Es político: no puede ser nada peor

POR Alfredo C. Villeda
Ortega y Gasset advertía sobre ese híbrido, ese transmutado en el que se convierte un político. Pero estos cambios de dirección, bandazos, volantazos, poco ayudan a los ciudadanos a la hora de elegir a los que, se supone, serán sus representantes
José Ortega y Gasset (abelmartin.com)
El cinéfilo recordará la escena de Matrix en la que Neo, el personaje interpretado por Keanu Reeves, tiene que elegir entre dos píldoras, una roja y una azul. Si tomaba una, despertaría en su cama y olvidaría el lío en el que estaba metido. Si se decidía por la otra, asumiría un papel de liderazgo. Todo se reduce, pues, a un asunto de “elección”.
Pero antes, mucho antes del extraordinario filme de los hermanos Wachowski, José Ortega y Gasset escribió: “No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad es que caer en este mundo consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente, nos fuerza a elegir”.

En México, donde abundan los candidatos presidenciales en tiempos modernos, esta vez hay un abanico de cuatro aspirantes con registro, más decenas de “ciudadanos” que se quieren ir por la libre. Todos presumen ser tan diferentes uno del otro, que la sola insinuación de alguna liga entre ellos motiva airados intentos de desmentido con la frase mágica: “Me sacaron de contexto”. Pero más allá del esquema izquierda-derecha, hay que acudir a los discursos.
El entonces candidato presidencial Vicente Fox, por ejemplo, decía ser de centro-izquierda. Sí, el mismo Fox que como Presidente iba a misa cada domingo y que besó el anillo del papa Juan Pablo II. Por una razón que deberá suponerse histórica, la derecha se avergüenza del nombre de su preferencia política y resulta casi un hecho inusitado escuchar a alguien decir: “Soy de derecha”.
Andrés Manuel López Obrador, candidato de las izquierdas (sí, hay muchas que así se denominan, quizá tantas como tribus perredistas), apenas la semana pasada hizo un llamado a su clientela para arrebatar temas a la derecha y lo acompañó de una perorata sobre la importancia de la familia como núcleo de la sociedad, de ahí pasó a la moral y terminó con aquello de que él se arrodilla donde el pueblo se arrodilla, quizá curándose en salud por su eventual comportamiento durante la misa que oficiará Benedicto XVI en León.
Ya no sorprende mucho. Después de todo, López Obrador se dice tan lector de La Biblia como su contrincante Enrique Peña Nieto, quien también asistirá a la homilía de Joseph Ratzinger, a quien él y su esposa conocen personalmente de tiempo atrás. De hecho, el tabasqueño habla más de amor que el propio jefe del Estado Vaticano, quien se dio tiempo en su viaje hacia México para hablar de la amenaza del narcotráfico, de la “responsabilidad” que tiene la Iglesia católica en el combate a esa “idolatría”, y hasta lanzó dardos contra el marxismo de Cuba, adonde irá el lunes.
Josefina Vázquez Mota, eternamente “sacada de contexto” (mexico.cnn.com)
Felipe Calderón se cansó de llamar “populista” a López Obrador por el reparto de tarjetas con dinero para despensas a ancianos, y con él una legión de sus voceros en los medios electrónicos que se unían al infundio del “peligro para México”, y una de sus primeras acciones de gobierno, ya como Presidente, fue adoptar el programa para la población de la tercera edad. Ya no era populismo, sino “responsabilidad social”.
Ya el antes citado Ortega y Gasset advertía sobre ese híbrido, ese transmutado en el que se convierte un político. Pero estos cambios de dirección, bandazos, volantazos, poco ayudan a los ciudadanos a la hora de elegir a los que, se supone, serán sus representantes. El discurso de Josefina Vázquez Mota es tan vago, sin dirección ni compromiso, que resulta difícil seguirlo. Peor. Al primer señalamiento, alega que fue sacada de contexto.
Llegado el momento de elegir, el votante quizá deba tener en cuenta, más que referencias de Matrix o de Ortega y Gasset, una paráfrasis a Mark Twain: A un político no hay que preguntarle si es de izquierda o es de derecha. Basta con saber que es político. No puede ser nada peor.