¿Tuvo que ver la KGB en la muerte de Albert Camus?

POR Kim Willsher
El diario italiano Corriere della Sera ha sugerido que espías soviéticos pueden haber estado detrás del accidente. La teoría se basa en las observaciones de un académico y poeta que señala que un pasaje en un diario escrito por el poeta y traductor checo Jan Zábrana, publicado en el libro Cely Zivot, fue editado de la traducción italiana
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París. Cuando el filósofo, autor y mujeriego empedernido Albert Camus murió en un accidente de auto en 1960 a sólo dos años de ganar el premio Nobel de literatura, el beau monde intelectual de Francia lamentó lo que parecía ser una tragedia casi monstruosa.
En el bolsillo de Camus había un billete de regreso de tren no utilizado de su casa en Provenza a París. El escritor de 46 años tenía la intención de viajar de regreso en tren después de las vacaciones de Navidad con su esposa Francine y sus gemelos adolescentes Catalina y Jean. En cambio, su amigo y editor Michel Gallimard se ofreció a llevarlo.

Camus murió instantáneamente cuando el poderoso auto Facel Vega de Gallimard salió de la carretera cubierta de hielo y se estrelló contra un árbol. Gallimard murió pocos días después. Además del billete de tren, la policía encontró entre los restos 144 páginas del manuscrito titulado “El primer hombre”, una novela inconclusa carca de la infancia de Camus en Argelia, y de la que él había dicho que sería su mejor obra. La tragedia conmocionó y entristeció a Francia. Pero nadie imaginó que el accidente pudo ser algo más que un accidente.
El diario italiano Corriere della Sera ha sugerido ahora que espías soviéticos pueden haber estado detrás del accidente. La teoría se basa en las observaciones formuladas por Giovanni Catelli, un académico y poeta italiano que señala que un pasaje en un diario escrito por el famoso poeta y traductor checo Jan Zábrana, publicado en un libro titulado Cely Zivot, fue editado de la traducción italiana.
En el párrafo mencionado, Zábrana señala: “Escuché algo muy extraño de la boca de un hombre que sabía muchas cosas y que tenía fuentes muy bien informadas. De acuerdo con él, el accidente que costó la vida de Albert Camus en 1960 fue planeado por espías de la Unión Soviética. Dañaron un neumático del coche con un sofisticado equipo que cortó o hizo un agujero en la llanta a toda velocidad.
“La orden fue dada personalmente por [Dmitri Trofimovic] Shepilov [ministro soviético de Exteriores] como una reacción a un artículo publicado en Franc-tireur [una revista francesa] en marzo de 1957, en la que Camus lo atacó [a Shepilov], nombrándolo expresamente en los acontecimientos de Hungría”. En su obra, Camus había denunciado las “Masacres de Shepilov” –la decisión de Moscú de enviar tropas para aplastar la sublevación húngara de 1956.
Con la marca de la casa
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Un año más tarde, Camus enojó aún más a las autoridades soviéticas cuando apoyó públicamente al escritor ruso Boris Pasternak, ganador del premio Nobel y autor de Doctor Zhivago, una obra prohibida por Stalin. Corriere della Sera concluye que había razones suficientes para que “Moscú ordenara el asesinato [de Camus], en el habitual estilo profesional de sus agentes de la KGB”. De ser esto cierto se reabrirían las heridas entre los millones de devotos de la obra de Camus. En el entierro del autor de L’Etranger, La peste y Le Mythe de Sisyphe en el cementerio de Lourmarin, cerca de Vaucluse, en la Côte d’Azur, uno de los cargadores del ataúd de Camus fue un connotado anarquista. El equipo de futbol local también estuvo presente, lo que demuestra la condición de Camus lo mismo como hombre del pueblo que como intelectual. Incluso el año pasado, el presidente francés Nicolas Sarkozy y un simpatizante de Camus intentaron, sin éxito, trasladar los restos del autor al Panthéon, el último lugar de descanso de los grandes de Francia.
Olivier Todd, ex corresponsal de la BBC en París, cuya biografía, Albert Camus: Une Vie, fue publicada en inglés en 2000, declaró al Observer que durante la investigación en los archivos soviéticos no encontró ninguna referencia de que Moscú ordenara el asesinato. “Mi primera reacción es que ninguna de las actividades de la KGB y de sus sucesores me sorprendería, pero esa afirmación [la del presunto asesinato de Camus] me ha dejado atónito. Uno debe preguntarse quién saldría beneficiado y por qué.”
Y agrega: “Es interesante y divertido, y ciertamente la documentación de la KGB está llena de relatos de cómo los soviéticos utilizaron a los checos para hacer su trabajo sucio. Pero mientras no se compruebe que la KGB hizo tal cosa, no creo que la historia sea verdadera.”
Tomado de: The Observer. Agosto 7, 2011.
Traducción: José Luis Durán King.