Poemas de Tsin Pau, reconocimiento a la tradición china: Carlos Montemayor

POR Gabriel Ríos
Dos años antes de morir, Carlos Montemayor ofreció esta entrevista, en la que, entre otras cosas, habla de la cercanía que siente por los poetas chinos, quienes lo sorprendían por “el realismo de su poesía y que después de milenios se pueda sentir su presencia física”
(latinoamericanos.wordpress.com)
Carlos Montemayor comenzó a trabajar los poemas de Tsin Pau 17 años después de haber conocido a los poetas chinos de la dinastía Tang. Del libro editado por el Instituto Chihuahuense de la Cultura y Alforja Arte y Literatura, titulado Los poemas de Tsin Pau, nos habló dos años antes de su partida el autor de las novelas Guerra en el paraíso y Las armas del alba.

En el libro Los poemas de Tsin Pau y en otros suyos me parece que la neblina y el paisaje son elementos imprescindibles.
Tsin Pau es un personaje de un libro de cuentos Las llaves de Urgell (Premio Xavier Villaurrutia, 1972), pero en esta ocasión lo considero como poeta y no como estudiante de la capital del imperio que aspiraba a la gubernatura de una provincia. He tenido la oportunidad de acercarme a la poesía china de la dinastía Tang por algunos amigos chinos. Mi estancia en China ya hace algunos años me envolvió por la presencia de la neblina. A mí, la neblina me atrae mucho porque me obliga a concentrarme de otra manera, en un sentido corporal, espiritual.
En Parral, Chihuahua, los inviernos suelen ser poderosos y entonces la neblina es permanente. Me he encontrado con neblinas en otros sitios, y por lo tanto, es uno de los momentos que, por ejemplo, en China la neblina me ha acompañado. Los paisajes que voy describiendo en Los poemas de Tsin Pau vienen de distintas regiones. Los fui escribiendo a lo largo de algunos viajes que realicé a Italia, en las montañas que dividen la zona de Bolonia y Toscana, ahí donde existe una pendiente muy pronunciada y en la que sentí que no me estaba esforzando en caminar sino que estaba cargando mi propio cuerpo.
Cuando hablo de las nogaleras y cerezas, bueno, cerezas no hay en Chihuahua, pero recuerdo las fiestas de mi padre y el paisaje de mi infancia. Si escribo de la nieve me estoy refiriendo a una nevada que me tocó presenciar en el Museo de Pittsburgh. En el poema “La noche”, que son dos versiones, me llegó muy cerca de Pisa, Italia. Sentí que algo me estaba llamando atrás, y no, era muy rulfiano: el silencio y la noche.
Esta libertad de escribir con sencillez me ayudó a ser libre y escribir sobre temas directamente humanos. Como si fuera otra persona me surgió personificar a Tsin Pau. Confieso que soy yo mismo, nada más, que ubicado en esa tradición china milenaria, como un breve homenaje.
El poeta chino Du Fu mantiene un paso constante en los personajes de su obra, en el sentido poético de acercarse con pasión a la pobreza de los campesinos, ¿es así?
Me siento muy identificado con él por la cercanía con el campo, con los desheredados y con su crítica objetiva a las injusticias. A mí me sorprende el realismo de su poesía y que después de milenios se pueda sentir su presencia física. Lo tomé de inmediato como un patrimonio personal, y ahora que lo dice, es muy posible que me haya sorprendido anteriormente sin darme cuenta cabal que no sólo me identificaba con esa poesía directa, sino también con una posición política. Du Fu es uno de mis colegas del pasado, maestro
literario y ejemplo político.
Son centrales en el libro estos poemas de Tsin Pau. No hay mención a ningún nombre chino, y aunque no existe apoyo en ese sentido, el lector puede sentir que hay una continuidad. Estos dos poemas tienen una intención peculiar que tiene que ver con otro poema mío en el que una de las líneas dice más o menos así: todo cuerpo recuerda la tierra en que nació. La sensación de lo ya vivido es lo que pretendo que se asuma con las dos versiones. Como que algo está movido o fuera de foco. En ese ligero movimiento es como decir ya he estado aquí.
(hiphappy.wordpress.com)
En el poema “La ventana” se percibe que el libro comenzaba a concretarse.
“La ventana” fue uno de los primeros poemas. Ahí trato de relacionar la luz del día con el despertar súbito e imprevisto de la mujer.
¿Cuando está usted a solas piensa en Parral, en los ríos, huertos, bosques, así como lo describe en el poema “La fiesta”?
A mí me ha afectado la muerte de mis padres. Mi madre falleció hace muchos años y con esa pena escribí varios poemas que llevan por título Memoria, y son textos que se refieren a Parral. Cuando desapareció mi madre escribí un poema en el que describo una hiedra. En esa misma serie estoy con mi padre y hablo con él de la plata, cuya veta es negra; de la oscuridad, de los mineros. Una de mis hermanas vive fuera del país y cuando llega y nos reunimos con nuestros hijos, y ahora con mi nieto, hacemos unos recuerdos formidables, nos reímos mucho y estamos muy contentos en una gran fiesta. De estas reuniones viene el recuerdo de mis hermanos, de mi padre, del guitarrista que en el poema “La fiesta” toca el laúd. Es el aliento de la dicha de los hermanos y la familia. He tenido siempre una pasión por mi tierra, árboles, ríos, y también por mis amigos.
En el poema “La espera” se conecta el cielo con la tierra.
Empezamos en la bóveda celeste y terminamos en la tumba. Es un ciclo de lo vivo. Es el caso de los gansos salvajes que se van y queda desolada la tierra, que después reverdecerá. Me pregunto si tendremos la oportunidad de vivir de nuevo. Al final del poema retrato la muerte de un niño, que es algo más intenso. Mi hermano murió cuando era muy pequeño y mi segundo hijo también. Son referencias intimas que a partir de la vida y el círculo familiar aparecen como una cosa natural.
Su novela La fuga forma parte de algo que ve como una tetralogía. En Las armas del alba uno de los personajes es Ramón Mendoza; en La fuga uno de los dos protagonistas es Ramón. Digamos que forma parte de una cadena que se inicia con Las armas del alba. En La fuga narra la estancia de Ramón en las Islas Marías y su travesía por el océano con un compañero tabasqueño.
Otros materiales que estoy trabajando son de otra faceta del movimiento campesino de la sierra, pero ahora visto desde una perspectiva femenina, en la que intervienen niñas, madres y esposas.