Yoko Ono: la artista desconocida más famosa

POR Melissa Mota
Paradójicamente, su nombre es de los más conocidos, pero sus obras son de las más desconocidas. Bien lo dijo John Lennon en vida: “Es la artista desconocida más famosa del mundo; todos saben su nombre, pero nadie sabe lo que ella hace”
(imaginepeace.com)
Al escuchar el nombre de Yoko Ono se hace una relación inmediata con John Lennon; sin embargo, lo que pocos saben es que más allá de haber sido una figura pública, señalada como la causante de la separación de los Beatles, es una de las artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, ya que a partir de sus múltiples innovaciones en diversos campos artísticos, amplió las fronteras del arte, dejando así un terreno fértil para las generaciones siguientes.

Nacida en Tokio en 1933 en el seno de una familia aristocrática, recibió una educación musical desde pequeña, dando su primer concierto de piano a los cuatro años e incursionando en la ópera desde temprana edad. Varios años después se trasladó con su familia a Estados Unidos, pero pronto tuvieron que volver a Japón debido al sentimiento anti-nipón tras la Segunda Guerra Mundial.

En los años 50, Yoko volvió a Estados Unidos, fijando su residencia en Nueva York para estudiar música en el Sarah Lawrence College, lugar en el que comenzó a interesarse por el arte vanguardista y especialmente en el minimalismo. Poco a poco comenzó a experimentar con diversas técnicas como dibujo, pintura, fotografía, escultura, video, instalaciones y performances, así como en la poesía y, por supuesto, en la música.
Una década más tarde, su loft,, ubicado en la calle Chambers, en Nueva York, se convirtió en un sitio de reunión artística, donde personas de distintas disciplinas intercambiaban ideas y experimentaban nuevas formas de arte. Así surgieron “The Chambers Street Series”, conciertos experimentales en los que creaban sonidos con objetos cotidianos, rompiendo las estructuras institucionales de la interpretación musical. En estos conciertos participaron músicos como John Cage, Le Monte Young, David Tudor, Henry Flynt, entro otros. Asimismo, se realizaban performances y declamación de poesía abiertos al público.
La importancia de estas reuniones se debe a que a partir de la experimentación producida en sus sesiones –con una clara influencia dadaísta— inicia el movimiento Fluxus, cuyo líder fue el lituano George Maciunas. Esta corriente artística se caracterizó por su naturaleza interdisciplinaria, efímera, inestable y causal, que a partir de acciones lúdicas sin reglas, aparentemente incoherentes, anárquicas y absurdas, recalcaban su postura anti-burguesa y anti-comercial del arte, al mismo tiempo que cuestionaban los límites artísticos. Entre sus integrantes estuvieron, además de Ono, Joseph Beuys, George Brecht, John Cage y Nam June Paik.
Tras numerosas acciones, Maciunas decidió abrir la Galería AG, ubicada en Nueva York, para exhibir las diversas obras “anti-artísticas” (como él mismo las denominó) surgidas en el loft de Chambers.
Fue en esta galería donde Yoko Ono tuvo su primera exposición en 1961.  Tras esta primera muestra, Ono comenzó a exhibir en diferentes partes del mundo mostrando sus obras que contenían ya una carga conceptual, cuestionando valores inherentes de la cultura y sociedad, así como el significado del arte. En este periodo fue pionera del arte al centrarse en las ideas y en el significado más que en el objeto en sí, desmaterializando de esta manera al arte y convirtiendo a la idea en la materia prima de la creación, abriéndose a disciplinas como la filosofía y la lingüística. También se interesó en la participación mental y física del público al hacer piezas que solo se convertían en obras de arte gracias a la interacción de los espectadores, ya que dejaban su pasividad por accionar la obra.
Ejemplo de ello fue su exposición en Sogetsu Art Center de Tokio en 1962, donde colocó 13 lienzos, cada uno con un título en la pared, que invitaban a participar al público; así se encontraban Pintura para pisar, Pintura para poner un clavo o Pintura de humo, en la que los espectadores debían quemar el lienzo con cigarros. Siguiendo con esta idea, en 1964 escribió el libro Grapefruit, que contenía instrucciones para hacer arte; la última de ellas, quemar el libro después de haber seguido todas las indicaciones.
Painting to Hammer
En Cut Piece, uno de sus performances más famosos, Yoko Ono, sentada en un escenario, invitaba a los miembros del público a subir y cortar piezas de su ropa con tijeras hasta quedar desnuda, dando como resultado un acto de exhibicionismo, pero no del cuerpo sino de la condición humana.
Cut Piece
Otra de sus obras más famosas, y por la que Lennon se enamoró de ella, es Yes. Para esta obra, la artista escribió con letras diminutas una palabra en el techo. Para que el espectador pudiera leerla debía subir a una escalera y tomar la lupa sujetada del techo. La palabra era “Sí”, con lo que hacía un llamado a tener una actitud positiva en el complejo contexto político y social que vivía el mundo.
Asimismo, realizó numerosas composiciones musicales, la mayoría experimentales e incursionó en el video con la misma naturaleza experimental.
Yes
Su relevancia en el arte contemporáneo fue reconocida en 2009 al ser merecedora del “León de Oro” otorgado por la Bienal de Venecia por su trayectoria. A pesar de ello, lamentablemente, Ono sólo es reconocida por un grupo reducido; pocos son los que valoran su extraordinario espíritu innovador y su importante herencia al mundo artístico contemporáneo.
La sombra de Lennon, aun después de 31 años de su muerte, sigue eclipsándola. Paradójicamente, su nombre es de los más conocidos, pero sus obras son de las más desconocidas. Bien lo dijo John Lennon en vida: “[Yoko Ono] es la artista desconocida más famosa del mundo; todos saben su nombre, pero nadie sabe lo que ella hace”.