La vida como obra de arte

POR Gabriel Ríos
Al referirse a los libros de Michel Foucault, el pensador Gilles Deleuze decía que eran “cuadros coloreados sobre un mapa milimétrico”, vinculados entre sí tanto por una especie de escritura melódica, de contrapuntos, como por un proceso narrativo que desarrollaba de una obra a otra
(foucaultsociety.wordpress.com)
La elaboración de la vida como obra de arte personal –techné tou biou—, como una experiencia moral cuyos cánones colectivos había que obedecer, fue el centro de la voluntad de la moral de la Antigüedad.
El cultivo de uno mismo era una actitud, una forma de comportarse que se lograba mediante la meditación y la memorización de guías, recetas y reglas de conducta establecidas por aquellos deseosos por transformar su vida con valores estéticos.

Ocuparse de uno mismo era un privilegio, una señal de superioridad, una actividad regulada con objetivos y procedimientos que designaba una actitud de conciencia o una forma de atención hacia sí.
El viaje filosófico e histórico de Michel Foucault a Grecia y Roma no fue sólo en buscar las claves de la estética de la existencia o del autogobierno de los placeres, sino también averiguar cómo se integraba la verdad a las prácticas de autoconocimiento y del cuidado de uno mismo.
El pensador francés visualizó la vida como una obra de arte.
En 1984, mientras era atendido de sida en el hospital Taner de París, se dedicó a la revisión de las pruebas de imprenta de los dos últimos tomos de Historia de la sexualidad, y de la redacción de otro más: Las confesiones de la carne, que no fue publicado y que permanece inédito.
Los libros de Foucault no son una organización retórica, sino una “superposición de mapas”. Su amigo Gilles Deleuze decía que eran “cuadros coloreados sobre un mapa milimétrico”, vinculados entre sí, tanto por una especie de escritura melódica, de contrapuntos, como por un proceso narrativo que desarrollaba de una obra a otra.
En Historia de la sexualidad, Foucault abre una crítica hacia la aceptada idea de que en la sociedad moderna hay una represión generalizada del sexo.
Por el contrario, afirmaba, más que ser la nuestra una sociedad sexualmente represiva, el sexo ha sido puesto a hablar en diferentes lugares como los confesionarios, el diván del psicoanalista y los consultorios de médicos, psicólogos, psiquiatras y pedagogos.
(orgtheory.wordpress.com)
El pensamiento de Michel Foucault: a partir del siglo XVII en las sociedades occidentales se desarrolló una serie de tecnologías para entrenar y vigilar a los individuos en sus comportamientos corporales.
Foucault es vehemente cuando habla del poder pastoral que se desarrolla a lo largo de la Edad Media y se agudizó con la reforma protestante y la contrarreforma.
La figura del pastor es fundamental en el discurso de Foucault, pues señala que es quien reúne, conduce a su rebaño y su función es asegurar la salvación de éste, mediante una benevolencia constante: para lograrlo, debe conocer los secretos de las personas, de sus almas, de sus intimidades.
Dice Michel Foucault que el pastor se vincula con la producción del individuo, de su distinción de sexo, edad, estatus social, nexo moral y de sumisión, de dependencia y obediencia, entendida esta última, como una verdad.
El estilo de Foucault –autor de Las palabras y las cosas, La arqueología del saber, Vigilar y castigar e Historia de la sexualidad— presenta una serie de constantes, básicamente de interrelación, entre la historia, la literatura, los estudios sexuales, los gobiernos y la política.