Julio Galán: l’enfant terrible de la pintura mexicana

POR Melissa Mota
Detesto la pintura pero es mi único espejo para filtrar la realidad,
para vengarme de mi pasado. Soy pintor porque no puedo ser otra cosa…
era mi posibilidad de poder respirar, me estaba muriendo.
Julio Galán
(ossbet.blogspot.com)
Con una personalidad extravagante, que para muchos puede sobrepasar los límites de la locura, Julio Galán, a partir de su dolor traducido en pintura, es una de las figuras artísticas más fascinantes, incomprendidas e importantes de las décadas recientes en la escena artística mexicana.
Nacido en Muzquiz, Coahuila, en 1959, desde temprana edad se interesó en el arte, especialmente en los pintores mexicanos Gunther Gerzo y Rafael Calzada. A pesar de haber estudiado arquitectura, Galán siguió pintando y a los 21 años tuvo su primera exposición en la Galería Arte Actual en Nuevo León.

Pese a no pertenecer a una corriente pictórica en específico, muchos lo han encasillado con el neomexicanismo, una corriente pictórica surgida en los años 80, que cuestionaba lo patriótico y la identidad mexicana mediante una resignificación de los símbolos patrios. En algunas de sus pinturas, efectivamente, Galán exaltaba el nacionalismo mexicano con una tendencia kitsch y naif derivada de la cultura popular, rompiendo así la idea de nación representada por la Escuela Mexicana de Pintura y el Muralismo. Sin embargo, la mayoría de las obras de Julio Galán es reflejo de una infancia infeliz y de eventos de su vida que le causaron depresiones profundas, como el rechazo de su padre y la muerte de su madre. En alguna ocasión, Galán dijo: “Mi obra es un psicoanálisis, refleja mi interior, es como un eco del pasado en mi memoria. También revela mis pensamientos secretos, mis deseos, mis miedos, el dolor y la muerte”.
Sin título (petitessedespassions)
Para representar su dolor realizó múltiples autorretratos, tanto de niño como de adulto, con diversas expresiones. Por este motivo ha sido comparado con Frida Kahlo numerosas veces; sin embargo, el decía que, a diferencia de Kahlo, su sufrimiento no era físico sino del alma.
Sobre su vida depresiva, Galán afirmaba que un brujo le había dicho que él en otra vida había sido sacerdote, pero cometió un pecado grande al enamorarse de otro cura y que por esta razón tenía el karma y estaba pagando en vida la falta de su vida anterior.
Un rasgo característico de muchas de sus obras fue la integración de escritura para expresar sus emociones y sentimientos al momento de pintarlo. En Gorila marcando las 7:20, como su nombre lo indica, Galán se autorretrató como un gorila cuyos brazos fungen como manecillas del reloj marcando las 7:20, es decir, “la hora mágica”, el momento del día que más disfrutaba, debido a que el cielo con tonos morados puede confundirse con el crepúsculo y el amanecer. En cada hora del reloj anotó su estado anímico, así a la 1 P.M. escribió: “Me levanto hoy a esas horas y empieza la depresión por lo mismo. Me asomo a la ventana. Mentira, no me asomo, la luz se asoma a mi cuarto desde muy temprano…”
En los años 80, Julio Galán vivió una temporada en Nueva York. Su estancia en esa ciudad fue crucial ya que su obra despertó una gran admiración en coleccionistas que lo posicionaron en el medio artístico internacional, así como en artistas como Andy Warhol, con quien tuvo una fuerte amistad y a quien le dio un cuadro suyo; sobre esto, Galán contaba que Warhol le pidió que intercambiaran obras, pero a él no le gustaba su estilo; sin embargo, Warhol insistió tanto que Galán le donó el cuadro Niño Berenjena y Niña Santa Claus. Cuando el artista neoyorquino murió, Julio Galán pidió que le regresaran la obra. A pesar de que su estadía fue productiva artísticamente, Galán cayó en una depresión intensa por la melancolía de su país, por lo que comenzó a pintar motivos nacionales. Es en este periodo que pinta Me quiero morir, una obra que expresa el sentimiento de encadenamiento en el que sentía que se encontraba.
Me quiero morir (http://www.canal22.org.mx/encuestasdecada/art_visuales1.html)
Pocos años después, el artista tuvo su primera exposición individual en la galería Thaddeus Ropac, en París. Desde niño, Julio Galán tenía una fascinación por disfrazarse y convertirse en otra persona e imaginar que no era él; para el día de la inauguración de su muestra se presentó con un vestido semitransparente con arneses sadomasoquistas, con una peluca con rizos estilo Luis XIV, con una corona de plata del siglo XIX que pertenecía a una escultura de una virgen. No pocas fueron las veces que se mostraba disfrazado en distintos eventos; en otra ocasión se presentó disfrazado de gorila a una cita con el curador Jurrie Poot del Stedelijk Museum de Amsterdam.
Los sentimientos de abandono y soledad intensa fueron rasgos característicos de Julio Galán durante su vida; sin embargo, en los dos últimos años de su vida se incrementó, cayendo en una profunda depresión. Desde joven presentía su muerte, iba a leerse las cartas y preguntaba cómo iba a morir; la respuesta siempre era la misma: joven y en un avión. Por esta razón no dejaba que nadie lo acompañara cuando viajaba en este medio, porque estaba seguro que una tragedia sucedería. Irónicamente, en 2006 Galán murió a bordo de un avión a causa de un derrame cerebral mientras era trasladado a un hospital de Monterrey.
Sus obras cargadas de protagonismo, de contenido psicológico, atemporalidad, humor e ironía, aunado a una personalidad compleja y auténtica, lo hacen un artista único con un estilo personal que marcó un periodo de la historia del arte mexicano, en el que siempre será recordado como l’enfant terrible de la pintura mexicana.
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