Mr. Gein: lo llamaban el loco Ed

POR José Luis Durán King
El hallazgo de una fábrica de artefactos elaborados con partes humanas en 1957 significó para la sociedad estadounidense el encuentro con un nuevo tipo de asesino que desafiaba cualquier clasificación tradicional
Curiosos se asoman por la ventana de la cocina del presunto asesino serial Ed Gein, donde partes de sus víctimas fueron encontradas (life.com)
Desde niño, Ed Gein experimentó una gran curiosidad por las mujeres, sobre todo por el misterio del interior de sus cuerpos. Al alcanzar la edad adulta, la fascinación se le había convertido en una necesidad imperiosa por “convertirse” en una de ellas. De hecho contempló la idea de amputar su pene, de someterse a una cirugía, pero además de ser una operación costosa, inalcanzable para un granjero que siempre había vivido a la sombra de su madre y sus hermanos, el proceso le atemorizaba.

Gein nació el 8 de agosto de 1906 en LaCrose, Wisconsin, aunque siendo muy pequeño se mudó con su familia a una granja a las afueras de Plainfield, en el mismo estado. Su padre tenía el oficio de curtidor, aunque cuando las pieles escaseaban agarraba pequeños trabajos de carpintería o de plano se dedicaba a las labores de la granja. Lo que es un hecho es que como curtidor o carpintero el señor Gein siempre andaba ebrio, lo que lo convertía en un hombre brutal con su esposa e hijos. Augusta, la madre de Ed, era una santurrona que espantaba a sus críos con la idea del infierno, cuyo pase directo, de acuerdo con sus ideas, se conseguía mediante el sexo extramarital.
Cuando Ed Gein estaba cerca de los 40 años, la tragedia se volcó en su familia. Su padre murió en 1940, uno de sus hermanos falleció quemado cuatro años después, y también en 1944, la madre se fue a causa de una trombosis. En 1945 el ciclo se cerró con la partida del otro hermano de Ed.
Solo, en una granja enorme para él, Ed dio rienda suelta a sus fantasías, que eran muchas. Su interés por el cuerpo femenino se incrementó, alimentando su oscuro pasatiempo con la lectura de libros anatómicos, revistas pulp de horror y pornográficas, además de que devoraba toda la información concerniente a la experimentación nazi en los campos de concentración.
Sin embargo, lo anterior era la parte amable de su curiosidad. El lado sombrío de Gein nadie lo conocía y, para cuando se hizo público, la sociedad estadounidense de la época tuvo motivos de sobra para horrorizarse.
Decorador de interiores
Máscara de piel humana elaborada por Gein (tumblr.com)
La soledad de Gein fue aliviada con la compañía de partes corporales femeninas que el taciturno individuo robaba de los cementerios cercanos, a las que posteriormente disecaba y colocaba en los muros de la casa a la manera de trofeos de caza. Cabezas, vulvas, corazones e intestinos decoraban el paraíso íntimo de El Loco Ed, como le decían los residentes de Plainfield. Con las osamentas que cosechaba fabricó un extraño mobiliario, por ejemplo lámparas (con piel humana de pantalla), pisapapeles, bancos, tazones, entre otros artefactos. Asimismo, elaboró con piel una indumentaria que vestía por las noches, una especie de coraza con senos, rostro y vello púbico.
La noche del 16 de noviembre de 1957, un policía local llegó a la granja de Gein en busca de Bernice Worden, quien había desaparecido de su tienda. Algunos testigos declararon que habían visto a El Loco Ed conversando con la mujer. Al no recibir respuesta en la puerta principal de la granja, el agente decidió echar un vistazo al granero. A la mitad del alveolo alumbró con su lámpara un charco de sangre; al dirigir la luz hacia arriba, el visitante vio el cuerpo desnudo de Bernice, colgando de los pies hacia abajo; estaba abierto en canal y decapitado. Los intestinos ya habían sido extraídos. La cabeza y las entrañas de la mujer fueron halladas en una caja, y el corazón reposaba en un plato en el comedor. El hallazgo de la mujer fue el ábrete sésamo al universo de pesadillas desplegado por el solitario individuo.
¿Cuántas fueron?
(documentingreality.com)
Al ser detenido se pudo comprobar la culpabilidad de Gein en dos homicidios, aunque el mobiliario, la colección de pieles y partes corporales diseminadas por la granja sugerían una mayor cantidad de asesinatos, pues era prácticamente imposible que con el índice relativamente bajo de muertes en la localidad de Plainfield, Gein hubiera podido armar la colección de la que tanto se orgullecía. Sin embargo fue imposible que el sospechoso despejara las dudas, su mente estaba ya en otro sitio y no recordaba más allá de lo inmediato.
El 16 de enero de 1958, Ed Gein fue enviado al Hospital Central del Estado de Waupum, Winsconsin. Diez años después fue declarado culpable del homicidio de Bernice Worden, pero criminalmente insano, por lo que continuó en el mencionado centro de salud. En 1978 fue cambiado al Instituto Mendota de Salud Mental, donde falleció en 1984. Nunca dio problemas durante el encierro y los médicos se referían a él como un hombre tranquilo y educado.