Movimiento antropofágico: devorar y devorarse

POR Melissa Mota
El razonamiento caníbal fue retomado y metaforizado por un grupo de artistas brasileños que buscó devorar lo mejor de su cultura y de la modernidad europea, en un intento por separarse de la costumbre decimonónica de imitar las tendencias occidentales
Autorretrato de Tarsila do Amaral (polarbearstale.blogspot.com)
A lo largo de los siglos, el canibalismo, o más específicamente, la antropofagia, ha sido calificada como un acto salvaje. Sin embargo, en algunos casos existe una filosofía detrás de esta actividad. Es el caso de la comunidad Tupinambá, de Brasil, que capturaba a sus enemigos para devorarlos con la intención de incorporar a sus partículas características de los cautivos como la bravura, la fuerza, el coraje y los conocimientos de su comunidad, para ser de esta manera un pueblo más fuerte y poderoso. Aunque esa costumbre terminó con la conquista portuguesa, varios siglos después ese razonamiento caníbal fue retomado y metaforizado por un grupo de artistas e intelectuales brasileños que buscaban devorar lo mejor de su cultura y de la modernidad europea, buscando separarse de la costumbre decimonónica de imitar las tendencias occidentales sin hacer una introspección y valoración de la cultura propia.

El periodo en el que inició este movimiento se caracterizó por múltiples cambios políticos, sociales y culturales heredados por la independencia del país; contexto que fue tierra fértil para el surgimiento de una necesidad de definir la identidad nacional y los rasgos que los diferenciaban del “otro” europeo. Por primera vez, Brasil volteó su mirada a su propio pasado, incluyendo el pre-colonial y el colonial sin olvidarse de la época en la que vivían, permeada por influencias extranjeras.
La negra, Tarsila do Amaral (depasoarte.blogspot.com)
Muchos de los artistas y escritores pertenecientes a este grupo se formaron en escuelas europeas, aprendiendo las corrientes artísticas más novedosas; sin embargo, al volver a su país las asimilaron desde la identidad local. Tal fue el caso de Tarsila do Amaral (1886-1973), quien en 1928, tras regresar de París, realizó Abaporú (que en tupi-guaraní significa antropófago), una pintura con técnica vanguardista que representa una figura con el cuerpo desproporcionado, acentuando las dimensiones del pie y de la mano que se aferran a la tierra. El crítico Maurice Raynal comentó sobre la obra: “La Sra. Tarsilia trae del Brasil la primicia de una renovación artística, los primeros síntomas de la decadencia, en esa gran nación, de las influencias académicas internacionales que hasta ahora habían apagado su personalidad. He aquí escenas autóctonas o de imaginación puramente brasileñas”. Cuando los poetas brasileños Oswald de Andrade y Raúl Bopp vieron esta pieza, coincidieron en que de ella podría surgir un movimiento literario al que llamarían “Antropofagia”. Lo que causó su asombro fue que por vez primera una pintura representaba la esencia de la cultura y la psicología nacionales, no sólo por el tema representado sino por la ejecución de la obra que colocaba en un lugar preponderante los colores y las formas nativas.
Abaporú, Tarsila do Amaral (carolinacabrall.blogspot.com)
Al poco tiempo se fundó el club de Antropofagia, que elaboró una revista con el mismo nombre bajo la dirección de Antônio Alcântara Machado y Raul Bopp. En el primer volumen, Oswaldo de Andrade publicó el manifiesto del movimiento, en el cual atacaba los paradigmas eurocéntricos y revalorizaba la etapa anterior a la conquista. Fue un llamado a despertar la conciencia sobre lo propio y dejar de ser víctimas del sistema, suprimir las ideas que paralizan, la realidad social y parar de idolatrar a las culturas trasatlánticas. Al mismo tiempo hablaba de la “Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en totem”, con lo que también invitaba a valorar lo exterior para que, al ser digeridos sus elementos (al igual que los tupinambás), la sociedad se enriqueciera y cobrara fortaleza.
Un año después de la creación de la revista, las publicaciones ocuparon una página semanal del Diario de Sao Paulo. Sin embargo, a pesar de que el movimiento tuvo gran aceptación en el ámbito intelectual local e internacional, también escandalizó y enfureció a parte de la población, que no tardó en reclamar al periódico el espacio otorgado a los antropófagos, por lo que se suspendieron sus publicaciones dando fin así al movimiento literario.
La importancia de la corriente antropofágica recae en que, a diferencia de otras tendencias coetáneas latinoamericanas, no se enfocó exclusivamente en el indigenismo o en lo meramente autóctono, sino que tuvo la capacidad de reconocer en el “otro” características devorables e integrables a su identidad en formación. Asimismo, el entrelazamiento de diversas disciplinas artísticas, como la literatura y la pintura (que a su vez se comían mutuamente), dio como resultado un movimiento que comprobó que era posible producir algo propio a partir del acto de devorar.
Antropofagia, Tarsila do Amaral (artefontedeconhecimento.blogspot.com)