cristo ni recibieron la fe había verdaderos señores, reyes y príncipes; y el señorío, la dignidad y preeminencia real les competía de derecho natural y de gentes.
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Un análisis cuidadoso de la figura de Bartolomé de las Casas pone de manifiesto las dificultades que tuvo que vencer, dentro del derecho de su época, para llegar a la conclusión antiesclavista. La suerte por la que atravesaban los esclavos de guerra le hacía sostener la injusticia de la acción armada por parte de los españoles y el incumplimiento de las instrucciones que les habían dado los reyes, con lo cual, faltando los requisitos escolásticos indispensables de la causa y autoridad de la guerra, era ésta ilícita y no producía jurídicamente el efecto de esclavitud. De las Casas no creía que las guerras sostenidas entre los indios hubieran sido lo suficientemente justas para que se hicieran en ellas esclavos legítimos.
Por otro lado, en lo que a la intervención de la Corona española se refiere, Vasco de Quiroga, en el Testimonio de erección de la Catedral de Michoacán, según la traducción de Gabriel Méndez Plancarte, en Humanismo Mexicano del Siglo XVI, nos habla del Imperio como vía de extensión de la fe en los términos siguientes:
Vasco de Quiroga tuvo un valioso papel en el pensamiento de la Nueva España. La influencia que ejerció sobre él el pensamiento utópico de Tomás Moro fue trascendente. Así lo apunta Silvio Zavala  en sus Aportaciones históricas, en el que deja patente el rastro humanista de este célebre humanista. Cansado de esperar decisiones generales de la corte española que no acababan de llegar al Nuevo Mundo, don Vasco pasó a la acción como oidor y apoyando luego como Obispo de Michoacán, en la creación de dos famosos hospitales-pueblos cuyas constituciones seguían las reglas de la imaginaria Isla creada por Santo Tomás Moro. Gracias a una traducción de don Vasco de la primera parte de Utopía (único fragmento que logró traducir) y su posterior comentario personal, Zavala nos hace saber las inquietudes del autor:
(Moro) parece que se propone alegar, fundar y probar por razones las causas porque sentía por muy fácil, útil, probable y necesaria la tal república entre una gente tal que fuese de cualidad de aquesta natural de este Nuevo Mundo, que en hecho de verdad cuasi en todo y por todo como él allí, sin haberlo visto, la pone, pinta y describe.
Con ello, cabe señalar a Quiroga como el primer traductor conocido de una parte de una parte del texto latino de Utopía a la lengua castellana, labor que concluye al ser oidor en la Ciudad de México en 1535. Todo esto contribuye a subrayar la posición de don Vasco en los años 30 del siglo XVI.
Fray Alonso de la Veracruz (magiasdemexico-julie.blogspot.com)
En lo relativo a la legitimidad del dominio y el buen gobierno de los indios bajo el poder de los españoles, Fray Alonso de la Veracruz (1507-1584) en su Relectio de dominium infidelum et iusto bello, cierra el debate sobre derechos y cultura de los indios en la Conquista de América. Este tratado (compuesto de 12 dudas), fue expuesto en la Universidad de México (siendo de la Veracruz fue uno de los fundadores) en los años 1553 a 1555. Su traducción al español e importantes aportaciones a su pensamiento quedó a cargo, en su mayor parte, por Antonio Gómez Robledo.
De la Veracruz fundamenta su tratado en principios básicos de derecho natural, orientados a regular aspectos concretos del gobierno de las Indias, como son la transmisión de la propiedad y del poder político, la educación, los tributos, la explotación de los recursos y la soberanía. Para el fraile, estos aspectos deben guiarse por principios morales y jurídicos  que garantizaran tanto la justicia y legitimaran las actuaciones que, hasta el momento, no habían encontrado otra forma que la violencia. Para él, la legitimidad en el dominio sería la base de la justicia en el Nuevo Mundo.
El fraile agustino, situándose en la América conquistada, parte de la realidad proponiendo soluciones prácticas de posible realización. Insiste de manera indirecta por la valoración de los indios cuando hace referencia a al cuidado de sus tierras y a su trabajo. Uno de los rasgos más distintivos de su tratado Dominio es la delicadeza con que el teólogo-jurista aborda cada tema. Veracruz estima que si la Conquista fue un hecho justo y legítimo debía ser beneficioso para los pueblos indios, lo cual no había sucedido. Por eso advierte que en el Nuevo Mundo es necesario que se respete las costumbres de los pueblos, garantizarles un mínimo de igualdad, tanto social como jurídica (frente a los españoles). Frente a esto nos damos cuenta de que el fraile agustino reconoce derechos fundamentales que subyacen a las desigualdades existentes entre los hombres, como soberanía, propiedad y libertad, y más, cuando dirige su atención a la consecución del bien común.
En síntesis, Alonso de la Veracruz propone encontrar, para la época en la que vive, fundamentos mínimos de igualdad entre indios y españoles para así hacer posible una teoría de la justicia. Para que se logren dar estas condiciones, el fraile demanda primeramente la legitimidad de los gobernantes por medio de la manifestación de la voluntad popular; la restitución de bienes mal adquiridos; y, por último, el cobro moderado de tributos. Todo lo anteriormente mencionado debería manifestarse en el bienestar general, pero de todos no de unos cuantos, y no coactivamente, sino por métodos pacíficos.
A grandes rasgos, a consecuencia de la evolución del pensamiento acerca de la conquista del Nuevo Mundo, el propio pueblo conquistador llegó a revisar su primera actitud dominadora y violenta, adoptando otra más liberal que la aceptada a fines de la Edad Media en los tratos con pueblos gentiles. Faltaron sólo 300 años para que la esclavitud se aboliera.