Melancholia: Un poema sobre el fin del mundo

POR Fernando Montoya
Abrumadora demostración de talento, las dialécticas de esta cinta brillan a lo largo de dos horas y desafían a sus propios planteamientos de partida, al arrancar el director su película despreciando un rito y al cerrarla utilizando otro como tabla de salvación
Lars von Trier (telegraph.co.uk)
Lars von Trier logró su propósito: fue el centro de la octava jornada del festival de Cannes 2011. Presentó su nuevo trabajo, Melancholia, que fue muy bien recibido por la prensa (si hubo abucheos fueron totalmente neutralizados por los aplausos), y soltó una bomba en la rueda de prensa (“Entiendo a Hitler”), logrando la total atención de los medios, así como una reacción pública por parte del certamen, ofreciendo disculpas por las declaraciones. Lo cierto es que no le hacía falta al danés crear ninguna polémica (quizá no puede evitarlo), con una película tan potente como la que ha presentado en Cannes; de hecho, es probable que lo ocurrido le impida lograr su segunda Palma de Oro (ya la ganó hace diez años por Bailar en la oscuridad).

De manera similar a Antichrist, Melancholia arranca con un prólogo a cámara lenta; se trata de una serie de escenas poéticas, oníricas, acompañadas por la música de Tristán e Isolda de Richard Wagner. En esta impresionante secuencia vemos que un gigantesco planeta se dirige al nuestro, destruyéndolo. Tras el título, comienza la primera de las dos partes en las que está dividida la historia, titulada “Justine”. Interpretada por una colosal Kirsten Dunst, Justine se dirige al castillo donde habrá de celebrarse una fiesta con motivo de su boda con Michael (Alexander Skarsgard). Los novios parecen felices al principio, pero su retraso causa el primer reproche de su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg), y su cuñado, John (Kiefer Sutherland), quien no dejará de recordar que la costosa celebración se ha pagado con su dinero. Poco a poco, mientras los invitados se turnan para mostrar lo poco que les importa realmente la novia, ella se ve incapaz de mantener la máscara de la sonrisa, sintiéndose cada vez más incómoda, miserable y depresiva. Necesita ayuda, pero no encuentra más que egoísmo, incomprensión y rechazo. Está sola, abandonada en un mundo cuya destrucción llegará a desear.
La segunda parte se titula “Claire” y se centra en la relación entre las dos hermanas y la extraordinaria aparición del planeta Melancholia. Justine ha vuelto a casa de Claire y John completamente hundida, pero conforme Melancholia se acerca a la Tierra, ella recupera gradualmente la serenidad y la lucidez, traspasando su crisis a Claire, que no puede evitar la desesperanza pese a los intentos de su marido por tranquilizarla con la versión oficial de los científicos más fiables, que aseguran que la colisión planetaria es prácticamente imposible.
Intensa, imaginativa, cautivadora, Melancholia es un amargo drama existencial mezclado con un oscuro cuento de hadas; una joya, cuya fuerza y belleza consiguen cubrir arritmias y flaquezas, que las tiene.
Del trailer de Melancholia (blog.unl.edu)
Sin rescates imposibles de mega producción norteamericana, el choque planetario es anunciado desde el inicio, pero el director lo mantiene soterrado bajo un inquietante segundo plano que se abre camino a través de una lente de telescopio o unos alambres mal engarzados.
Abrumadora demostración de talento, las dialécticas de Melancholia brillan a lo largo de dos horas y desafían a sus propios planteamientos de partida, al arrancar Von Trier su película despreciando un rito y al cerrarla utilizando otro como tabla de salvación. Una cueva mágica donde confortar a un niño, con su cómo entrar, cómo sentarse o “cómo abrazarse”, acaba por proporcionar coherencia funeraria a la Nada que se avecina.