Los orígenes del futurismo

POR Bruce Sterling
Incluso el pronóstico más inteligente, más profundo, se convierte en un papel delgado cuando el tiempo pasa. Las visiones del futuro están destinadas a desaparecer con el amanecer de mañana
Ilustración de la portada del libro Le Vingtieme Siecle de Albert Robida (Leonard de Selva/ Corbis)
El futurismo moderno comenzó en los albores del siglo XX con una serie de ensayos de H.G. Wells, a los que él llamó “anticipaciones”. Wells propuso que los pensadores serios debían escribir con hechos y objetivamente sobre el gran “progreso mecánico y científico” transformando las actividades humanas. Pero si el objetivo del futurismo es arrojar luz sobre las fuerzas oscuras del cambio histórico, entonces debemos recordar que la historia es una de las humanidades, no una ciencia dura. El mañana es para un futurista lo que el relámpago es para un meteorólogo.

Sin embargo, aunque puede ser imposible conocer el futuro, eso no ha impedido que la gente lo prevea, y en ocasiones en formas con un uso real, práctico.
La primera forma es estadística: para analizar los datos duros recabados por gobiernos y empresas, y para separarlos de las tendencias subyacentes. Es una investigación demográfica, no clarividencia, que predice que una nueva tienda de café Starbucks aparecerá en un local urbano sumamente transitado por viandantes.
La segunda forma es reporteril: el futuro es a menudo un misterio oscuro para la gente porque no ha invertido el esfuerzo en descubrir lo que es probable que suceda. Unos sencillos zapatos de cuero de trabajo (entrevistas, motores de búsqueda, redes sociales), junto con las preguntas básicas de quién, qué, cuándo, dónde, cómo y por qué, pueden ser de gran utilidad aquí. (Este método es la base de lo que se conoce como “Inteligencia de fuente abierta”).
El tercer método, la analogía histórica, es radicalmente erróneo pero también peligrosamente seductor, porque la gente está profundamente ligada a la aparente estabilidad del pasado. En la práctica, sin embargo, nuestras ideas de lo que ya sucedió apenas son más sólidas que nuestras predicciones del futuro. Si el futurismo es visionario, la historia es revisionista.
El cuarto método consiste en una serie de extraños rituales conocidos como “Previsión de escenario”, que ayuda a los clientes desconcertados, que francamente no pueden reconocer ante sí mismos lo que ya saben. El trabajo consiste en promover el cambio mental a través de diversas formas de actuación y ensayo.
El quinto método y final es la más eficaz de todos. Si los individuos nunca han encontrado la modernidad, entonces usted puede hablarles de cosas reales y genuinas que están ocurriendo ahora: para ellos, eso es el futuro.
Precisión brutal
(raremaps.com)
Dicho de otra manera: el futuro ya está sobre nosotros, pero está sucediendo en nichos. Los habitantes de esos nichos pueden ser pioneros al estilo de los santos con planes concretos de aplicación tecnológica para eliminar el hambre o preservar el medio ambiente. Generalmente son gente extraña con ideas y prácticas raras, y son objeto de burla. De acuerdo con este criterio, el mayor futurista del siglo XIX no fue H.G. Wells sino el dibujante francés Albert Robida.
Robida fue un satírico, cuya intención era provocar una risa incómoda, triste. Ilustró numerosos panfletos y novelas (algunas suyas) sobre el siglo XX: los usos futuros de la electricidad, las máquinas voladoras, la emancipación de la mujer y otras perspectivas a largo plazo. Estos temas parecían hilarantes a Robida, pero ya que predijeron nuestro pasado más que el futuro de él, para nosotros, hoy, poseen una belleza extraordinaria. A través de la aceptación de las cualidades embarazosas del futuro, los agudos pasquines de Robida se volvieron brutalmente precisos. Sus publicaciones fueron para el siglo XX como un pastelazo en el rostro.
El siglo XX apenas se percató de las predicciones exitosas de Robida. Un pronóstico es sólo un fantasma, es desapasionado y no vivido, sin el apoyo de latidos alegres del corazón y del sufrimiento. Incluso el pronóstico más inteligente, más profundo, se convierte en un papel delgado cuando el tiempo pasa. Las visiones del futuro están destinadas a desaparecer con el amanecer de mañana.
Tomado de: Smithsonian Magazine. Abril, 2012.