Así se hizo: “The Doors”, de los Doors

POR Darío Manrique
Palabras mayores. El debut de los Doors, de 1967, es un disco sublime, sin apenas relleno, y pleno de audacia creativa. Al cumplir 45 años de su salida, conserva todo su poder
(last.fm)
¿Era Jim Morrison un egocéntrico exhibicionista? Probablemente. ¿Era un tipo pretencioso? Casi seguro. Pero esos defectos, que en otros artistas resultan simplemente exasperantes, en algunos como él son la gasolina que le empuja a romper barreras y pisar terrenos no conquistados.
1967 fue un grandísimo año para el rock. El disco del plátano de la Velvet Underground (¿por qué decimos “La Velvet”? No lo entiendo, pero no puedo evitarlo), el Are You Experienced? de Jimi Hendrix, el Sgt. Peppers de los Beatles, el Disraeli Gears de Cream, el Forever Changes de Love, etcétera. Precisamente, el líder de ese último maravilloso  grupo, Arthur Lee, tuvo su importancia en que los Doors pudieran sacar su disco.

Ray Manzarek conoció a Jim Morrison, ambos recién graduados en cine por UCLA, en 1965. Morrison era poeta más que un cineasta. Nunca había pensado en cantar ni tocaba ningún instrumento, pero Manzarek le animó a formar parte de un grupo en el que también estaban sus dos hermanos. Moonlight Drive, bonus track en la reedición de The Doors del 40 aniversario, fue lo primero que Morrison le cantó a Manzarek. La maqueta de ese tema muestra a un Morrison de voz frágil, sin dominar aún ese barítono tan masculino.
Con el tiempo, viendo que aquello no iba a ningún lado, los hermanos de Manzarek se largaron y la formación de los Doors se completó con John Densmore (batería) y Robbie Krieger a la guitarra (sí, no había bajista). Aparte de firmar un infructuoso contrato con Columbia, el grupo se dedicó durante un año y pico a componer y actuar a tope, hasta que Arthur Lee les vio y se los recomendó al capo de su sello, Elektra, Jac Holzman.
Holzman tuvo que verles cuatro noches en el Whiskey a Go-Go angelino hasta que se convenció de su potencial, y en el verano de 1966, con composiciones propias suficientes para llenar dos LP’s, les puso a las órdenes del productor Paul Rothchild. En el estudio Sunset Sound, Morrison usó un micro Telefunken U-47, el que usaba Sinatra, uno de sus ídolos, con el que grabó por ejemplo Break On Through (To the Other Side), una de sus canciones más conocidas, pero que a su salida como single fracasó en las listas de ventas.
Break On Through comienza con Densmore tocando un ritmo de bossanova, algo inusual en el mundo del rock de entonces, aunque por otro lado la bossanova estaba viviendo la edad de oro de su popularidad en Estados Unidos. Otras influencias de la canción son el What I’d Say de Ray Charles en el riff de órgano de Manzarek, o el de guitarra, similar a una versión de Elmore James a cargo de Paul Butterfield. El clímax de la canción debía llegar con un “She gets high” (ella se coloca) repetido varias veces, pero la censura de Elektra hizo que se quedara en un enigmático (e incompleto) “She gets”.
(doorscollectors.com)
Muy parecido fue el caso de su siguiente single –y primer éxito— Light My Fire. Con sus siete  minutos de duración, a Elektra le pareció que eso no iba a ser un éxito ni de coña, pues las radios comerciales no iban a pincharlo, así que les pidió una edición para radio de dos minutos y medio. El grupo se resistió pero finalmente cedió. La jugada salió bien, pero una vez que has escuchado la versión original, la corta parece coja y manca, sin el increíble solo de Manzarek al órgano o el de Krieger a la guitarra.
Los Doors fueron a interpretarla al programa del todopoderoso Ed Sullivan. Allí les dijeron que –otra vez— no podían usar la frase “Girl, we couldn’t get much higher” (la frase dice algo así como “te mentiría si te dijese que no podemos colocarnos aún más” o, literalmente, “llegar más alto”, pero era obvio el significado que le daba Morrison). Poco tiempo antes, prohibieron a los Rolling Stones que cantaran “Let’s spend the night together” (lo cambiaron por “Spend some time together”). Morrison accedió en un principio a cantar “Get much better”, pero en la actuación –en directo, claro— se lo pasó por el forro y cantó el verso original, provocando que les vetaran en el programa a partir de ese momento.
Entre el resto de las canciones del disco de debut, sobresalen algunas ya convertidas en clásicos como The Crystal Ship o Soul Kitchen, pero también versiones como la de Back Door Man de Willie Dixon que grabó Howlin’ Wolf. Pero el tema ajeno más sorprendente es Alabama Song, escrita en 1930 por Kurt Weill y Bertolt Brecht, autores poco conocidos en la Norteamérica de los años 60. Morrison la hace suya, y no puede sonar más profundamente americana, con un punto cabaretero.
(puntoencuentrocomplutense.es)
Pero el auténtico tour de force del disco es el final, The End, claro. En la historia del cine gracias a su protagonismo en aquella desoladora escena de Apocalypse Now, es Morrison en su faceta más arty. Historia fuertemente edípica, el cantante pudo grabar lo de matar al padre, pero no le dejaron decir lo de follarse a la madre (si no podía hablar de colocarse, como para permitirle eso)…
Larga, intensa, casi aterradora, especialmente en el recitado de “el asesino se levantó antes del amanecer”, enigmático y muy cinematográfico. Escuché a Manzarek contar en una entrevista cómo el resto del grupo escuchó ese parlamento en un concierto: Morrison no les avisó y en medio de la parte instrumental se sacó eso de la manga.
The Doors, el álbum, cimentó la leyenda del grupo y aunque luego grabarían excelentes discos (L.A. Woman, Morrison Hotel) en su corta carrera hasta la muerte de Morrison en 1971, el debut es el más misterioso y carismático.
Si alguien quiere escuchar a los Doors en directo en esta época, recomiendo el Live at the Matrix (1967), un concierto en San Francisco antes de que lo petaran. Es muy curioso escuchar los tibios aplausos del (al parecer no muy numeroso) público. En esa actuación tocaron bastantes versiones (Money, Gloria, I’m A King Bee) y también temas de lo que sería, unos meses más tarde, su segundo trabajo, Strange Days.