La espiral de Moebius

POR Gabriel Ríos
Lo novedoso de la obra de Santos-Febres es la extraversión sin profundidad, producto del melodrama de las diferencias que se da en el orbe. Tiene que ver con lo interactivo, que responde a la desaparición de la alteridad
(latinale.blogsport.eu)
La adicción al erotismo lo es a la fantasía robada y a los poderes espirituales, asegura el travesti Martha Divine, protagonista de la novela Sirena Selena vestida de pena, de la boricua Mayra Santos-Febres.
Ernst Jünger, en el libro Acercamientos, drogas y ebriedad, escribe de marcas históricas, como la representación de la ópera Las bodas de fígaro en Gennevilliers, en 1783. Afirma que desde entonces las sociedades permanecen idénticas, aunque con un deslizamiento de más de 2 mil años de existencia.
Las palabras y nuestros sentidos han quedado reprocesados en ese tránsito. Imitamos a la realidad en silencio y aplaudimos al final, no nada más a Wolfgang Amadeus Mozart, sino también la obra entera de Richard Wagner.

Montados y travestidos en cocodrilos calcáreos, nos ausentamos del pliegue que todo doblega: somos auténticos saqueadores de escombros: críticos, poetas, periodistas, adictos a las redes sociales antropocéntricas.
Como marginales preferimos vagar día y noche, pues el mundo es vasto y ancho. Lo anterior podría haberlo sugerido Maimónides a los judíos entrampados en sus propios dogmas, en el siglo XII.
Quien diseñó el códice de cómo salir de la perplejidad y alcanzar la perfección y firmeza, aplicó sencillez a la ebriedad especulativa, en resumen, a los deseos y actividades febriles de los astrólogos de Yemen o quizá a quienes seguían el principio de que no debía prestarse atención a la materia –el comer, beber, el sexo, la cólera, el miedo, y sobre todo, la envidia— angostándose el intelecto y el acercamiento a Dios, mediante la disciplina.
La conciencia nunca alcanza a domeñar los asuntos terrenales. Aun así, siempre existirán quienes intentan descubrir los secretos de las luces del Cantar de los cantares, en el contexto de la incertidumbre sufrida por los judíos.
(narrativadeyolanda.blogspot.com)
Ironía de esos hechos, se aprecia en la cinta Tren de vida, de Radu Mihaileanu, interesado en la huída sin fin hacia la Tierra Prometida. Con más profundidad en los susurros correspondidos de Ibn Aknin y Maimónides que resuman crítica al superinflado sentido del tacto, mas no al aforismo, recurso eficaz para hombres o mujeres de nuestro tiempo, ángeles escapados de los cielos y demonios adolescentes que sienten, conscientes, el amor simulado.
Sirena Selena vestida de pena, la novela, interpreta su propia desaparición e incluso nostalgia, una especie de relámpago ecléctico de formas y placeres. Mayra Santos-Febres, su creadora, desencadena un ramillete de imágenes donde no hay nada que ver, más que el milagro de la literatura que nos permite seguir creyendo en el arte sin creer en él.
Tal vez tengamos que considerar lo expresado por Jünger o Maimónides, quienes, mediante juicios asertivos, nos hicieron regresar a ese modo de ser de las sociedades primitivas, que en la percepción de Martha Divine están a punto de liberarse de lo malo y lo bueno. En cierto sentido se han multiplicado, en especial como un exorcismo del deseo, por la exageración de la puesta en escena más eficaz.
Diría Baudrillard que la represión es memoria que puede comprobarse al momento.
(wventv.com)
Lo novedoso de la obra de Santos-Febres es la extraversión sin profundidad, producto del melodrama de las diferencias que se da en el orbe. Tiene que ver con lo interactivo, que responde a la desaparición de la alteridad. El todo ha sido integrado, asumido y reabsorbido en la inclusión, exclusión, reconocimiento-discriminación, infancia, locura y muerte.
Elegir entre ser mujer u hombre sigue siendo una fantasía, la de engendrarse a sí mismo, prescindiendo del padre, la madre y Dios, no a favor de una libertad aleatoria del sujeto, sino de una matriz, de donde surgen figuras como la de dos travestis que se enfrentan consigo, sin comprenderse entre sí.
Algunos de los episodios del texto, permiten ese cuerpo a cuerpo despiadado. La escritora señala mejor sus golpes al avanzar la narración. Se plantea el cómo se puede ser,  regresando de la propia extrañeza, aniquilando la apostasía y generando la tipología más bella, la Espiral de Moebius.