En la era digital, los empleos son obsoletos

POR Douglas Rushkoff*
El reemplazo de la fuerza laboral por máquinas y tecnología obliga a la creación de un nuevo modelo donde se cree y comparta información
¿Adiós al cartero? (v-like-vintage.net)
El Servicio Postal de Estados Unidos parece ser la última víctima en la sustitución lenta, pero constante de trabajadores humanos por la tecnología digital. A menos que una fuente externa de financiamiento ingrese, la oficina de correos tendrá que reducir sus operaciones drásticamente, o simplemente cerrar por completo. Eso significa 600 mil personas que quedarían sin trabajo, y otros 480 mil que enfrentarían un ajuste en sus términos.

Podemos culpar a partidos de derecha por tratar de socavar los empleos, o al ala izquierda por tratar de preservar los sindicatos contra el gobierno y los recortes corporativos. Pero el verdadero culpable (por lo menos en este caso) es el correo electrónico. La gente envía 22 por ciento menos correos de los que enviaban hace cuatro años, optando por el pago electrónico de facturas y otros medios de comunicación en la red, en lugar de sobres y estampillas.
Las nuevas tecnologías hacen estragos en las cifras de empleo: desde cobros electrónicos de pasaje hasta automóviles de Google que se manejan solos, haciendo obsoleto el trabajo de taxistas. Cada nuevo programa de computadora hace, básicamente, la tarea que una persona solía hacer. Sin embargo, la computadora suele hacerlo de forma más rápida, más exacta, por menos dinero, y sin ningún costo de seguridad social.
Nos gusta creer que la respuesta adecuada es entrenar a los seres humanos para trabajos de alto nivel. En lugar de recolectar el cobro del pasaje, el trabajador entrenado reparará y programará robots para que cobren el peaje. Pero realmente nunca funciona de esa manera, ya que no se necesitan tantas personas para hacer robots como las que reemplazan estas máquinas.
(libcom.org)
El presidente estadounidense sale en la televisión diciendo que el gran problema de nuestro tiempo es el empleo, empleo, empleo. Como si la razón para construir autopistas de alta velocidad y reparar puentes fuera para poner a la gente de vuelta en un empleo. Me parece que hay algo detrás de esa lógica. Me pregunto si podríamos estar aceptando una premisa que merece ser cuestionada.
Tengo miedo siquiera de preguntar esto, pero ¿desde cuándo el desempleo es realmente un problema? Yo entiendo que todos queremos cheques de pago, o dinero. Queremos comida, refugio, ropa, y todas las cosas que el dinero nos compra. Pero ¿es que realmente todos queremos puestos de trabajo?
Estamos viviendo en una economía donde la productividad ya no es el objetivo, es el empleo. Eso es porque, en un nivel muy fundamental, tenemos casi todo lo que necesitamos. Estados Unidos es lo suficientemente productivo como para albergar, alimentar, educar, e incluso brindar atención médica a toda la población mundial con solo una pequeña parte de su población trabajando.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas y la Organización para la Agricultura, se producen suficientes alimentos para proveer 2 mil 720 kilocalorías a todas las personas cada día. Y eso es incluso después de que Estados Unidos se deshace de miles de toneladas de cosecha y productos lácteos sólo para mantener los precios altos en el mercado. Mientras tanto, los bancos estadounidenses sobrecargados con propiedades ejecutadas están demoliendo viviendas desocupadas para eliminar las casas vacías de sus registros.
Nuestro problema no es que no tengamos suficientes bienes: es que no tenemos los medios suficientes para que la gente trabaje y demuestre que se merece estas cosas.
(holtssummitpd.com)
Los empleos, como tales, son un concepto relativamente nuevo. Puede que la gente siempre haya trabajado, pero hasta el advenimiento de las corporaciones en el Renacimiento, la mayoría de la gente simplemente trabajaba para sí misma. Hacían zapatos, desollaban pollos, o creaban valor de alguna u otra manera para otras personas, que luego lo comercializaban o pagaban por esos bienes y servicios. En la Edad Media, la mayor parte de Europa estaba en pleno apogeo en virtud de este acuerdo.
La única que perdía riquezas era la aristocracia, que dependía de sus títulos para obtener dinero de los que trabajaban. Y así se inventó el monopolio decretado. Por ley, las pequeñas empresas en la mayoría de las principales industrias fueron cerradas y la gente tuvo que trabajar para las corporaciones señaladas como oficiales. A partir de entonces, para la mayoría de nosotros, trabajar llegó a significar tener un empleo.
La era industrial se trató en gran parte de hacer que esos trabajos fueran de baja categoría y tan menos calificados como fuera posible. Las tecnologías como la línea de montaje eran menos importantes para hacer más rápida la producción que por hacerla más barata, y a los trabajadores más reemplazables. Ahora que estamos en la era digital utilizamos la tecnología de la misma manera: para aumentar la eficiencia, despedir a más personas, y aumentar las ganancias empresariales.
Si bien esto es ciertamente malo para los trabajadores y los sindicatos, me pregunto hasta qué punto es realmente malo para la gente. ¿No es esto para lo que se creó toda tecnología en primer lugar? La pregunta que tenemos que empezar a hacernos no es cómo emplear a todas las personas que hayan quedado superadas por la tecnología, sino ¿cómo podemos organizar una sociedad en torno a algo que no sea el empleo? ¿Podría el espíritu de empresa que actualmente asociamos con una carrera ser desplazado a algo completamente más colaborativo, incluso con propósito y significado?
En cambio, tratamos de utilizar la lógica de un mercado laboral escaso para negociar cosas que realmente tenemos en abundancia. Lo que nos falta no es el empleo, sino una forma de distribuir justamente la generosidad que hemos generado a través de nuestras tecnologías, y una manera de crear sentido en un mundo que ya ha producido demasiadas cosas.
(seducedbythenew.com)
La respuesta comunista a esta pregunta era simplemente distribuir uniformemente todo. Pero eso minó la motivación y nunca funcionó como era anunciado. La respuesta opuesta y libertaria (y el modo en que parecemos ir en este momento) sería permitir que aquellos que no pueden sacar provecho de la generosidad simplemente sufran. Reducir los servicios sociales, junto con sus empleos, y esperar que se desvanezcan en la distancia.
Pero aún puede existir otra posibilidad, algo que no podíamos realmente imaginar por nosotros mismos hasta la era digital. Como pionero de la realidad virtual, Jaron Lanier, señaló recientemente que ya no necesitamos hacer cosas con el fin de hacer dinero. En cambio, podemos intercambiar productos basados en la información.
Empecemos por aceptar que los alimentos y la vivienda son derechos humanos básicos. El trabajo que hacemos (el valor que creamos) es para el resto de lo que queremos: las cosas que hacen divertida la vida, que le dan sentido y propósito.
*Teórico de los medios de comunicación y autor de Program or Be Programmed: Ten Commands for a Digital Age y Life Inc: How Corporatism Conquered the World and How We Can Take it Back.
Tomado de: CNN Mundo. Noviembre 21, 2011.