Gary Ray Bowles: cazador de homosexuales

POR José Luis Durán King
Asesinó a seis gays en tres estados de la Unión Americana. Siempre desorganizado, sanguinario, por casi un año eludió a la policía, la cual, pese a las evidencias, siempre corría pasos atrás del homicida
(serialkillersink.net)
Desde que en 1924 el estado de Florida subió por vez primera el interruptor de la silla eléctrica para ejecutar a un reo –en este caso a Frank Johnson—, en los siguientes 40 años el paraíso de los lagartos y las naranjas adoptó con singular alegría y constancia esta forma de penalización judicial. Afortunadamente para los convictos que tenían cita con el verdugo, en los 60 la pena capital fue suspendida a escala nacional en Estados Unidos, por lo que el castigo de casi 600 prisioneros se permutó a cadena perpetua; 96 casos se vieron beneficiados en Florida.

Sin embargo, las tradiciones duermen pero no mueren y en los años consecuentes varios estados hicieron esfuerzos denodados por reactivar dicho castigo, hasta que finalmente en 1976 Florida abrió nuevamente la temporada de caza, logrando la primera víctima de su segunda época en 1979. De acuerdo con el periodista de Associated Press, Ron Word, desde la reinstalación de la pena capital en Florida, 54 hombres y dos mujeres han sido ejecutados, lo que da un promedio de 2.3 de ejecuciones por año.
Pero, sin entrar en discusiones del tipo de qué fue primero el huevo o la gallina, lo extraño en el caso de Florida es que, siendo uno de los estados más activos en ejecuciones institucionales, también, por otro lado, ha visto nacer o actuar en su suelo a varios todoterrenos del asesinato serial.
En sus suburbios han caminado criminales como Ted Bundy, Danny Rolling, Andrew Cunanan y Gerard John Schaefer. Este último, quien acabó con la vida de 34 mujeres entre 1969 y 1973, tenía su versión acerca de por qué los peores asesinos construyen y destruyen su carrera en paraísos de la pena de muerte como Florida. En una ocasión le confesó a Sondra London –una mujer que después de tener como amantes a dos asesinos seriales de primera división, como lo fueron el propio Gerard John Schaefer y Danny Rolling, prefirió hacerse escritora— que si existiera un árbol de la horca, este tipo de homicida vería cómo le haría, pero seguramente lo hallaría. “Quizá es un mecanismo de autodestrucción que los asesinos seriales traen desde su nacimiento”, decía Schaefer.
Es posible que así sea… Al menos en lo que respecta a los homicidas pluralistas desorganizados, quienes prácticamente desde su primer asesinato aprietan el botón que desembocará en la pena de muerte o en la cadena perpetua.
Parejas temporales
Dibujo hecho por Gary Ray Bowles en prisión (ghoulslikeus.com)
Gary Ray Bowles nació el 25 de enero de 1962 en Clifton Forge, Virginia, aunque después se mudó con su familia… a Florida. Nunca conoció a su padre, pues este murió antes de que su hijo viera la luz. Entre los padrastros que su madre coleccionó, dos destacaron por su brutalidad. El primero, de hecho, violaba sistemáticamente a Gary. El segundo golpeaba como bestias al niño, a su madre y a sus hermanos. El odio de Gary y uno de sus hermanos hacia el padrastro fue tan grande que ambos decidieron darle su merecido. Lo tundieron y, cuando estaba en el suelo, Gary dejó caer una roca enorme sobre la cabeza del hombre. El tipo sobrevivió, por lo que el joven huyó el hogar y vivió en la calle, ganándose el pan con lo único que sabía hacer: venderse como prostituto.
Más adelante, en dos de sus seis homicidios, Bowles utilizaría el recurso de la piedra en la cabeza. Fueron seis víctimas mortales las de este criminal. Las escenas de los hechos siempre destacaron por la gran cantidad de sangre salpicada en distintos puntos de los apartamentos de sus presas-amantes homosexuales. Para asegurar que estuvieran muertos, Gary introducía prendas de vestir en las bocas de los hombres hasta asfixiarlos.
De abril a octubre de 1994, Gary Ray Bowles atacó en los estados de Florida, Georgia, Maryland. Aunque temporadas cortas, vivió con sus seis víctimas, que pagaban para ser sodomizadas. Pese a que fue violado de niño, Bowles siempre hacía las veces de hombre en sus relaciones homosexuales. Decía que sólo le gustaban las mujeres, aunque varias de sus parejas acudieron a la policía a denunciar los malos tratos y la violencia que recibían por parte del individuo.
Completamente desorganizado al momento de actuar, fue un milagro que las autoridades no lo detuvieran desde la primera vez que asesinó. Jamás borraba las evidencias de sus ataques.
Fue aprehendido, juzgado y condenado en Florida, donde el jurado le obsequió la pena de muerte, misma que Bowles ha intentado permutar, sin éxito, por la prisión de por vida. Aduce que su violencia nació de su infancia traumática. Y quizá tenga razón, pero la ley juzga por hechos, nunca por suposiciones. Y ahí están los seis homicidios de Gary Ray Bowles.