Sociedad Panacea: el culto a una lunática

POR Adam Kirsch
Mabel Barltrop decía que había vencido a la muerte y afirmaba que nunca moriría. Tenía poderes curativos tan fuertes –decía— que si soplaba en agua o en un pedazo de ropa, el líquido o la tela se transforman en cura para cualquier enfermedad corporal
Mabel Barltrop, circa 1919 (guardian.co.uk)
En febrero de 1919, un pequeño grupo de mujeres británicas de clase media recibió una revelación que le cambió la vida. Se enteraron –explica Jane Shaw en Octavia, Daughter of God: The Story of a Female Messiah and Her Followers (Yale)— que Mabel Barltrop, de 53 años, una ex enferma mental de la ciudad de Bedford, era la encarnación de Dios. Mabel, cuyo difunto marido había sido sacerdote en la Iglesia de Inglaterra, anunció una nueva teología cristiana en la que sustituyó a la Trinidad por un grupo de cuatro: Dios Padre, Diosa Madre, Jesús Hijo y Mabel (o, como a sus seguidores comenzaron a llamarla, Octavia) Hija. La mujer decía que había vencido a la muerte, por lo que afirmaba que nunca moriría. Tenía poderes curativos tan fuertes –aseguraba— que si soplaba en agua o en un pedazo de ropa, el líquido o la tela se transforman en cura para cualquier enfermedad corporal.

Los seguidores de Octavia se autodenominaron la Sociedad Panacea, y anunciaron que extenderían a todos los lugares su proceso curativo. Unas 70 personas llegaron a establecerse cerca de la mujer en viviendas comunales de Bedford, mientras que miles más en todo el mundo escribieron para solicitar un pedazo de la ropa sagrada. Con el paso de los años, Shaw escribe, Mabel hizo diversos ajustes a su doctrina. Prohibió a los feligreses alejarse más de 77 pasos de su casa; su jardín, en Bedford, era la locación original del Jardín del Edén; su difunto esposo había sido la encarnación de Cristo; las almas de los que habían partido no estaban muertas sino que habían volado por un tiempo al planeta Urano, pero regresarían. Sin más autoridad que su propia personalidad e imaginación, Mabel Barltrop creó una de las religiones más extrañas e irresistiblemente cómicas de una humanidad con un apetito eterno por Dios.
Excentricidad y feminismo
(flickr.com)
Cuando Jane Shaw, una sacerdotisa episcopal, encontró por vez primera a la Sociedad Panacea en 2001, ésta se reducía a un puñado de miembros supervivientes –octogenarios que aún viven en Bedford y que esperan el retorno de Octavia. (Contrariamente a su promesa, ella murió en 1934). Pero, para deleite de Shaw, las casas comunales donde los miembros vivían han sido perfectamente preservadas por décadas, junto con todos sus documentos y correspondencia. Ella ha hurgado en ese tesoro para escribir no sólo una biografía de Mabel Barltrop sino “una vida o una biografía de la propia comunidad.”
El recuento compasivo aunque fuertemente crédulo de Shaw sobre este experimento de fe se lee en ocasiones como un extenso sketch de Monty Python. Sin embargo, argumenta convincentemente que la Sociedad Panacea encierra lecciones importantes para la sociología de la religión. Concentrándose en las dos primeras décadas de existencia de la Sociedad Panacea, Shaw explica cómo su extraordinaria excentricidad tiene sus raíces y reflejos en la cultura británica general. La prédica de Octavia de un cristianismo centrado en las mujeres –muestra la escritora— encaja perfectamente con la experimentación y el feminismo espiritual de la época. Como sacerdotisa, Shaw es especialmente sensible a lo que la liberada mujer de la Sociedad Panacea debió haber sentido al ver a Mabel sin estola de sacerdote y celebrando la comunión.
Aunque la verdadera fascinación de la obra proviene de la forma en que la locura de los panaceanos coexistía con una respetabilidad pequeño-burguesa. Muchos de los dictados de Octavia tuvieron que ver con la forma propia de comportarse en la mesa y cómo organizar una buena fiesta de jardín. Ella era una buena tory (conservadora) que aborrecía a los bolcheviques y al Partido Laborista, y que creía implícitamente en el imperio británico y en la superioridad de la raza blanca. Incluso en su decrepitud –escribe Shaw—, la Sociedad Panacea sigue siendo locamente práctica. Los últimos miembros tienen plena confianza en que Jesús vuelva pronto a Bedford, y tienen una casa preparada para que él ahí viva. Actualmente está ocupada, explican a Shaw, pero los inquilinos viven “en preaviso de dos meses”.
Tomado de: Barnes & Noble Review. Noviembre 8, 2011.
Traducción: José Luis Durán King.