Sor Juana, Safo, un beso a pie de buque

POR Alfredo C. Villeda
Octavio Paz escribió que la poesía de sor Juana nace de su vida, a condición de comprender que la palabra vida designa no sólo a los actos sino a las imaginaciones, las ideas y las lecturas
(spokesman.com)
Décima musa, apunta Octavio Paz en su portentoso estudio sobre sor Juana Inés de la Cruz, es una expresión que aparece en un epigrama de Platón dedicado a Safo, la poetisa natural de la isla griega de Lesbos, quien allá por los 600 antes de Cristo escribió: “… yo te buscaba y llegaste, y has refrescado mi alma que ardía de ausencia”. La evocación corre inevitable junto a la foto de la soldado estadounidense que echa mano de las nuevas leyes militares para honrar una tradición de la Marina, esa que pinta el primer beso de bienvenida a la pareja, ella una chica también, al pie de un buque recién atracado en Virginia Beach.

Paz escribió que la poesía de sor Juana nace de su vida, a condición de comprender que la palabra vida designa no sólo a los actos sino a las imaginaciones, las ideas y las lecturas. “Es casi seguro que conoció, durante sus años en la corte virreinal, el amor o los amores; ya en el claustro tampoco fue inmune a la pasión, como lo prueba su afecto por María Luisa (…) Su vida erótica fue casi enteramente imaginaria, sin que por esto haya carecido de realidad e intensidad”.
El beso apasionado de la oficial naval y su pareja que le aguarda a pie de buque también revive aquellos versos de la décima musa, la de Asbaje:
hiere con armas de oro
la luna de un espejo
que haciendo en el cristal
reflejo el rayo bello,
hiere, repercusivo,
al más cercano objeto…
Paz vio en este poema otra ficción de la monja para dar libertad a su fantasía erótica, “porque la ausencia es el territorio donde despliegan el deseo y la imaginación sus criaturas”.
En la breve obra disponible de la décima musa, la platónica, Safo hace también un llamado desde la inquietud de la ausencia, esa inquietud apagada 20 siglos después con un beso a pie de buque:
Desde Creta ven, Afrodita, aquí,
a este sacro templo,
que un bello bosque
de manzanos hay,
y el incienso humea
ya en los altares;
A la gran Safo dedicó Verlaine una balada, también propia de ilustrar el beso fundacional de una nueva tradición al pie de un buque:
Oprimo pues tu cuerpo
golosamente tu carne
contra mi cuerpo de atleta
que se tensa y se ablanda
por momentos,
feliz del triunfo y de la derrota
en este conflicto
del corazón y la cabeza.
Respecto al abrazo estéril
cuando la mente
realiza por fin la naturaleza entera,
yo soy semejante a la gran Safo.