Diciembre 12, 1915. El restaurante donde Sinatra se sentía en casa

POR Bob Greene*
Un lugar poco atractivo con apariencia italiana en la calle West 56, llamado Patsy’s, dice la leyenda de Sinatra, es el lugar donde éste se podía relajar, donde se sentía más cómodo
(Archivo EFE)
Algunas personas son tan grandes durante sus vidas, que incluso parece que la muerte no se las lleva por completo. Así pasa con Frank Sinatra, quien nació el 12 de diciembre de 1915, hace 96 años, y dejó este mundo en mayo de 1998; sin embargo, raro es el día en que no escuchas su voz salir de la radio, rara es la semana en que no aparece su rostro en una pantalla de televisión o lees una referencia sobre él en algún diario o revista. Sinatra: la palabra en sí misma significa algo.
Esas tres rápidas sílabas: afilado, brusco, staccato (entrecortado). Las imágenes que el nombre trae a la mente: el Rat Pack, ring a ding ding, muy buenos años, extraños en la noche. Muchos lo adoraban, algunos lo despreciaban, pero pocos eran indiferentes.

Especialmente en Nueva York, su voz permanece omnipresente. Su canción “New York, New York”, bien podría ser el himno oficial de la ciudad. Muchas veces, cuando visito Manhattan, he pasado frente el que se decía era su restaurante favorito. Un lugar poco atractivo con apariencia italiana en la calle West 56, llamado Patsy’s. Éste, dice la leyenda de Sinatra, es el lugar donde se podía relajar, donde se sentía más cómodo.
Nunca había entrado. Lo había imaginado como un lugar difícil de alcanzar. Un lugar donde sólo los más inteligentes se reúnen, hombres y mujeres que están en el tope de sus logros, quienes desde hace mucho tiempo han aprendido y han dominado todos los ángulos. Después de todo, aquí es donde Sinatra tenía una mesa, ¿no? ¿Cómo es posible que meros mortales puedan pensar que pueden encajar ahí?
En este viaje, entré para cenar. Y aprendí una lección.
Sinatra, en sus años de grandeza, en sus décadas de llenos totales en las salas de conciertos, de hecho visitaba este lugar. Pero no lo hacía porque fuera el nombre más grande en el entretenimiento. Lo hacía porque en un momento de su vida, temió que eso pudiera haberse terminado.
Con Ava Gardner (fanpop.com)
“Mi abuelo fue el primer miembro de la familia que lo conoció”, dice Salvatore J. Scognamilo, el actual chef y copropietario de Patsy’s.
El abuelo –Pasquale Patsy Scognamillo— era copropietario de un restaurante cercano llamado Sorrento durante los primeros años de la década de los 40. El joven Sinatra fue llevado un día por su jefe, el líder de la banda, Tommy Dorsey. “Aquí estaba este chico delgado de Hoboken”, se dice que Dorsey le dijo a Patsy Scognamillo. “Engórdenlo”.
Al poco tiempo, Sinatra se convirtió en un ídolo internacional cuya voz y rostro hacían que las mujeres y las chicas gritaran y se desmayaran. Se desataban disturbios en sus conciertos. Mientras tanto, Patsy dejó Sorrento y abrió Patsy’s. A los dos hombres –el cantante y el cocinero— les iba bien.
Pero a principio de la década del 50, la carrera de Sinatra tuvo una caída. Ya no era un chico. Sus discos dejaron de venderse. Su romance con Ava Gardner estaba en las rocas. Su empresa discográfica lo despidió. De repente el triunfador era generalmente visto como un perdedor, un derrotado.
La gente que conoce la historia de Frank Sinatra sabe acerca de su eventual retorno. Cómo obtuvo un papel en la película De aquí a la eternidad y ganó un Oscar, su carrera despegó nuevamente, y cómo se convirtió en el símbolo del éxito y la arrogancia.
En sus años difíciles, nadie podría haber anticipado su resurgimiento. Sinatra había pasado de moda, era noticia del pasado.
“Él venía solo al restaurante a almorzar”, me dijo Scognamillo. Me di cuenta que ésta es una historia que la familia ha contado varias veces. Pero eso no la hace menos convincente.
“Mi abuelo se sentaba con él”, dijo Sal. “Había gente comiendo que evitaba el contacto visual con Sinatra –la gente que solía conocerlo cuando estaba en la cima. Sinatra asentía con la cabeza y le decía a mi abuelo: ‘Mis amigos en buenos tiempos’”.
Un noviembre, un día antes del día de Acción de Gracias, Sinatra le preguntó a Patsy si podía hacer una reservación para él solo para el día siguiente. “Él dijo que vendría solo para el día de Acción de Gracias”, contó Sal. “Él dijo: ‘Dame cualquier cosa menos pavo’. No quería pensar en la festividad, pero no quería estar solo”.
(borninthewrongdecade-niamhy.blogspot.com)
El restaurante tenía previsto permanecer cerrado en el día de Acción de Gracias. Pero Patsy no se lo dijo a Sinatra, le explicó que haría la reservación para las 3 de la tarde. No quería que Sinatra supiera que abriría el restaurante especialmente para él, así que invitó a cenar a las familias del personal del restaurante. Él cocinó para Sinatra, en ese solitario día festivo, y no fue hasta años después que Sinatra se enteró.
De ahí es dónde surgió la lealtad. Es por eso que Sinatra nunca dejó de venir al restaurante. En los siguientes años, cuando Patsy’s estaba lleno de clientes que querían ver a Sinatra, pocos entendían por qué el cantante más famoso del mundo lo mantenía como su único lugar favorito.
No era ningún secreto para la familia Scognamillo. Todos lo sabían. Una persona recuerda la forma como se le trata no cuando está en la cima del mundo, sin derrota, sino cuando está en su punto más bajo, pensando que nunca más volverá a ver la luz del Sol.
“Arriba de esas escaleras, donde Sinatra solía tener su mesa”, escuché que un hombre le dice a su cita mientras entran al restaurante. Él sigue llenándolos, 13 años después de su muerte.
¿Quién no recuerda un acto de bondad cuando los actos de bondad están escasos? ¿Quién no atesora más cuando lo hacen sentir bienvenido, mientras todas las demás puertas parecen haberse cerrado?
En las primeras horas de la mañana de la mañana, solo los que están solos.
*Autor de bestsellers como Late Night Edition: A Love Story y Once Upon a Town: The Miracle of the North Platte Canteen.
Tomado de: CNN Mundo. Agosto 16, 2011.