Guía de los descarriados

POR Gabriel Ríos
Como Santo Tomás y Averroes representan (en el cristianismo e islamismo, respectivamente) el intento medieval de síntesis de la oposición entre fe y razón, Maimónides juega un papel similar en el judaísmo
Estatua de Maimónides en Córdoba (ahoovati.multiply.com)
Algunos estudiosos coinciden en que la filosofía nace de la perplejidad. Al contemplar las cosas naturales y los sucesos humanos, el filósofo intenta aprehenderlos con una segunda mirada, la que nace del asombro por indagar qué son o por qué son así. José Ortega y Gasset dijo que no había título más afortunado para un libro filosófico que el que Moisés Ben Maimón (más conocido por el helenizado Maimónides) le había puesto a uno suyo: Guía de los perplejos.

Maimónides (Córdoba, 1135- El Cairo, 1204) es el filósofo judío más importante de la Edad Media. Como Santo Tomás y Averroes representan (en el cristianismo e islamismo, respectivamente) el intento medieval de síntesis de la oposición entre fe y razón, el cordobés juega un papel similar en el judaísmo. Se le ha considerado un rabí de la misma preeminencia de Jehudá Haleví o Ibn Gabirol.
Maimónides escribió en árabe Dadalat Al Harijin, o sea Guía de los perplejos (que algunos traducen como descarriados), para explicar a José Ben Yehudá, discípulo suyo, algunas dudas. En sus palabras: “Vi que habías estudiado algo de estas cuestiones con otros maestros, pero estabas agitado y angustiado por diversas dudas…”
El libro, entonces, está hecho para aquellos que han emprendido estudios filosóficos pero aún se encuentran perplejos.
Antes de su muerte, Maimónides pudo ver la versión al hebreo redactada por su alumno Samuel Ibn Tibón, de la que alcanzó a corregir algunas partes con el título Moré Nebujim. Al mediar el siglo XIII, Sem Tob Ben Yosef Ibn Falaquera, en su Moré Ha Moré (Guía de la Guía) intentó señalar y arreglar algunas de las fallas de Ibn Tibón. Hasta el siglo XV es vertido al español, gracias a la versión de Pedro de Toledo.
Aparte de su gran labor filosófica y religiosa, donde destacan su Comentario a la Mishná y la Mishné Torá, además de aportaciones a la Cábala, Maimónides fue un gran médico. Salió de España al ser invadida Córdoba por los almohades. Con su familia se instaló en Fez, Marruecos, y fue allí alumno de Judá Ibn Sason. Tras una nueva persecución, viajó a Palestina. En El Cairo, y gracias a su fama, fue el doctor de cabecera del sultán Saladino y de su visir Alfadhei. Se dice que Ricardo Corazón de León le ofreció el puesto de médico real en Inglaterra.
(shutterstock.com)
En el siglo XIX, Salomón Munk realizó la primera edición crítica de la Guía, traduciéndola del original árabe al francés. Apareció publicada entre 1856 y 1866 y ha sido considerada desde entonces la mejor edición de este libro en idioma alguno.
Casi 100 años después, conmemorando el 750 aniversario de la muerte de Maimónides, la editorial argentina S. Sigal encargó a León Dujovne la traducción al español de la versión de Munk. Esos tres tomos se editaron en Buenos Aires en 1950.
En México, la primera edición, aunque incompleta, la hizo la editorial Orión, a mediados de los años 60. Quizá se debió más a un interés esotérico, pues dicha editora es conocida sobre todo por sus afanes de distribuir libros de esa índole.
Hasta 1984 encontramos una nueva traducción al español del libro clásico de Maimónides, ahora dado a la imprenta en Madrid por Editora Nacional, debida al empeño de David Gonzalo Maeso. Se trata de una edición erudita.
Guía de los perplejos es una de esas obras que trascienden el ámbito particular, para integrar los grandes valores de la humanidad.
(kb.dk)
La nueva edición de la Guía en cuestión fue publicada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 2000, con la versión de León Dujovne y prólogo de Angelina Muñiz-Huberman. Está dividida en tres partes. En la primera, Maimónides hace una exégesis de distintos términos que se han predicado de Dios por simple analogía. Expone la forma de atribución negativa, y culmina hablando de algunos de los argumentos del calam.
La segunda desarrolla distintas tesis peripatéticas y señala  las diferencias entre las inteligencias separadas o ángeles, el intelecto activo universal y las esferas. Habla de las distintas posiciones acerca de la creación o no del mundo. Finalmente expone sobre las profecías y los profetas.
La última comienza refiriéndose al Maasé Mercabá o Relato del carro celestial, la visión del profeta Ezequiel. Después aborda el mal, la providencia y el libre albedrío.
Como en la mayoría de los filósofos de la Edad Media es evidente la influencia de Aristóteles. Basta recordar que se solía llamar, en lugar de su nombre, sólo como El Filósofo. Pero Maimónides no se conforma con ese horizonte de pensamiento: también encontramos ideas neoplatónicas, que posiblemente le llegaron a través de Filón, otro pensador judío.
El método de exposición maimonideana lo hermana con muchos otros filósofos anteriores y posteriores. Recordemos, por ejemplo, a Sócrates. En la obra platónica lo vemos discurrir de tal modo que lo primero que utiliza es un método lingüístico: indagar qué significa o qué entendemos por una determinada palabra o concepto. Si vamos al Teeteto, la pregunta apunta hacia la ciencia, o el amor en El banquete.
Tumba de Maimónides (israelholyplaces.com)
Maimónides desarrolla un análisis lingüístico, de acuerdo con Angelina Muñiz-Huberman. Tal vez se deba, también, a una influencia religiosa. Porque en el judaísmo, y es un aspecto relevante en la Cábala –y otros misticismos—, en Dios la palabra es simultánea al acto de crear; por tanto, la lengua tiene un poder creativo, infinito. Maimónides se preocupa por establecer el significado de los conceptos.
Si Aristóteles en su referente remoto, el contemporáneo son los filósofos árabes, sobre todo los motecálimes, o sea los seguidores del calam, o escolástica islámica. Contra ellos discute Maimónides sobre la creación del mundo, la demostración de la existencia de Dios, la providencia y temas semejantes.
En el terreno teológico, el cordobés es conocido como el filósofo de los atributos negativos. Afirma Maimónides que a veces es mejor seguir una ruta distinta para conocer. Así, para saber qué o quién es Dios, dice que no hay mejor forma de conocerlo que comenzar por predicar de Él aquello que no es. Por ejemplo, podemos decir que Dios no es mortal, no es finito, etcétera. Pero también es necesario decir que Dios no existe. ¿Por qué? Dado que Dios es una unidad, la existencia no es un atributo o algo que le viene de fuera. Lo único que se puede decir de Dios son sus propias palabras (contenidas en Éxodo, III, 14): “Yo soy el que soy”.
Esta forma de la predicación negativa se volvió célebre en algunos pensadores escolásticos posteriores, de las tres religiones. Recordemos en el cristianismo a Alberto Magno y a su discípulo más destacado, Tomás de Aquino. Y no sólo ésa es la influencia maimonideana. Sus ideas resuenan en autores como Spinoza, Leibniz y Hegel.