Egosurfing: cuando el navegador no es confiable para la vanidad

POR BBC Mundo
La vanidad puede medirse por el número de veces que introducimos nuestro nombre en el casillero de búsqueda de Google. Sin embargo, nuestra popularidad puede depender del número de veces que introducimos nuestro nombre en el rastreador del buscador
(kristelcuenta.com)
Si la belleza depende de los ojos de quien observa, entonces la belleza digital –entendida como cuán populares somos en la red— depende del computador que se consulte. Y, en la era digital, la vanidad puede medirse por el número de veces que introducimos nuestro propio nombre en el casillero de búsqueda de Google.
Esta práctica tiene muchos nombres, al menos en inglés: egosearching, egogoogling, self-googling… Su nombre oficial, sin embargo, es egosurfing, término que ya figura en el diccionario de la lengua inglesa de Oxford.

Pero aquellos que lo practican deben saber que el número de resultados que aparece es relativo y varía de acuerdo con el computador donde se realiza la búsqueda.
Y no es que Google se haya roto: es que el número de entradas que aparece cuando realizamos una búsqueda depende tanto del computador como de la copia del buscador que se utiliza.
Existen varias copias de Google en el mundo y puede ser que su búsqueda se haya remitido a una versión con un flujo de tráfico menor en ese momento. Además, los resultados también se personalizan según búsquedas realizadas con anterioridad y el lugar geográfico desde el que accedemos a la red.
A ojo de buen cubero
(rainycitytales.wordpress.com)
Un principio básico que deben tener en cuenta los egosurfistas, es que cuando introducimos nuestros datos es probable que muchas de las entradas resultantes correspondan a otra María Jiménez o Juanito Pérez. Por ese motivo, una norma básica es entrecomillar las palabras o frase introducida para afinar al máximo la búsqueda. Pero incluso, entonces, le advertimos que no debe creerse del todo esas cifras.
Un estudio comparativo de consultas que obtuvieron menos de mil resultados constató que incluso el mejor buscador realiza sus cálculos a ojo de buen cubero. Ninguno de ellos proporciona el número exacto de documentos disponibles, son tan sólo estimaciones.
No obstante, los investigadores descubrieron que los resultados eran bastante precisos cuando sólo se introdujo una palabra. En cuanto añadían nuevas palabras, los resultados se hacían más vagos.
“Las estimaciones fueron confiables en 80 por ciento de los casos, sólo se dieron errores de estimación en 20 por ciento”, explica Ahmet Uyar, director del Departamento de Ingeniería Computacional en la Universidad Mersin en Turquía. “Pero cuando lo intentamos con dos palabras la precisión se redujo a la mitad”, apunta.
Y cuando se introdujeron cinco palabras, la precisión caía abruptamente a 20 por ciento de las veces consultadas. Los expertos señalan que esa falta de precisión se tolera para que las búsquedas se hagan más rápido.
Las super-computadoras que están tras bambalinas en este proceso trabajan muy deprisa, mezclando y comparando infinidad de documentos, descartando elementos basura y páginas donde las palabras rodeando tus palabras de búsqueda son las mismas, y todo esto lo hace en menos de uno o dos segundos.
Piensen cuánto hay que buscar en Internet a escala global. Los motores de búsqueda probablemente sólo cubren una pequeña fracción.
Entendiendo a los buscadores
(entremujeres.com)
En 1999, investigadores trataron de establecer exactamente qué porción real de Internet se puede escudriñar con los buscadores más potentes y concluyeron que estos sólo abarcaban un escuálido 16 por ciento.
Aunque los motores de búsqueda han evolucionado muchísimo desde entonces, Internet también ha crecido, por lo que es posible que los buscadores sólo cubran una pequeña fracción de la información que ahí se esconde.
Además, los buscadores pueden repasar la red para siempre y aun así no encontrar todas las páginas de Internet que allí se encuentran, asegura Mike Thelwall, investigador de cibermétrica de la Universidad de Wolverhampton en Reino Unido. “La razón es que no hay una gran lista de páginas de Internet en el mundo”, abunda.
“Todos los motores de búsqueda empiezan con una serie de grandes páginas de Internet y luego tratan de encontrar nuevas, principalmente siguiendo los vínculos en las páginas ya existentes. Así que si tienes una página de Internet que nadie ha vinculado es probable que Google no sepa de ti. Muchas páginas de Internet no existen hasta que las buscas”, añade.
“Los resultados de Google son un ejemplo”, explica, “ya que el número de búsquedas distintas que se envían a Google a la vez puede generar infinitos resultados de página. Además, muchas páginas se crean con sistemas de generación de contenidos, con distintas variantes para distintos usuarios cuando entran en ellas. Estas páginas dinámicas incluyen a muchas páginas 2.0 editables por los propios usuarios, como lo son las redes sociales”.
Febrero 20, 2012.