Asesino contra asesino

POR José Luis Durán King
A finales de los años 70, una ciudad de Georgia hospedó a un asesino serial que estrangulaba ancianas blancas; como respuesta a los homicidios apareció otro criminal pluralista, sólo que éste elegía prostitutas afroamericanas
(photo.net)
En 1978, la ciudad de Columbus, Georgia, era azotada por un huracán homicida de gran intensidad que sentía una extraña fascinación por mujeres de la tercera edad. Las autoridades estaban sometidas a una enorme presión por parte de la ciudadanía, que se sentía consternada y ultrajada, debido a que las víctimas eran mujeres blancas y pertenecientes a zonas residenciales de gran poder económico. La prensa bautizó al predador como El Estrangulador de las Medias, pues era con estas prendas femeninas con las que mataba a sus presas. Asimismo, la policía había dejado entrever que todos los indicios apuntaban a que el criminal era un afroamericano, lo que incrementó el descontento social, en un episodio que pronto adquirió tintes racistas.

Sin embargo, antes de que el aparato judicial atrapara al delincuente, una serie de cartas fueron enviadas al Departamento de Policía, advirtiendo que, de no cesar las actividades del estrangulador, aparecería muerta “una negra” cada 30 días. Asimismo, la carta exigía una suma de 10 mil dólares para dejar de matar. La misiva, escrita a mano, estaba firmada por Las Fuerzas del Mal, presuntamente un grupo de siete hombres blancos que ya tenía en su poder a una afroamericana llamada “Gail Jackson”, quien sería sacrificada conforme a lo establecido.
Días después de que la policía recibió la carta fue rescatado de una tumba a flor de tierra, a las afueras de la base del ejército Fort Benning el cuerpo descompuesto de una prostituta afroamericana llamada Brenda Gail Faison, quien había sido golpeada brutalmente hasta morir. El cadáver de la mujer fue un mensaje contundente de que Las Fuerzas del Mal cumplían lo que prometían.
Sin embargo, los restos de Gail Faison mostraban una descomposición de semanas, no de días, lo que indicaba que, antes de que la policía recibiera la carta, la mujer ya había sido asesinada. Con la aparición de Las Fuerzas del Mal, la policía de Columbus trabajaba horas extras. Descontando a la ciudad de Los Ángeles, California, pocos lugares se pueden jactar de combatir al mismo tiempo a un par de asesinos seriales. Y todo indicaba que Columbus se dirigía en ese rumbo.
La policía pide auxilio
(policemag.com)
La aparición del cadáver de otra prostituta, Irene Thirkield, confirmó los temores de las autoridades. Al igual que Gail Faison, la víctima recién desenterrada había muerto a golpes y fue semienterrada cerca de Fort Benning.
La policía de Columbus aceptó sus limitaciones y solicitó la ayuda del FBI, el cual se limitó a enviar a un perfilador –eso sí, el mejor— para que, con base en las circunstancias que rodeaban a los asesinatos de las prostitutas, trazara un perfil psicocriminal del infractor. El ex agente Robert Ressler, creador de la Unidad de Perfilamiento de Conducta Criminal del FBI en Quántico, Virginia, estableció que no existía ninguna sociedad de siete individuos blancos, que en realidad se trataba de un solo asesino, que era afroamericano, soltero, cerca de sus 30 años y que lo más probable es que fuera un militar de bajo rango.
Con la información proporcionada por Ressler, la policía centro su atención en Fort Benning y sus alrededores. Pronto descubrió que la noche de su desaparición, Gail Faison estuvo bebiendo en un bar con un soldado llamado Wiliam Henry Hance, un militar de medio pelo, con cierto retraso mental. Horas después de ser interrogado, el hombre aceptó haber asesinado a Faison y a Thirkield; y no sólo eso, condujo a las autoridades hasta la tumba clandestina de una tercera víctima: Private Karen Hickman.
En un caso sin precedentes, William Hance fue juzgado por tres sistemas de corte diferentes: marcial, estatal y federal. Durante el proceso apareció una nueva víctima del individuo, aunque este delito ya no entró en el juicio. Finalmente, las cortes estatal y federal derivaron en una sola corte civil, mientras que la corte marcial conservó su estatus. Así, William Hance fue sentenciado a muerte por la corte civil por el homicidio de Gail Faison; la marcial emitió la misma condena, pero por el caso de Irene Thirkield.
Aunque organizaciones humanitarias exigieron que se permutara la sentencia por cadena perpetua debido al ostensible retraso mental del convicto, y que además se dijo que el individuo había sido sentenciado por un jurado blanco, el 31 de marzo de 1994 William Hance fue ejecutado en la silla eléctrica por el estado de Georgia.