Margarita Michelena: la injusticia del olvido

POR Óscar Garduño Nájera
Que nos quede claro: sólo dos mujeres fueron incluidas en la antología Poesía en movimiento y una de ellas fue Margarita Michelena, junto con Rosario Castellanos. Lamentablemente, hoy la voz de la primera sucumbe ante el destino fatídico de cualquier escritor: el olvido
(rafflesc.wordpress.com)
Hay un tipo de poesía cuyos versos, de tan precisos en cuanto a hechura, parecen tallados a mano dentro de un laboratorio fantástico de palabras. Ubicado tal vez en el sótano de la casa, o mejor aún, tras de una pared hecha con cientos de maquinas de escribir; ahí se mide el peso de cada grafía y no se pasa por alto ningún detalle.
Quien sabe de poesía dice que ésta se emparenta con la cocina: todos los ingredientes deben ser los correctos en cuanto a sabor y medida para conseguir el deleite del paladar, o de las emociones, que acaso con un poco de imaginación, vienen a ser lo mismo. Cuando uno se enfrenta a poemas así (o a banquetes) sucumbe ante la belleza de la expresión y queda inerte tras de la lectura (en plena digestión). No hay más. Por eso es tan difícil dar con buenos poetas (y más difícil con buenos chefs), incluso cuando hoy en día se ha desvirtuado tanto a dicho género literario que se coincide con José Emilio Pacheco al sugerir que se tiene que inventar un nombre para eso, porque ya no es y no puede ser poesía. Así las cosas.
Tras de los autores de esta poesía se dejan apreciar vastos conocimientos respecto a la lengua y sus mecanismos, una sensibilidad para captar el arrullo de los instantes y para adormecernos con poderosas ensoñaciones. Entonces ahí, colgados de los versos, agradecemos la lectura. Y volvemos a ella cuantas veces sea necesario; incluso nos tomamos el atrevimiento de subrayar este verso o colocar banderitas de colores entre las páginas; en fin, señalar el origen del milagro. Y todo esto sucede con la poesía de Margarita Michelena, poeta que de tan olvidada se nos vino a hacer de culto, de esas autoras que damos por artesanas y a las cuales conviene acercarse y admirar sus trabajos con las palabras, porque eso y no otra cosa, marca la diferencia entre la mala o la buena poesía.
Una mujer por la que Octavio Paz mostró admiración, al señalar que su obra “presagia la inminente madurez de la poesía que hoy se escribe en México” (Carta a Alí Chumacero, París, 1949). Para que nos quede un poco más claro: sólo dos mujeres fueron incluidas en la antología Poesía en movimiento y una de ellas fue Margarita Michelena, junto con Rosario Castellanos. Lamentablemente, hoy su voz sucumbe ante el destino fatídico de cualquier escritor: el olvido, pues la última edición de su antología de poesía, titulada Reunión de imágenes, editada por el Fondo de Cultura Económica, data de 1996. Por eso, si en el andar literario ustedes dan con ella encontrarán una poesía excelsa de puntiaguda calidad literaria, así como una historia, la suya, de hermosos trazos por demás emocionantes. Pongamos un ejemplo: “Nunca a amor como el tuyo/-panal de oscuro goce-/tuve el cuerpo rendido,/claustro de dulce hierba/y amoroso/desastre prometido”. De Sonata en la Tierra.
Librería Margarita Michelena, en Hidalgo (cultura.hidalgo.gob.mx)
Ahora mismo resulta difícil de creer que una mujer se haya aventurado a concebir un periódico para mujeres donde los hechos fuesen narrados desde una óptica femenina. ¿Saben por qué? Bueno, la historia de México es de machos bragados que se disputan su lugar en los anales mediante un volado, bebiendo tequila, escuchando mariachis o envueltos en banderas mientras dicen adiós al mundo con la manita estirada. Y con la historia literaria sucede lo mismo: forjada en los mayoría de los casos por los mismos bigotudos y bragados que se dedican a criticar los cuentos de Altamirano bebiendo lo que se deje, mientras suspiran por esa casta señorita, la cual no hace otra cosa que convocar a mujeres periodistas, para, ahora sí cabrones, lanzar Cotidiano, dirigido por Margarita Michelena, y cuyo lema fue: “La expresión de la mujer en la noticia”.
Pero eso es tan sólo una parte de lo que lleva a cabo esta mujer, pachuqueña de nacimiento (paisana del master Ricardo Garibay), a quien ElenaPoniatowska no duda en citar al decir que “ojalá y a los jóvenes periodistas de México se les diera un curso de cómo hacer editoriales y que esa cátedra llevara el nombre de Margarita Michelena”. Aquí otra prueba: “Estamos ya arrasados, detenidos,/fuera ya de nosotros, sin ribera ni centro,/sin nombre ni memoria,/perdida ya la clave del límite, la cifra/de nuestra propia imagen y su espejo”. De Monólogo del despierto.
Comienza sus andanzas literarias en la revista América, dirigida nada más y nada menos que por Efrén Hernández; luego dirige El libro y el pueblo de la SEP, articulista de Excelsior y Siempre!, directora del suplemento cultural “La cultura en México”, y guionista en la XEW sobre temas de lenguaje.
Yo no sé ustedes, pero ante mujeres así conviene rendirse. Y recuperar su obra al menos con una buena lectura (o repartiendo copias al por mayor en cuanto lugar sea posible), con un buen homenaje. Quizás ella así lo hubiera deseado. O acercarnos a sus inmejorables traducciones de Baudelaire, sin olvidar que David Huerta dijo que su poesía no tiene los lectores que merece, una poeta para poetas, y que nosotros aún podemos destacar como fieles a su palabra, cambiar un poquito la historia de las que injustamente quedan olvidadas.