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Sobre la guerra justa y el derecho de propiedad en la Nueva España

POR Fernando Montoya
Al analizar las controversias de las Indias nos encontramos con un hecho irrefutable: los posibles derechos de España como nación descubridora, desde el primer momento, quedaron ligados a las bulas alejandrinas (1493)
Los reyes católicos (culturandalucia.com)
España fue un país afectado de manera profunda por la rivalidad política que prevalecía entre el mundo cristiano y el árabe. En el siglo XI esa lucha se reviste ya de matices de intransigencia religiosa, como es, por ejemplo, la idea de realizar guerras justas para acrecentar en los pueblos una fe religiosa y destruir, en su caso, a aquellos que se resistan a hacerlo. La doctrina escolástica de la guerra justa giraba, fundamentalmente, sobre tres ejes. El primero era la legitimidad de la defensa propia. El segundo eje era la mesura en la respuesta. Demasiado era que se tuviera que privar de la vida de alguien. Por eso, se esperaba que la defensa propia resultara congruente:

Las ideas y documentos que justificaban la llegada española a tierras americanas fueron variados y distintos entre sí.
Primeramente, al analizar las controversias de las Indias nos encontramos con un hecho irrefutable: los posibles derechos de España como nación descubridora, desde el primer momento, quedaron ligados a las bulas alejandrinas (1493). ¿Cómo fue esto? Para los reyes católicos les era necesario hallar la manera de legitimar no sólo la ocupación, sino el derecho de exclusiva sobre las tierras descubiertas. Para ello, los reyes recurrieron al Papa Alejandro VI en busca de una bula de donación.
Las bulas papales no dejan más que ver la donación con un carácter de “dominio ilimitado”. Las palabras del Papa hacen uso de un derecho que nadie discute, haciendo una verdadera concesión de las Indias en virtud de poderes recibidos de Cristo. El Papa impone a los reyes de España una misión espiritual, pero a ella va unido un imperio temporal, dejando de manifiesto, además, una nueva confirmación por parte del Pontífice de su soberanía y potestad universal. Los reyes católicos no buscaron otra justificación, pues recurrieron a lo que dictaba las bulas. Será más tarde, cuando, en sus propios términos, quisieron averiguar el fundamento doctrinal de la teoría de dominación territorial y de demás títulos. Cierto es que ni los reyes católicos ni el rey Juan II de Portugal ni el mismo Papa Alejandro VI se imaginaban cuánto afectarían las bulas en la vida del Nuevo Mundo, y que su trascendencia iba a ser tan grave, y que solamente más  adelante, cuando la colonización se realizó, se pudo apreciar lo descomunal de la concesión de la Santa Sede.
“Puñando por la fe”
Hernán Cortés (latinamericanstudies.org)
Ya en el Nuevo Mundo, al finalizar la segunda década del siglo XVI, Hernán Cortés afirma en sus Cartas de relación que está “puñando por la fe”. Y comenta a sus soldados que tiene de su parte justas causas y razones: “Lo uno por pelear en aumento de nuestra fe y con gente bárbara…”
Por su parte, Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, habla de los buenos servicios que los conquistadores  han hecho “a Dios y a su Majestad y a toda la Cristiandad.”
Aun más: ante los esfuerzos estériles por colonizar pacíficamente a las tierras americanas, en 1526, Carlos V, máximo representante de la Corona, y por ende, responsable de las expediciones y colonización en América, expide en Granada una ordenanza que fija el proceder de los españoles hacia los naturales, estableciendo el derecho de hacer esclavos a los indios que tomaran resistencia a los católicos:
Por orden de su sacra católica e imperial Majestad, Carlos, rey de Romanos y Emperador de los Alemanes, y de su madre reina Doña Juana de Castilla, de León y reina de Jerusalem y de Indias, y de las islas y del continente del mar Océano, nuestro Señor el defensor de la Iglesia, siempre vencedor y nunca vencido… En consecuencia de lo cual os pido u mando que os acordeis dueña y señora de toda la tierra, su primera autoridad es el Padre Santo, en representación de este el Emperador y nuestra Reina y habeis de prestar atención y obedecer a lo que sus enviados os prediquen y digan. Si así lo hicereis hareis bien y hareis lo que es en vuestro deber y Sus Majestades, y yo en sus nombres, os tendré amor y amistad, os dejaré libres a vosotros, a vuestras mujeres, a vuestros hijos y vuestras haciendas y no sereis forzados a ser cristianos hasta que vosotros mismos os hayais convencido de la verdad y convertido a nuestra santa creencia, como lo han hecho casi todos los habitantes de las otras islas, de lo que Sus Majestades tendrán mucho gozo y por lo que tendrán en gran estima y favor. Pero si no lo hicieries así, os aseguro que yo con la ayuda de mi Señor, que me da poder, os haré guerra por todas partes, y de todas maneras y os venceré hasta someteros al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y me apoderaré de vosotros y de vuestras mujeres y de vuestros hijos y os haré esclavos y os venderé y comerciaré con vosotros como me mandan Sus Majestades, tomaré lo que tengais y os haré todo el daño y todo el  mal que pueda, como a vasallos que no obedecen a su señor y no le quieren reconocer y protesto que el crimen y la y la muerte y todo el mal que esto cause será la culpa vuestra y no de Sus Majestades y de cómo os lo digo mando a los presentes que sean testigos. (Citado por Conrado Habler, 1896, p.512).
Derecho a los esclavos
(planetasapiens.com)
La ordenanza de Carlos V no era nueva. Era muy común que se pusiera en práctica la sofocación de los indios con permiso real. Todavía la abuela del Emperador, la reina Isabel la Católica en 1503 (un año antes de su muerte) otorgó un permiso a los españoles para tratar como esclavos a aquellos indios que se opusieran, con las armas en la mano, a abrazar la nueva fe. Ya desde 1495, fecha en que se dictó la ordenanza suspendiendo la venta de los esclavos enviados por Colón, hasta el año de 1530, se sostuvo una lucha tenaz entre los que mantenían ideas de humanidad y justicia, respecto a los indios y los que se aprovechaban de la explotación de éstos.
El l 2 de agosto de 1530, el Emperador prohibió, en lo sucesivo, la adquisición de nuevos esclavos, de tal modo que podía esperarse el pronto fin de esta institución. Apenas la Segunda Audiencia publicó en la Nueva España la cédula y se comenzó a cumplirse, los soldados y demás pobladores protestaron. Estas quejas solían ser patrocinadas por los cabildos de las ciudades españolas. Los colonos argumentaban que se les privaba de lo que el derecho les permitía. A consecuencia de la prohibición de hacer esclavos, morían más indios en las guerras, porque los soldados no les interesaba cautivarlos vivos. Claro está que estos razonamientos no dejaron de impresionar a la Corona española, por lo que en el año de 1534 promulgó otra cédula revocando la de 1530, volviendo a permitir el cautiverio de indios en las guerras y el rescate. Apenas llegó la nueva orden favorable a la guerra justa, y por ende, a la esclavitud, y numerosos juristas y religiosos alzaron la voz para protestar.  Será hasta el próximo artículo cuando observaremos qué trascendencia tuvieron las opiniones de defensa a los nativos de América frente a la Corona española.