Nina silenciosa Simone

POR Óscar Garduño Nájera
Tu voz ecléctica la echaste por delante a manera de fusil, como fiel guerrillera al lado de los tuyos, esos mismos que tantas penas pasaban entonces al amarrarse los dientes y la garganta frente al odio de esos blanquitos imbéciles, los cuales incluso quedaron conquistados con tu canto
(winifredgrace.com)
Por esa boca enorme, negrita, bien podría entrar el mundo, ¿lo sabes? Sin embargo, antes de llegar se detiene en una iglesia en Tryon, Estados Unidos, encuentra a Marian Anderson a tu lado, quizás con las manos sobre el pecho, y frente a la cruz, deteniendo por un instante el mundo su perpetuo rodar, escucha tu canto casi de corte extraordinario que en mucho superaba lo que para entonces se pensaba como celestial. Entonces el padre pensó en un ángel: por error se había resbalado desde una nube; pero no: los ángeles en esa época no eran mujeres, y mucho menos negras.

Era tu garganta la que se movía, la que temblaba con cada una de las notas, y era, también, tu corazón, Nina. Tomaste los filosos ganchitos de tu breathiness, humedeciste tus labios y sin más diste una mordida a ese mundo, delicioso bocado para ti. Luego pediste la bendición de ese otro monstruo musical apellidado Ellington y tras voltear el rostro a las estúpidas peleas raciales que se suscitaban afuera de la iglesia, trasladaste el mundo hasta la danza imperecedera de tu garganta, justo ahí donde una bruja llamada “canto” prepara sus hechizos para conquistar a los demás.
Exactitud matemática: un ejercicio benévolo donde sostiene un diálogo la inspiración y la espiración. Geometría de un movimiento vertiginoso que parece eterno hasta el día de hoy, que adorna tu alargado cuerpo frente a un piano dentro de una fotografía en sepia, donde tus brazos son zapateadas de un gigante que avanza y avanza bajo un cielo lleno de nubarrones.
Y repentinamente, cual si fueses algún personaje extraviado de Lorca: ¡silencio, señores! Atraviesa tus voz todos los silencios porque aprendiste de la iglesia y de Dios que a veces es necesario callar frente a la mirada de los otros, frente a los sucesos que siempre nos serán ajenos.
También tu voz adquiere consistencia viscosa, se estira, llega hasta el paroxismo y aterriza para coger de la cintura a esa puta que fue creada tan sólo con la intención de hacernos más llevadera esta vida, este breve transcurrir por acá: la música.
(beenlookingforthemagic.tumblr.com)
Eres una chiquilla que se esconde detrás del silencio y nadie consigue encontrarte cuando lo haces al final de una canción, o al principio, que lo tuyo es un ejercicio místico donde la respiración y los susurros importan tanto como la vida misma.
Tu voz ecléctica fue eso y otro tanto más sobre cada una de las notas, pues la echaste por delante a manera de fusil, como fiel guerrillera al lado de los tuyos, esos mismos que tantas penas pasaban entonces al amarrarse los dientes y la garganta frente al odio de esos blanquitos imbéciles, los cuales incluso quedaron conquistados con tu canto. Ahí prendió fuego tu voz, ahí habló por ellos e hiciste de la denuncia no sólo tu mejor canción sino que al cantar mostrabas a los demás un punto donde aún era posible la armonía, donde el equilibrio entre los humanos iba más allá de cualquier color, de cualquier ideología.
Huiste, casi en la derrota, a Francia, Simone, tras el brutal asesinato de Martin Luther King, devorando tus sílabas, dejando tu canto como escudo para ese odio inexplicable que no conseguía apaciguarse en Estados Unidos. Y moriste cubierta de ensueños mientras dormías. Times They Are A Changin, negrita, y todos al carajo cuando te diste por vencida, cuando supiste que hicieras lo que hicieras todo habría de seguir igual y que acaso nos guarecemos día con día al amparo generoso de tu voz.